Piensa que la estructura de la Universidad, que es “de la época de Napoleón”, debe aggiornarse para abandonar la división “federal” de facultades y reorganizarse en macroáreas. Habla de la competencia con el sector privado y de cómo atraer a los jóvenes a estudiar agronomía en tiempos en que las carreras vinculadas al sector de servicios son las que se llevan a la mayor parte de los estudiantes terciarios. Fernando García Préchac, decano de la Facultad de Agronomía, también opina sobre el nuevo presupuesto para la educación, a su entender insuficiente, y otros reclamos de la universidad.
¿Qué opina del proceso de reforma universitaria?
Es una reforma muy pesada que necesariamente tiene que redistribuir el poder y reorganizar la Universidad. El problema, entre tantos, es interno. Para mí, una reforma en serio haría desaparecer las facultades y crear un campus, con todo a dos cuadras de distancia, como en las universidades modernas anglosajonas. Eso en ciencia y tecnología es clave: hay que compartir las recursos que cada facultad tiene por separado. Los grandes equipos de investigación son tremendamente costosos y sirven a una gran cantidad de gente: no todos pueden aspirar a tener, por ejemplo, un tablero magnético de alta resolución.
¿Cómo llevar esa Universidad al interior?
Las universidades europeas se reorganizaron subdividiéndose, por ejemplo, en París I, París II, París III. Eso coincide con lo que nosotros llamamos macroáreas: las ciencias sociales, ciencia y tecnología, humanidad y salud. Entonces aparece el problema del interior del país: participar en la dirección central de la universidad es difícil para esos centros. Hay que hacer que en todos los órganos de mando de las macroáreas haya obligatoriamente una cuota de representantes del interior, es decir, que el interior anide a las macroáreas y que las macroáreas se aniden en él. Con el tiempo, esas naves adquieren una autonomía mayor y agarran vuelo, tanto que hoy se está hablando de que tengan la autonomía de una facultad, que no es poca.
El problema es definir si el país va a ir o no a más de una universidad pública. Soy de los que siempre pensó que sí, porque en el mundo es así: una organización centralizada de este tamaño se escapa de las manos, su administración, su homogeneidad.
¿Qué dificultades encuentra para que la facultad incursione en nuevas áreas?
El ingreso a nuestra facultad está cerca de los quinientos estudiantes por año. Como no se puede duplicar el plantel docente para atender esa demanda en un período, hay que poner recursos adicionales que no se pueden dedicar a desarrollar áreas estratégicas en las que consideramos que hay agujeros. Entonces, al lanzarse a áreas nuevas, se vuelve crucial la inter-institucionalidad. Hay que partir de la base de que en el quehacer agropecuario la facultad de agronomía y la de veterinaria no alcanzan.
¿Cómo mantiene a los profesionales egresados vinculados a la facultad?
Hay sólo dos maneras: darle mejores condiciones de trabajo con oportunidades de desarrollo individual y ofrecerles un salario digno. Pero siempre las posibilidades de pago en el sector privado son superiores, así que es un tema de vocación y van quedando quienes tengan mayor afinidad por este tipo de trabajos. Es importante aprovechar el ida y vuelta, tener buenas relaciones con la actividad privada para que participe en la formación de estudiantes en aquellas instancias en que se necesite su conocimiento y experiencia.
Los estudiantes optan cada vez más por carreras terciarias vinculadas al sector de servicios y no a las carreras dirigidas a los sectores productivos. ¿Cómo se logra atraer estudiantes a Facultad de Agronomía?
Nosotros no llamamos a nadie. Nosotros no vendemos. No somos una institución con fines de lucro: acá viene el que quiere. Ése (el bajo ingreso a carreras del sector productivo) es un problema del país y no de la Facultad de Agronomía.
Hace dos años, en la comisión del senado que estrenó la rendición de cuentas se analizó la posibilidad de limitar el ingreso a algunas carreras superpobladas. En ese momento comenté que, en cuanto al ingreso a 5º año de secundaria entre las opciones humanístico, biológico y científico, el 55% de los estudiantes prefirió humanístico y sólo el 20% eligió científico. Pensando en un país productivo, cuando esos jóvenes vayan a la universidad nosotros no le podemos decir que eligió mal ‘vuelva para atrás’.
Este es un problema del país, no de la Universidad de la República. Todo el sistema de educación debe reverse, y no se puede esperar que si hay carencias abajo se puedan suturar a partir de la universidad.
En la enseñanza secundaria del interior del país, ¿están dadas las condiciones de capacitación para que los estudiantes puedan optar por Facultad de Agronomía?
Tienen las mismas limitantes que las que tienen con otras carreras. El problema en el interior es ver dónde están los docentes capacitados para dar matemáticas, física y química a un nivel compatible con una buena formación secundaria. Esos son los cimientos de una formación que apunte en una dirección diferente a la de un futuro abogado o un escribano.
¿Cuál es su opinión sobre el reclamo del 6% del presupuesto para la enseñanza?
La Universidad pidió un incremento igual al que tuvo en el período anterior: el 70%. Eso significa que la Universidad sola llegaría al 1% de PBI estimado para el 2014. Lo que se resolvió en el presupuesto es congelarnos en una participación del 0, 73%, y eso va a significar un parate sobre todo por la necesidad de nuevos lugares -más que nada en el interior- y por mantener un incremento salarial a la altura de las circunstancias de un salario universitario competitivo.
En diputados se votó algo que puede ser un gatillo al revés: se asegura que a la educación se le dará el 4,5%, no importa cuál sea la magnitud del PBI. Si el PBI crece más de lo previsto, como varios ya lo están diagnosticando, va a significar un aumento presupuestal, pero si decreciera significaría un recorte.
El 6% es una bandera. Hoy Alemania está dedicando el 10% de su PBI a la educación e investigación y tecnología. Estados Unidos, en medio de la crisis, dedicó el 35% de su presupuesto a la educación. Uruguay está muy lejos.
¿Cómo evalúa las reivindicaciones particulares de los distintos sectores?
Hay cosas que rompen los ojos, como el malestar de los funcionarios sobre todo los no docentes, porque son los únicos funcionarios públicos que no fueron convocados a una negociación salarial. Recién ahora fueron llamados los gremios de docentes y funcionarios no docentes de la Universidad a una negociación con el ministerio de trabajo y autoridades de la educación terciaria, cuando ya está aprobado el presupuesto en diputados.
Además, el aumento de todos los salarios de la Universidad en el período es de 8,8%, mientras que para la ANEP es casi del 20%. No nos tendríamos que olvidar de que la Universidad está en la cúspide del sistema educativo, y estamos tratando de mantener a la gente más calificada.
Jorge Balmelli / Mariano Gubitosi