Isabel Allende visitó Montevideo en el marco de la gira promocional de su libro El cuaderno de Maya, su más reciente publicación. Habló sobre política, economía, su vida personal y el éxito.
Chilena de sangre, peruana de nacimiento y ciudadana americana desde 2003, Isabel Allende ha pasado los últimos 25 años de su vida en San Francisco, California, donde vive con su actual marido, William Gordon, y donde su hijo Nicolás, sus nietos y el “fantasma” de su hija Paula, como ella misma dice, la acompañan.
Cada 8 de enero se encierra en su estudio, prende una vela y comienza a escribir. Es un ritual que cumple hace ya mucho tiempo, porque cuando comenzó a escribir La casa de los espíritus, su más famosa novela, era 8 de enero. Supersticiosa, “como buena chilena que soy”, no deja pasar un enero sin comenzar algo nuevo, por miedo a no poder volver a escribir más.
Después de haber pasado mucho tiempo escribiendo novelas históricas, como Inés del alma mía, Retrato en sepia o La isla bajo el mar, decidió dar un giro y escribir para sus nietos, sucumbiendo a un pedido que ellos le hicieron.
El cuaderno de Maya narra la historia de una joven estadounidense que huye de su país al Chile natal de su abuela, quien le entrega un cuaderno para que escriba su vida, tras ser perseguida por Interpol, el FBI y una mafia criminal de Las Vegas.
A Allende, sus 25 años fuera de Chile no le han hecho olvidar a su país, que describe con una pericia y una sensibilidad única, propia de quien conoce y siente a una patria tan lejana de la que hoy es su hogar.
Durante la conferencia, en el Hotel Sheraton de Punta Carretas, la escritora fue interrogada sobre temas varios de actualidad. Habló sobre la crisis que atraviesa Estados Unidos: opinó que la situación se hace sentir, que el desempleo se ve y que los ciudadanos están preocupados. “Los norteamericanos siempre creyeron que sus hijos vivirían mejor que ellos y ahora probablemente ocurra lo contrario”, analizó.
Sobre la huelga que llevan adelante los estudiantes chilenos no se declaró a favor ni en contra, pero señaló que la situación refleja problemas mayores y que el desencadenante de situaciones actuales encuentran su origen en la dictadura militar que padeció Chile en la década de los setenta. Subrayó que si bien Chile ha avanzado, desempolvando y superando las consecuencias de la dictadura, ha sido muy difícil para el país lograr una recuperación, y que para lograr un cambio real se necesita modificar la Constitución.
Durante esta gira por América Latina estaba prevista una extensa visita a Chile para brindar un ciclo de conferencias en distintos centros educativos públicos, pero decidió cancelarla, y no realizarla en instituciones privadas, ya que eso hubiese sido una “bofetada” para los estudiantes chilenos.
En cuanto a las nuevas tecnologías, y la creciente preocupación de que “los jóvenes no leen”, Allende señaló que es gran partidaria de los soportes digitales para la lectura. Ella misma los usa, cree que hacia allí nos dirigimos y que de eso se trata el futuro. Las nuevas generaciones dominan todo a través de las pantallas digitales y si esto evita la tala de árboles, bienvenido sea, afirmó.
“No he cambiado nada, el éxito no me subió los humos a la cabeza”, dijo Isabel Allende en el programa de canal 12 Esta Boca es Mía, en respuesta a la pregunta que le formulara una panelista. Allende cree que el éxito sucede en un circuito externo: ella es exitosa fuera de su casa, cuando se lo reconocen, cuando la invitan a la televisión, cuando la entrevistan. Agradece a su familia, su tribu, como la llama, por ser el cable a tierra, quienes la contienen y la mantienen.
Si bien la conferencia en el Sheraton estuvo cargada de muchas anécdotas personales y sólo algunas referencias a su nuevo libro, la personalidad de la escritora atrapó a todos los presentes; sus anécdotas personales y su humor por ratos irónico, generaron risas y momentos muy cálidos. Isabel Allende es el realismo mágico encarnado en una persona que se muestra por momentos inalcanzable, pero a la vez es sencilla, humana, cálida y vulnerable.
Bruno Giordano