Guasquería: una práctica de nuestra cultura rural

 

Rocío García Mallo, artesana y Licenciada en Ciencias Antropológicas, realizó como tesis final de la Facultad de Humanidades, un trabajo sobre la guasqueria. Consultada por Sala de Redacción, reivindicó esta actividad como parte de la cultura y el patrimonio de nuestro país. El trabajo fue subvencionado por los fondos concursables del Ministerio de Educación y Cultura, y tuvo la colaboración del fotógrafo Germán Garibaldi. Las fotografías fueron expuestas en diversos talleres de aproximación a la guasqeria, en el Museo de Arte Precolombino e Indígena.

García Mallo apuintò como motivos que impulsaron su trabajo, la convicción  generalizada de la extinción del guasquero, la marginación de esta artesanía de corte rural, y la necesidad de recatar a la guasquerìa como productora de cultura. 

La investigación tiene como título “De la yerra a la vitrina: Transformaciones Contemporáneas de la guasquería”.  Optó por esa definición porque implica un proceso en el que los objetos tienden a tener un nuevo significado. También el título habla de un proceso de cambio que tiene que ver con la globalización, revindicando lo local y lo tradicional.

Por otra parte señaló que para ser guasquero se necesita una preparación previa, en el sentido de tener una cultura ganadera; se debe conocer el medio ambiente en el que se encuentra y saber manejar el cuero crudo. Además tiene que conocer muy bien al caballo y cada pieza que necesita el animal, dijo García Mallo. Tan es así que a través de esta práctica se pueden elaborar lazos, riendas, rebenques, boleadores, maneas, todo aquello vinculado con el el caballo y la tarea rural..

El desconocimiento actual sobre la guasquería obedece a varios factores:  “Incide lo cultural, la migración del campo a la ciudad y factores económicos; todos ellos hicieron que el guasquero tuviera menos presencia”. Otro factor es que en el campo se introdujeron vehículos que sustituyen al caballo, por lo que se redujo la demanda de guasqueros. Sin embargo, manifestó que a partir de la globalización hay una reivindicación de la cultura rural, se trata de difundir lo local como una lucha por la identidad nacional. Entonces es a partir de ese cambio a nivel global y cultural que empiezan a tomar más valor las cosas propias y de los cambios de significado que tienen los objetos, entre ellos los productos de la guasqueria. Asimismo en el siglo XXI está teniendo un nuevo espacio esta práctica, donde se empezó a ver interesante el aprendizaje de esta actividad, tanto en Montevideo como en el Interior del país.

En cuanto a las características que definen a un guasquero, García Mallo anota: “son trabajadores independientes que conocen su tarea, son bastante apasionados y se necesita absoluta paciencia, ya que es una habilidad que implica gran destreza y capacidad muy grandes” expresó la artesana. También deben tener flexibilidad y la capacidad de adaptación, como así también mucha delicadeza.

Una de las conclusiones que arrojó el estudio es que estamos en un proceso de transformación en que inciden las políticas culturales y el espacio que le puedan dar a esta actividad. Los guasqueros se formaban sin escuela, solamente a través de la experiencia y la observación principalmente. Sin embargo, “toda aquella persona que quiera aprender sobre esta práctica, puede hacerlo a través de una forma de conocimiento, ligada a las nuevas formas de transmisión. Es decir, que el principal cambio está en la forma de transmisión de conocimiento”, concluyó la licenciada.

 

 

  Agustín Simó