Paseo para niños en el Observatorio Astronómico los Molinos

Jugando con la ciencia



Plazoletas. Foto: Damián Genes

Una decena de juegos está desplegada en el Observatorio Astronómico Los Molinos (OALM), ubicado en el extremo norte de Montevideo, casi en el límite con Canelones. La propuesta lúdica pretende enseñar a los niños sobre conceptos que pueden sonar áridos, pero que se hacen divertidos mediante el juego: una base de lanzamiento de cohetes de agua, una rayuela de Kepler y una calesita de los días y las noches son algunos de los entretenimientos disponibles.

El 6 de setiembre el OALM inauguró en su predio las Plazoletas de las Ciencias. Como los grandes descubrimientos científicos, todo partió de una idea: crear un espacio con juegos sobre astronomía para complementar los recorridos del observatorio, que durante el día pierden vida mientras los instrumentos de observación están apagados. Algunos juegos fueron creados por los científicos del observatorio, y otros están inspirados en parques de ciencia de otros países. Los científicos de OALM presentaron el proyecto, y entre el Ministerio de Educación y Cultura y la Agencia Nacional de Investigación e Innovación se financió la propuesta.

En el espacio de las Plazoletas de las Ciencias se acondicionaron seis plataformas dispuestas en forma radial alrededor de una central y vinculadas unas a otras por medio de senderos. Así, el predio está dividido en seis plazas: la de los Relojes, la del Cielo, la del Sol, la de la Tierra, la de la Energía Solar y la de las Matemáticas. En cada una de ellas hay juegos ubicados en plataformas circulares mientras se muestra, en forma gráfica y a escala, la conformación del sistema solar.

Lo mejor es comenzar el recorrido por la plaza central, la del Sol, en la que se encuentra el astro rey a escala y a partir del cual se dispusieron los ocho planetas de acuerdo a su posición actual. En la de los Relojes se construyó un reloj solar horizontal que da la hora a partir de la sombra sobre un tablero; también está el reloj solar analemático que permite estimar la hora usando nuestra propia sombra y un nocturlabio, que define la hora a partir de la alineación con la constelación de la Cruz del Sur.

En la Plaza del Cielo hay una estructura de metal, llamada Glorieta de Observación, donde los niños aprenden sobre el movimiento de algunas estrellas en la esfera celeste. Llama la atención el globo terráqueo gigante que hay en la Plaza de la Tierra que además tiene una calesita que permite experimentar la secuencia de los días. También se puede aprender sobre las principales estrellas que conforman las constelaciones de la Cruz del Sur, Orión, Leo y Escorpión.

Calentador solar. Foto: Damián Genes

Fuera de las plazas se encuentra la base de lanzamiento de cohetes, sin dudas el juego más popular, en el que los niños propulsan botellas de plástico con agua a presión desde una pequeña plataforma de madera.

Base de lanzamiento. Foto: Damián Genes

 

 

 

 

Un poco más alejado está pintada la rayuela de Kepler en la que se juega tirando un dado gigante. En ella se representan las órbitas de los planetas interiores con círculos rojos y azules, y sobre cada uno de ellos están las posiciones que toman los planetas por mes.

El Observatorio recibe habitualmente visitas programadas de escolares, liceales y de particulares, a quienes se les da charlas de astronomía. Si la visita es nocturna se puede escudriñar el cielo con alguno de los distintos telescopios existentes. En un futuro, el OLAM prevé instalar más juegos didácticos para que los niños sigan aprendiendo a la vez que divirtiéndose. Si bien el Observatorio queda lejos, el paseo es altamente recomendable y por cualquier duda de cómo llegar, basta con visitar la web de OALM donde están explicados cada uno de los distintos recorridos de omnibus.

Damián Genes