Desde las 15:30 hasta las 17:30 de la tarde del viernes, el tiempo se detuvo en Montevideo. La ciudad se vistió de celeste, las calles quedaron desiertas y las miradas de los uruguayos se mantuvieron fijas en Sudáfrica. Sin embargo a la tarde le faltó la garra charrúa, el grito unísono de gol, los bocinazos y festejos. Los orientales sufrieron su debut en el Mundial con cada latido, con miradas fijas y preocupadas en las pantallas, con los nervios a flor de piel, conteniendo el aliento en cada jugada. Cuando todo termino, un “qué alivio” se percibió en el aire, una cierta decepción y una esperanza latente: “matemáticamente tenemos chance”.
texto y fotos: Serrana Pin








