Trucos para engordar

Antibióticos en las raciones animales

El Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca (MGAP) prohibió la importación, fabricación, comercialización y uso de alimentos para animales que contengan antibióticos como promotores de crecimiento. Así lo  dispuso el decreto 98/011 que entró en vigencia a principios de junio.

El primer motivo que justifica la prohibición es que “el suministro de alimentos que contengan en su formulación antibióticos aumenta el riesgo de resistencia antimicrobiana en los animales y puede constituir un factor de riesgo para la Salud Pública”.

Pero la prohibición curiosamente recae sólo sobre las especies bovina y ovina; las dos principales de la industria ganadera en Uruguay.

Sin embargo, los antibióticos han sido aplicados con fines no terapéuticos en la cría de aves y cerdos, también producidos en nuestro país, pero la prohibición no alcanza a estas especies pese ser igualmente susceptibles de favorecer la aparición de bacterias resistentes si son sobremedicadas. ¿Por qué la normativa es aplicable sólo para ovinos y bovinos?

El decreto enuncia un segundo motivo para la prohibición: “Los mercados compradores de productos de origen animal, exigen la garantía de inocuidad de dichos productos, mediante el control del suministro de medicamentos veterinarios a través de la alimentación de los animales”. Ovinos y bovinos son las especies ganaderas que Uruguay exporta a países de la Unión Europea y otros como Rusia, Estados Unidos y Chile.

El mercado europeo exige cumplir con exigencias de inocuidad de los alimentos, que se hallan en el Codex Alimentarius de la Organización Mundial de la Salud y en el de la Food and Drug Administration. La Unión Europea realiza exámenes estrictos para la detección de residuos, y tiene exigencias de trazabilidad.

En Uruguay las industrias avícolas y porcícolas juegan un papel reducido y no exportan a la Unión Europea. La carne de ave se vende a Venezuela y a países africanos, y no se exporta carne de cerdo sino solamente embutidos y chacinados. Estos compradores son menos exigentes, tienen menor acceso a instrumentos para realizar mediciones de residuos y disponen de menos recursos para enviarlos a analizar a otros países.

La adopción del decreto 98/011 surge de las negociaciones que Uruguay realizó con Suiza para exportarle carne vacuna y ovina. La adaptación de nuestra normativa permite que su precio aumente 30% al ser quitada del envoltorio una etiqueta que ponía que era carne producida con sustancias prohibidas.

De modo que si sólo se controlan los productos ganaderos que serán exportados a mercados que exigen la inocuidad de los alimentos y que pagan más por ella, ¿qué podemos esperar de la inocuidad de los demás alimentos de origen cárnico que consumimos?

Antibióticos como promotores de crecimiento

En 1946, el profesor Moore en Wisconsin, Estados Unidos, descubrió que la estreptomicina aumentaba la tasa de crecimiento en los polluelos. En los años 50 distintas investigaciones confirmaron que el uso de pequeñas dosis de antibióticos favorece el crecimiento de los animales. Este descubrimiento hizo que durante décadas los antibióticos se usaran con un fin diferente al tratamiento de enfermedades.

Hebert Trenchi, veterinario y profesor de Patología y Cría aviar de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de la República, explicó a Sala de Redacción que “el empleo de antibióticos como promotores de crecimiento permite obtener con menos kilos de alimento más kilos de carne” porque “los antibióticos disminuyen la cantidad de nutrientes que se eliminan con las heces, permitiendo un mayor aprovechamiento de los alimentos que los animales consumen”. Esto hace la cría más rentable y reduce los gastos del productor.

Trenchi señaló que respecto al uso de los antibióticos como promotores de crecimiento hay dos escuelas: la americana y la europea. “Los mismos antibióticos que en Estados Unidos han estado permitidos con fines no terapéuticos, están prohibidos por la legislación europea”.

La doctrina estadounidense -que se manifestaba a favor del uso como promotor de crecimiento- ha sido  cuestionada por asociaciones médicas como la Infectious Diseases Society of America, que pide control sobre el uso de antibióticos en la cría animal. Este año en Estados Unidos se pudo saber, usando muestras tomadas en cinco ciudades, que la cuarta parte de la carne de vacuno, pollo, cerdo y pavo contiene bacterias resistentes.

Trenchi dijo que la posición europea surgió en la década de los 80 al hallarse enterococos resistentes. Explicó que la tendencia europea “se basaba en un temor general sobre la posibilidad de que un incremento en la resistencia de las bacterias resulte en la ineficacia a la hora de combatir infecciones que ponen en riesgo la vida humana”.

El libre comercio de los antibióticos

El decreto 98/011 hace una excepción para los aditivos antibióticos en las raciones de alimento en caso de que sean usados con fines terapéuticos. Pero en las veterinarias no es necesaria la receta para comprar antibióticos.

Hebert Trenchi explicó que “la gente piensa que se da antibiótico preventivo. Y el antibiótico no es preventivo. Preventivas son las vacunas, que trabajan por otro mecanismo inmunitario”.

No es extraño que la gente se confunda. En las indicaciones de algunos antibióticos para uso animal aparecen especificadas las dosis para uso terapéutico así como también para uso preventivo (inexistente).

Además, la posibilidad de comprar el antibiótico sin receta habilita una gama más amplia de potenciales usos. Sin control veterinario, nada impide que se compren con un propósito y se utilicen para otro. O que se compren para una especie y se utilicen en otra.

Estos vacíos hacen suponer que la legislación sobre residuos tóxicos en alimentos de origen animal es flexible e insuficiente. Por otra parte, despiertan sospechas acerca de la inocuidad de los productos de origen avícola y porcícola que se consumen en Uruguay. Cabe cuestionar cómo se evita la resistencia antimicrobiana en aves y cerdos porque, al parecer, se legisla contemplando aspectos más económicos que sanitarios.

Sabina Goldaracena