A cuarenta años del incendio del Estudio Audiorio del Sodre

Como el Ave Fénix

           Dos extinguidores de fuego y una manguera arrollada de varios metros podrían pasar desapercibidos en cualquier lugar. Pero si están en el hall del nuevo Auditorio Adela Reta del SODRE, ya han perdido el anonimato.

La historia del Auditorio está marcada por el fuego, cuando la tarde del 18 de setiembre de 1971, un incendio lo devastó. Tras 38 años, volvió a la escena cultural. Sin embargo, a cuarenta años del desastre, las obras aún no terminan.

Más vale prevenir que curar. El diario El País de aquella época informaba que el incendio había tomado el Estudio Auditorio en tan sólo diez minutos. Si bien no se conocen las causas exactas, en ese momento la prensa manejaba la hipótesis de que el fuego había surgido por un cortocircuito.

            Las pérdidas incluyen la sala, el escenario, la pantalla de cine, los decorados, un vestuario e instrumentos. Sin embargo, se salvó buena parte del acervo cultural. Hoy, el nuevo Auditorio cuenta con dos salas y están en construcción otras más destinadas a los ensayos de la Orquesta Sinfónica, el Coro y el Ballet Nacional.

                El incendio de aquél 18 de setiembre avanzó rápidamente. Además de los problemas de los bomberos para que el agua se arrojara con mayor fuerza, las fuentes de El País señalaron que si bien la fachada era reciente, el interior era completamente de madera. Cuando el SODRE adquirió el edificio en 1931, éste pertenecía al Teatro Urquiza, construido en 1905. “Ahora contamos con un telón cortafuegos que está hecho de láminas de cerámica. Si hay fuego detrás del escenario  o en las butacas, el telón no permite su traspaso y así evita que se queme todo”, comentó a Sala de Redacción Estefani Díaz, guía del Auditorio, con respecto a la sala Eduardo Fabini. “Las butacas están forradas con terciopelo ignífugo; este material retrasa el tiempo en que el fuego las consumiría”, añadió Díaz. Esta sala es la principal del Auditorio, cuenta con 2006 butacas y se reconstruyó completamente.

            Hugo Balzo es el nombre de la otra sala que cuenta con 400 butacas movibles. Esta sala se inauguró en 1999 y es multifuncional, ya que la movilidad de las butacas permite realizar ensayos y cadenas de radio y televisión.

Y sin embargo, falta. Aunque la zona pública del Auditorio se inauguró en 2009, Díaz contó que la parte interna del escenario de la sala Fabini y las salas de ensayo de los cuerpos estables todavía no se han terminado. Si bien las salas de ensayo no formaron parte de la destrucción que implicó el incendio (porque no existían en ese momento), la iniciativa es parte del proceso de reconstrucción iniciado en 1988.

            Pablo Panzacchi, director del Auditorio, dijo a la revista Caras y Caretas meses atrás que las obras costaron dieciocho millones de dólares y que se contó con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECID). Según el jerarca, las nuevas obras fueron lanzadas a licitación en conjunto con el Ministerio de Transporte y Obras Públicas y la Corporación Nacional para el Desarrollo. Panzacchi estimó que las nuevas obras estarían terminadas en un año y medio.

Todos al Auditorio. Díaz expresó que uno de los propósitos del Auditorio es que estos espectáculos no sean exclusivos para una parte de la sociedad, y de allí, por ejemplo, que el edificio esté “todo vidriado”. El vidrio, indica Díaz, “hace que la gente no se sienta excluida cuando pasa por el Auditorio”. Los precios de los espectáculos son otro ejemplo. Éstos rondan un promedio que va de 70 a 300 pesos según la platea. Sin embargo, la guía aseguró que otra de las particularidades de esta sala es que el escenario se ve perfectamente desde cualquier butaca.

            El Auditorio también cuenta con un anfiteatro de capacidad para 50 personas aproximadamente. Los  ventanales que rodean las gradas se levantan. “La gente se ha prendido en los conciertos solistas que se realizaron”, comentó.

Ya sólo anécdotas. Cuando el Auditorio comenzó a arder, el director de la Orquesta Sinfónica, Hugo López (que estaba ensayando su próxima obra en una de las dependencias del SODRE), dijo a El País que pensó que “había empezado a llover”. Los funcionarios que estaban allí realizaron una cadena de manos para salvar los manuscritos y las partituras de la orquesta. Muchas de ellas fueron arrojadas a la calle.

            Los bomberos se quejaron de que no podían contener a la gente. “Uno pide prioridad por el material musical, otro ruega que se salve lo relacionado con la radio, otros pierden la cabeza por las películas. Hasta el boletero pidió que le guardaran los boletos”, dijo uno de los bomberos a El País. Jorge Faget Figari, presidente del SODRE en aquel momento, se enteró del incendio por un mozo del bar de la esquina del Auditorio. Faget Figari llegó al lugar de los hechos ocultándose la cara con la mano, porque estaba llorando.

                El 20 de setiembre de 1971, se creó una comisión para reconstruir el Auditorio. Sabido es el tiempo transcurrido para cristalizar las reformas. En ese acto, sin embargo, Faget Fabini estimaba que “todo se solucionara en el lapso más breve”.

 Natalia Calvello