Debate nacional sobre drogas

Visiones académicas

Desde la farmacología hasta la cocina, desde la sociología hasta la jurisprudencia, un debate sobre drogas que abarcó enfoques de las más diversas disciplinas resultó esclarecedor y desarticulador de preconceptos. La actividad fue organizada por tres organizaciones sociales: Prolegal, El Abrojo y el Instituto de Estudios Legales y Sociales del Uruguay (Ielsur); contó  con el apoyo de Open Society Foundations, la Universidad de la República (Udelar), la Intendencia de Montevideo, la Junta Nacional de Drogas y la fundación Friedrich Ebert Stiftung y con el auspicio de los ministerios de Salud Pública y de Desarrollo Social.

Fueron tres días -del 29 al 31 de agosto- en los que concurrieron 550 personas. La mañana del 30 fue el turno de la academia, donde intervinieron representantes de distintos servicios de la Udelar: Ciencias Sociales, Humanidades, Ciencias de la Comunicación, Química y Medicina, con varias investigaciones financiadas por la Comisión Sectorial de Investigación Científica (CSIC).

Penas excesivas

La socióloga Georgina Garibotto presentó un estudio comparado llamado “Sistemas sobrecargados. Ley de drogas y cárceles en América Latina”. Contó que sólo 11% de las personas recluidas en Uruguay lo están por delitos relacionados con drogas, y que la cifra es baja si se la compara con los márgenes de 60% a 80% predominante en los países vecinos.

Sin embargo, Garibotto objetó que en Uruguay se detiene y procesa a personas por poseer dosis comparativamente muy pequeñas: en 43% de los procedimientos se incautan menos de diez gramos de marihuana y gran parte de esa población va a prisión. Dado que en Uruguay no está penado el consumo, esto no debería suceder. Garibotto afirmó que en estos casos “está pesando mucho más el tema cultural y los prejuicios que el tema legal explícitamente”.

Para su estudio realizó entrevistas a personas encarceladas por haber portado menos de diez gramos de marihuana y compartió testimonios que aterrarían a cualquier consumidor que difícilmente imagine que a él mismo pueda sucederle algo así.

Invitó a pensar en la relación entre los gastos y los beneficios que al Estado le genera encarcelar por este tipo de delitos leves y criticó el uso de la prisión preventiva en tanto se dicta la sentencia.

El peso de los siglos

Quince minutos le bastaron al sociólogo Rafael Bayce para desnaturalizar no sólo las creencias que tenemos sobre las drogas, sino el sistema entero de creencias predominantes en occidente; presentó su trabajo titulado “Trasfondos del imaginario sobre drogas”.  Explicó que “nosotros etiquetamos las cosas, las clasificamos, a cada conducta le damos un contenido, la juzgamos, decidimos sobre ella moralmente si es buena o mala; decidimos cognitivamente para que sirve, cuál es su funcionalidad y tenemos además una reacción emocional”. Esto lo hacemos también con las drogas. “Etiquetamos a las personas que consumen drogas, a las personas que defienden el tema, a las personas que atacan el tema, a las personas que las persiguen, a las personas que las financian, etcétera”.

Bayce aclaró que las etiquetas hoy triunfantes han sido construidas culturalmente y que, en occidente, son el resultado de 25 siglos de luchas de poder religioso y político en el campo simbólico. Afirmó que  el modelo hegemónico en la sociedad determina en buena medida la opinión pública, la evaluación y la emoción sobre el tema drogas. Pero remarcó que existen otras opiniones minoritarias y que también deben ser respetadas. Invitó a tolerar las diferencias, a no “demonizar al otro” y subrayó que la guerra de las drogas es absurda.

El docente habló de las vías de salvación que ha elegido occidente y las relativizó. Dijo que el mundo judeo-cristiano posterga el placer inmediato y en una polarización de opiniones, estigmatiza, persigue y prohíbe esa conducta.

“Tenemos una trayectoria de veintipico de siglos por la cual nosotros consideramos que  espiritual es una persona que reza en la parte oscura de una iglesia con un rosario en las manos, despacito, sin hacer ruido, y que, en cambio, un indio huichol que sale en peregrinación en un comando de 30 personas a buscar a muchos kilómetros de distancia hongos para volver a la tribu y compartirlos con una comunidad identitaria es para nosotros un bárbaro que todavía no entendió las maravillas de la civilización moderna”.

Lenguajes

Los antropólogos Nicolás Guigou y Valentín Magnone presentaron “Textualidades Cannábicas”, un trabajo que indaga en distintas representaciones textuales sobre los usos, efectos e historia de la marihuana y su estigmatización. Entre otros textos analizan guías para el cultivo, revistas temáticas, libros de cocina, de coctelería y de confección de ropa con marihuana entre otros. También recogen ciertas exageraciones que han aparecido en publicaciones de organismos internacionales acerca de los efectos del consumo de marihuana y que sin embargo han servido para su prohibición.

Gabriel Eira, psicólogo, enfocó la problemática del consumo de la pasta base desde los relatos de los consumidores, de los profesionales que les atienden y de quienes recién se inician en el estudio de la psicología. Su objeto no fue tanto la droga en sí sino lo que se piensa y se dice acerca de ella, la manera en la cual se da sentido al consumo de pasta base. El escrito que presentó se llama “Narrativas y prácticas relacionadas con el consumo de drogas”.

Eira halló tres espacios o “tropos” que recurren a elementos retóricos. El primero es la medicalización de las prácticas, que captura el significado de la práctica en el binomio salud-enfermedad. El segundo tropo es la naturalización de la estratificación social “por la cual se recurre a una asociación natural más de tipo causal que asociativa entre estas prácticas y los segmentos sociales a los que estas prácticas se adjudican, como si determinado segmento social por relación causal va a realizar esas prácticas”. El tercer tropo es la moralización de las realidades. “La multivarialidad que explica cualquier situación colectiva, es capturada en forma metonímica desde una valoración moral que busca trascender la condiciones en cuales las prácticas se realizan”, afirmó.

Composiciones y daños

Desde la química hicieron sus aportes Carlos García y Eleuterio Umpiérrez. El primero hizo una “Investigación farmacognóstica”, rama de la farmacéutica que estudia los sustancias naturales de origen vegetal que son de utilidad en la producción de medicamentos, indicó García. El docente también definió y describió qué es una droga, cuáles son los principios activos presentes en la marihuana, cuáles son las especies de cannabis que existen, las partes que componen la planta y los usos que se le han dado históricamente (terapéuticos, religiosos, recreacional e industrial).

Contó que hasta el siglo XX el cannabis era empleado con fines médicos pero fue volviéndose ilícito. Aún así, afirmó que “el cannabis sigue siendo hoy la sustancia ilícita más consumida y producida en el mundo” y que “según el reporte anual de drogas 2011, en 2009 aproximadamente entre un 3 y un 4% de la población mundial ha consumido alguna vez cannabis”, es decir, unos 200 millones de personas.

Mencionó que actualmente existe un medicamento llamado Sativex, hecho con extracto de cannabis, que se utiliza para aliviar los síntomas de la esclerosis múltiple.

Eleuterio Umpiérrez analizó los compuestos de la pasta base y describió las formas en que esta droga se presenta, los nombres que tiene en distintos países y los productos que se utilizan para la destilación. Contó que los resultados de su investigación contradijeron lo que afirmaba Naciones Unidas, puesto que llegó a la conclusión de que la pasta base es, en realidad, clorhidrato y no sulfato de cocaína, y que posteriormente Naciones Unidas incorporó el concepto.

Insistió en que es necesario que Uruguay atienda al problema de la pasta base y que puesto que el consumo de esta sustancia es un fenómeno regional, no debe esperarse que las respuestas surjan de los países del hemisferio norte.

Umpiérrez habló también sobre el cannabis y mencionó que el problema fundamental es que es fumado. “El hecho de fumar implica hacer una combustión incompleta en la cual uno inhala esos vapores que entran a los pulmones”. Explicó que en 2006 la Asociación de Consumidores de París hizo un estudio comparando los valores que contenían el humo de cigarrillo y de marihuana, a partir del cual se detectó que esta última desprende tres veces más alquitrán y cinco veces más monóxido de carbono que el tabaco (con filtro) y que la nocividad de tres cigarrillos de marihuana equivale a la de una caja de cigarrillos.

Umpiérrez citó al químico Alexander Shulgin, que dice que “la legalización de ciertas drogas debería ser acompañada de educación” y agregó que “no se puede liberar sin tener la información y sin haber educado para un correcto uso o abuso”.

Alba Negrín, médica toxicóloga habló desde su experiencia clínica. Sobredosis, abstinencia o efectos no deseados son, según Negrín, los principales efectos negativos derivados del uso de drogas por los cuales los pacientes consultan en el hospital.

Expuso que las drogas por sí mismas pueden producir daño “por sus efectos psicoactivos y por tránsito en el organismo que afecta a otros tejidos, no solamente al sistema nervioso” y recordó que existe un problema adicional al de las sustancias ilícitas, que es el de los adulterantes.

Dijo que “fumar produce irritación de vías respiratorias. Según el tipo de humo hay alteraciones a nivel neurobiológico por las sustancias químicas. Fumar puede producir lesiones otorrinolaringológicas, cambios a nivel celular, y potencialmente puede producir displasias y cáncer”.

Otro aspecto a tener en cuenta para Negrín es que el propio organismo muchas veces termina produciendo metabolitos más tóxicos de los que las sustancias tienen por separado, por ejemplo el cocaetileno, que es un producto que se forma cuando se consumen conjuntamente alcohol y cocaína.

Sabina Goldaracena