Movilización pro vivienda

La Noche sin Techo

El próximo 17 de octubre se conmemora el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza. Por este motivo la Organización “Un Techo para mi País” realizó una acción de movilización y reivindicación con el fin de promover una sociedad más equitativa.

Por la campaña “La Noche sin Techo -¡Por una ciudadanía despierta, hoy no nos dormimos!”, participantes de la organización y voluntarios de la misma se reunieron el viernes 14 a las 21 horas en la Plaza del Entrevero.

Según informó la institución, su objetivo era “transmitir a las sociedades latinoamericanas que debemos comprometernos mucho más con el destino de nuestros países. En una noche de reflexión, denuncia y propuestas, esperamos un amanecer en la conciencia y compromisos colectivos de una sociedad que sea capaz de asumir su responsabilidad ciudadana con los más excluidos.”

 

Por un hábitat digno

Un techo para mi País es una organización latinoamericana sin fines de lucro iniciada en Chile en 1997. Al momento está presente en 14 países de América Latina y en Uruguay.

Sala de Redacción conversó con Cynthia Pérez, Directora Social de la institución quien explicó: “Un techo es una organización de desarrollo comunitario que trabaja por promover el acceso a un hábitat digno de las familias que habitan en asentamientos. Esto no significa que la vivienda de emergencia que construimos sea digna, sino que se trabaja en pro de que las familias que no tienen posibilidad de acceder a un lugar edilicio, puedan tenerlo.”

Pérez señaló que allí trabajan 16 personas contratadas y a ellas se suma un staff fijo de aproximadamente 400 voluntarios.

El modelo de intervención social que despliega la organización comprende tres etapas dirigidas a los puntos más carenciados, los asentamientos.

La primera etapa es la de promover una vivienda de emergencia habitacional transitoria. La misma mide 18 metros cuadrados, es una pieza de madera prefabricada con techo de chapa a 2 aguas. A la familia se le cobra el 10% de la vivienda que equivale a 3.000 pesos, que se pueden financiar según las posibilidades de los ocupantes.

Luego de que se concluye la primera etapa sigue la implementación de la fase de habilitación social, que contempla planes de desarrollo comunitario educación y trabajo. En este espacio los voluntarios trabajan junto a las familias con la intención de integrarlos a la sociedad y buscar el desarrollo de sus habilidades y competencias.

Las dos instancias anteriores son las fases necesarias para promover la vivienda definitiva.

Esta organización se considera el nexo entre las familias que necesitan un lugar donde vivir y las posibilidades existentes de acceder a la vivienda definitiva mediante programas, tanto del gobierno como de otras organizaciones.

Pérez agregó que “lo que se pretende con esto es lograr que la comunidad pueda afrontar un pasaje a una vida formal”.

En Uruguay hasta ahora se llevan construidas 2.435 viviendas en más de 85 asentamientos.

Leticia Silva