“Es por acá y ya empieza”, dijo la voz agitada de un hombre que promediaba los cuarenta años, corriendo en dirección al salón Dorado de la Intendencia de Montevideo. En la puerta de entrada esperaba una mesa con varios ejemplares de un libro a la venta. Dentro del salón de eventos, una mesa redonda integrada por Gerardo Caetano, Ana Ribeiro, Lincoln Maiztegui y Carlos Demassi intercambiaba opiniones sobre el tema del año: el Bicentenario uruguayo. Eran casi las nueve de la noche.
Minutos después, los discursos acerca de sucesos patrióticos darían paso a la poesía más descarnada y apátrida, hija de fines de la década del 80, sangrante y desprovista de todo chauvinismo. En el marco de la 34º Feria Internacional del Libro, Estuario Editora presentó el pasado 7 de octubre, Papeles de Juan Morgan, narrativa y otras prosas, una recopilación de narraciones del poeta uruguayo Julio Inverso (1963-1999).
Ya con otro público presente, algunos con un volumen del libro adquirido segundos antes en el stand del pasillo, el salón Dorado se vistió de “realismo neogótico”. Al frente del salón esperaba una mesa con tres sillas: una correspondiente al escritor Luis Bravo, prologuista del libro y artífice fundamental del proyecto de compilación de los escritos de Inverso; a su derecha, Martín Fernández, representante de Estuario Editora. La última silla estaba reservada para Marcelo Marchese, el mismo hombre que corría ansioso por los pasillos momentos antes, el amigo incondicional de Inverso. “Tendríamos que estar tomando vino en la presentación de Julio Inverso”, afirmó fuera del micrófono.
Por los parlantes ubicados al costado izquierdo del salón, comenzó a sonar música de galopes: cada golpe parecía simular el latido de un corazón acelerado. De repente, la voz del escritor: “Y te diré/ ya no sos mi biblia pagana/ Ya no sos mi diamante de tinieblas/ Ya no sos mi muñeca de mandrágora láser/ Ahora compraré cadalsos con monedas/ Vinos de plata de las ruinas/ Amapolas con perfume de almizcle/Orgasmos en lata/ Ya no sos mi biblia pagana/ Ya no sos mi biblia pagana”. Inverso cubría así, con su presencia virtual, todo el salón.
Tras el audio, en un pequeño atrio, un joven leyó fragmentos del libro. Algunos seguían la lectura con su ejemplar propio, otros escuchaban atentos, algunos pocos tomaban fotografías. Juan Morgan, quien según Bravo “es y no es el alter ego de Inverso”, comenzaba a deambular cobrando vida. El joven anunció la lectura del capítulo 10 de la novela Papeles de un poseído, contenida en el libro: “Él me decía poeta y yo hacía lo mismo con él. (…) Cuando enfrentaba a algún poeta no podía dejar de sentirme hechizado por el uso de las palabras. Eso y nada más. Era incapaz de conceptualizar un poema, de entenderlo en términos globales. Los aceptaba como golosinas, pero los encontraba insustanciales”.
Las lecturas fueron sucedidas por unas breves palabras de agradecimiento hacia quienes colaboraron en la edición del libro. Instantes después, sin disimular el orgullo por haber conocido a fondo a Inverso, Marchese recalcaría la estética visionaria de su amigo: “Al ver el libro, al ver las cosas que ya conocía y otras nuevas, me dije que era el libro más importante de la literatura uruguaya en los últimos 30 años. Yo no sé si en los próximos 30 años, en los anteriores, o si quieren dar 15 y 15 para cada lado”.
Luis Bravo, quien trabajó arduamente en la recopilación de materiales dispersos del escritor, realizó una breve introducción a la obra narrativa de Inverso, que, recopilada en este primer volumen de Estuario, promete dos ediciones más que abarcarán también, la obra poética del autor. Reiterando agradecimientos, Bravo expresó: “espero que les encante Papeles de Juan Morgan porque es un libro de encantamiento”.
Pasados los aplausos, el público se retiraba del salón Dorado nuevamente con la voz de Inverso: “la imagen del niño con caca en la mano, ese mundo ancho, luminoso, vacío, estrecho, oscuro (…) vengativo, astuto, obstinado, enamorado, quede claro”.
Ese brillante meteoro. Julio Inverso nació en 1963. Tras abandonar su carrera en medicina, comenzó una carrera literaria donde es posible rastrear influencias que van desde Gerard de Nerval, Rimbaud y el Conde de Lautréamont, a William Burroughs, Bucowski y las corrientes musicales grunge de inicios de los 90, tales como Nirvana y R.E.M. Según el propio escritor, su poética “es un traje nuevo para vestir a las tinieblas. Una visión, a través de una puerta lateral, de un cementerio donde los muertos lucen lo más naturales posible, sin haber sido preparados para la ocasión”. En la convergencia de diversas disciplinas artísticas, Inverso participó en la década del 80´ de la brigada grafitera Tristán Tzara, y en los 90´ coescribió los Manifiestos del grupo Torre Maladetta, un grupo de artistas entre los que figuran el Pirata Juan Morgan (Inverso), Rudolph (Rodolfo Tizzi), Kápatax (Marcelo Marchesse), Raphael Diamante (Rafael Diamant), y “el turco Torquemada”. Perteneciente a esta generación de artistas caracterizada por un nihilismo que combinaba la psicodelia y el post punk con el desencanto de una sociedad asfixiada por las secuelas represivas de la dictadura, Inverso “fulguró como un cometa en el cielito de la literatura uruguaya”, según señala Bravo.
Publicó cuatro libros de poemas en vida: Falsas criaturas (1992), Agua Salvaje (1995), Milibares de la tormenta (1996) y Más lecciones para caminar (1999). En ese mismo año, Inverso decidía terminar con su vida. “Tras su elegida muerte, se lo invoca como a un ángel oscuro cuyos huesos resplandecientes arrojan una luz distinta para siempre”, afirma Bravo. El escritor Alfredo Fressia tampoco vaciló al afirmar que Inverso fue un “brillante meteoro que atravesó e iluminó con su luz rara a la literatura uruguaya”.
Laura Seara