Del cuatro al seis de octubre se realizó la conferencia “Perspectivas Críticas” en el Museo Nacional de Artes Visuales, a cargo de los Seminarios Taller de Análisis de la Comunicación, y de Audiovisual, de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación (LICCOM) de la Universidad de la República.
Entre los conferencistas, se contó con la presencia del humorista Carlos Tanco, quien expuso sobre la “crítica humorística en términos de corrección e incorrección políticas”. Tanco es el creador del personaje radial Darwin Desbocatti, quien puede escucharse todas las mañanas de lunes a viernes en el programa “No toquen nada” de Océano FM. También escribe columnas humorísticas en el semanario Búsqueda bajo el nombre de este personaje. Además, fue guionista de la murga Agarrate Catalina y coordinador del stand up “De Pie”.
Para Tanco, el humor es incapaz de realizar críticas profundas. Sin embargo, no faltó el análisis a fondo de la actualidad uruguaya, donde uno de los temas fue la campaña “a la no estigmatización de los barrios” realizada por el Ministerio del Interior. “Todo lo que voy a decir no tiene ningún rigor académico. Yo no me tomo muy en serio a mí mismo, así que no tienen por qué hacerlo ustedes”, comenzó Tanco. Esa frase despertó la primera de varias sonrisas, en una sala que no sólo estaba llena de seguidores de Darwin Desbocatti.
La cara de Darwin. Era la última charla de la conferencia, sin embargo la expectativa se hacía sentir desde temprano. “Yo vine a ver a Desbocatti, ¿y vos?”, le susurró un hombre de saco y camisa a otro vestido igual. Todavía faltaba una hora.
Varios jóvenes veinteañeros se acercaban a la puerta vidriada de la sala, miraban y se retraían esperando afuera que se hicieran las cinco y media de la tarde. “¿Ya vino Tanco?”, le preguntó una mujer a otra que la miró con un gesto de no saber. Con los cabellos rubios desordenados, de mochila, jeans y campera deportiva, Carlos Tanco había pasado desapercibido entre quienes lo esperaban. Se plantó en la puerta con los ojos desorbitados como si hubiera llegado tarde. Era cierto, se había retrasado cinco minutos. Sólo los que reconocieron su presencia, habrían podido darse cuenta.
En la sala ya no había dudas. Dos mujeres de unos cuarenta años comentaron que nunca se hubieran imaginado al personaje que escuchan en la radio con esa apariencia. La imagen que la voz de Darwin -un viejo mandón, crítico y pesimista- se había instalado en la mente de los escuchas era bastante alejada a la del muchacho despeinado, de ojos bien abiertos –ahora, con lentes- que con papeles en la mano, debía cumplir las expectativas del público. “Está muy desordenado, pero espero que les queden algunas reflexiones acerca del trabajo humorístico”, dijo Tanco mirando los papeles. El creador de Darwin aclaró que cada tanto leería. “No se preocupen, porque escribo tan mal que parece que no estuviera leyendo”, remató. La seriedad estaba fuera de lugar, a cada frase le daba un viraje humorístico sorpresivo. Las carcajadas invadieron el lugar.
Los periodistas deportivos y la filosofía. El humorista señaló que el humor no puede realizar una crítica profunda sobre un tema determinado, porque permanentemente necesita de la eficacia. Añadió que las explicaciones tienden a arruinar los chistes. “El humor inteligente no existe, no conozco ningún chiste que enseñe la Teoría de la Relatividad de Einstein”, comentó.
Sin embargo, señaló que el humor puede criticar las formas de comunicación. “Los animales tienen más formas de comunicación que Traverso. A los delfines, por ejemplo, podríamos ponerlos a conducir Subrayado… probablemente harían menos comentarios después de las noticias”, aseguró al momento que la risa se apropió de los espectadores.
Tanco se refirió al humor como un batallador de la solemnidad. Señaló que esta es una forma de comunicación “tramposa”, ya que recubre el contenido mediante la forma, dándole al discurso una apariencia de importancia que no es tal. “Esto es muy gráfico con los periodistas deportivos: dicen las estupideces más grandes del mundo pero con solemnidad. Si uno hace el ejercicio de ponerle mute a la televisión y verles las caras, piensa ‘¡volvió Aristóteles!’”, dijo al momento que imitó a algunos periodistas deportivos que aparecen regularmente en el programa Bendita TV. Para los que dicen que la risa es contagiosa, en ese momento habrían visto una epidemia.
Orgullosamente críticos. El humorista comentó que otra parte del humor es la autocrítica. Pero añadió que es un postulado muy difícil de aplicar porque a veces termina siendo un encubrimiento de la autorreferencia. “Lo que más le gusta hacer al ser humano es hablar de uno mismo, desde el periodista deportivo a la vieja que encontramos en la parada del ómnibus”, expresó.
Tanco comentó que alguien que se considera importante tiene una postura acrítica, pero no querer ser importante, tampoco asegura la autocrítica. “Pongo mi caso como ejemplo: yo no me creo muy importante, sin embargo, carezco de autocrítica, de tenerla no estaría acá”, sentenció.
El humorista señaló que cuando en ciertas entrevistas se pide que el personaje diga un defecto y una virtud, el defecto nunca es tal. Tanco dio una lista de supuestos defectos: “soy muy perfeccionista”, “soy muy autocrítico”, “soy demasiado bueno y confío mucho en las personas”, “me cuesta mucho delegar” y “no sé disfrutar del éxito”. El vínculo entre el público y lo que decía el conferencista era tal, que antes de dar las explicaciones, la gente ya se estaba riendo.
Expresó que “la gente se siente orgullosa de sí misma”, ya que permanentemente los medios de comunicación llegan con mensajes destinados a la exaltación del orgullo. “Esto afianza la pretensión de importancia, como la publicidad de un shampoo que decía ‘si tenés rulos festejá’, me parece la cosa más gratuita para festejar”, comentó. En un esfuerzo por aportar seriedad a la conferencia, subrayó que en un mundo que apela permanentemente al orgullo, no puede haber una crítica muy fuerte.
“Hay mucha gente que…” . Tanco enfatizó que “lo políticamente correcto” funciona sobre la gente como “una policía mental”. Uno de los ejemplos que expuso fue el de decir “uruguayos y uruguayas” para lograr la inclusión de género. “Después puede ser que no les dé trabajo, pero hay que decir ‘uruguayos y uruguayas’”, destacó. Otro de los ejemplos citados fue el de referir a los “afrodescendientes” pensando que con esa denominación se combate al racismo. “Se supone que dulcificando las formas se termina con el machacamiento de ciertos sectores de la sociedad sobre otros”, remarcó.
Tanco comentó que la corrección política exalta la hipersensibilidad de las minorías, acompañada de la paranoia. Además, el que “se salga de las reglas” es etiquetado como estigmatizador. “Decir ‘yo tengo un amigo judío’ no funciona más. Sólo los judíos pueden hacer chistes de judíos”, señaló.
Otro ejemplo fue el de la campaña del Ministerio del Interior contra la estigmatización de los barrios. “‘En el Marconi hay mucha gente que marca tarjeta’… lo cual no quiere decir ni siquiera que trabajen”, comentó. Según Tanco, el sobrentendido de decir “hay mucha gente que…” apela a una norma que es definida por el otro, que fue quien notó eso. Para el humorista, cuando la gente lee este mensaje, en realidad infiere lo que sucede con la mayoría. “Parece un estudio especialmente hecho para generar la división social y se ufanan de lo contrario”, concluyó.
Un personaje miserable y conservador. Según el humorista, su trabajo se enfrenta a la corrección política, porque el humor se ríe de la desgracia. “El humorista termina siendo un asqueroso indolente (…) El programa en el que más me río es el informativo”, añadió. Para Tanco, la incorrección política tiene que ver con el lugar donde uno haga el chiste. Como ejemplo mencionó el chiste anterior de Traverso: “habría sido políticamente incorrecto si se hubiera hecho en canal 10. Acá no, porque creo que hay gente que piensa lo mismo que yo”.
El creador del viejo maniático de las mañanas de Océano FM afirma que en el humor se ama a los miserables, porque aportan una imagen de libertad. Homero Simpson y el doctor House son algunos de los personajes paradigmáticos. “El humorista es una prostituta de la eficacia, es capaz de incendiarse el escroto en público, con tal de provocar la risa”, comentó. “Y bueno, lo que quería decir,… ¿Ya se lo están imaginando?”, preguntó al percibir que las risas comenzaron unos segundos después. “Cuando lo decís no es gracioso, pero cuando lo imaginás… con las diferentes formas de hacerlo, podría haber un canal gourmet”, remató cuando las carcajadas parecían salidas de una sitcom, con la diferencia de que éstas en el Museo no estaban grabadas.
Para Tanco, el humor siempre es funcional al sistema. Prueba de esto es que la serie los Simpsons sea emitida por la cadena FOX. “Fox es republicana y los Simpsons son una especie de manual anti republicano”, explicó. Añadió que el humor es funcional porque carece de profundidad crítica. “Hacer la revolución desde el humor es imposible, por eso uno se parece más a prostitutas que a libertadores”, sentenció.
Todo esfuerzo de la platea por quedarse seria fue en vano: a cada frase vino un remate inesperado, pero también esperado. Los escuchas asiduos de Darwin conocen este tipo de humor y estaban preparados para estos virajes de sentido. Los que sólo habían escuchado hablar de este personaje, quizás con mayor sorpresa, conocieron una carcajada diferente, provocada por la reflexión.
No sólo risas: la ovación también llenó la sala. Menos mal. Si no, capaz que Tanco se animaba a mostrar su faceta más masoquista.
Natalia Calvello