El trabajo y el Encuentro Bilateral Uruguay-Cuba sobre Comunicación sirvieron de excusa e inspiración para la siguientes crónicas sobre la Habana y su gente. A continuación, la tercera de una serie de impresiones sobre la actual realidad de la isla con forma de caimán.
“Porque este sistema de vida que se ofrece como paraíso, fundado en la explotación del prójimo y en la aniquilación de la naturaleza es el que nos está enfermando el cuerpo, nos está envenenando el alma y nos está dejando sin mundo”
Eduardo Galeano
Los jóvenes siempre son acusados de rebeldes, de inconformistas, incluso hasta de ignorantes. Pasa en todo el mundo. Y Cuba no es la excepción.
El triunfo de la Revolución fue de la mano del pueblo, un pueblo que en 1959 estaba cansado y vapuleado por la situación en la que estaba inmerso. Esa gente tiene hoy unos sesenta o setenta años. Quienes nacieron luego de 1959 no conocieron la otra realidad, o al menos no la vivieron. Y los que nacieron en la década de los noventa, en pleno apogeo del bloqueo, son los menos felices. Como ya se reseñó en estas crónicas, la caída de la Unión Soviética dejó huellas difíciles de borrar en el pueblo cubano.
Esos que nacieron a finales de los ochenta y principios de los noventa son los jóvenes que hoy viven en Cuba, son los que fueron niños durante el período especial, tal vez los que más sintieron esa difícil situación.
Es tal vez, ésta, una de las razones por las cuales son mayoritariamente los jóvenes los que eligen emigrar. Los que ya no están de acuerdo con un modelo político y económico de igualdad, los que viven pensando en el “american dream”, los que quieren comprar una casa, un auto, ropa de marca y tecnología de punta. ¿Los juzgo? No. Los escucho. Escucho atentamente sus argumentos, a veces sólidos, a veces tan débiles que caen ante el primer retruque. Claro está, este cronista fue educado en un sistema distinto y además a veces idealiza una realidad que tampoco es la panacea.
Según cifras oficiales, en los últimos cuarenta años han emigrado de Cuba 900 mil personas, algunas de forma legal, otras no tanto.
En noviembre de 1966 el Congreso Norteamericano aprobó la “Ley de Ajuste Cubano”, donde se estipula que toda persona que pueda probar su nacionalidad o ciudadanía cubana y que haya ingresado a Estados Unidos de manera legal puede ser elegible para obtener la residencia permanente, luego de haber permanecido un año en el país.
Miami es el destino preferido. La comunidad cubana es muy fuerte y en ocasiones incluso tienden redes de ayuda para los compatriotas que emigran a Miami.
La oferta suena tentadora para muchos. Una vida que promete grandes triunfos, dinero e incluso fama para algunos. Miami es la meca para muchos cubanos que creen que allí serán felices. Aunque siempre está el miedo a no poder volver, el despedirse de Cuba para siempre.
Cuando en 2009 visité Cuba por primera vez, y me acerqué a conversar con jóvenes en la calle, escuché muchas veces la misma historia. Que se querían ir, que en Cuba no veían un futuro próspero, que estudiaban durante años para ganar sueldos que apenas alcanzaban para cubrir las necesidades básicas, que los jóvenes no tenían un lugar en esa sociedad envejecida, “que me quiero ir, que me quiero ir para ser más feliz”, me decía un licenciado en letras de la Universidad de la Habana que resultó ser el mozo del restaurante donde cené una noche.
Está la otra campana. En mi segunda visita, hace pocas semanas, varios estudiantes de Comunicación expresaban su orgullo de ser universitarios, la pasión por su profesión y la satisfacción personal que les brindaba estar transitando ese camino para lograr el título de grado. Esa vez, lo que se oyó fue distinto. Estábamos en el hotel y un uruguayo que vive en Cuba hace varios años nos recomendó un boliche para salir a la noche. Nos aprontamos y en uno de esos taxis colectivos llegamos a “Dos Gardenias”. El lugar no era literalmente un prostíbulo, pero tenía toda la pinta. No hay proxenetas ni habitaciones, pero las jineteras, como los cubanos llaman a las prostitutas, pagan su entrada y se disponen a conseguir clientes. La sorpresa fue mayúscula. Nunca pensamos encontrarnos ese panorama, pero ya estabamos ahí. Al cabo de media hora escuchamos todos los halagos que alguien se pueda imaginar. Sin ningún pudor me enteré que era el más lindo que habían visto en mucho tiempo, que tenía un pelo fabuloso, y que además era el mejor vestido y el que mejor bailaba, comentario absurdo ya que cualquier cubano baila bastante mejor que este y cualquier otro uruguayo. Me enteré también que si todos esos halagos no me alcanzaban, por cien dólares podía escuchar muchos más y además irme acompañado del boliche.
Ninguno de nosotros buscaba una jinetera y mucho menos por ese precio. Mis amigos habían ido a buscar los últimos cuba libre de la noche. Estábamos casi por irnos, cuando se me acercó una mulata rubia casi cincuenta centímetros más alta que yo. Me preguntó mi nombre y empezó la catarata de halagos que ya había escuchado. Entonces con el espíritu de periodista que a uno nunca lo abandona vi la oportunidad perfecta para conocer un poco más de ese mundo.
Comencé a desviar la conversación hasta que ella se dio por vencida y asumió que no iba a lograr nada conmigo, entonces se dispuso a conversar un poco. Le pregunté cuánto ganaba y me dijo que las mejores noches doscientos dólares y las peores nada, pero que de cinco días a la semana que iba, seguro cuatro salía acompañada. Resultó ser fotógrafa social. Alegó que el sueldo que gana no le alcanza para nada.
-Por eso trabajo de noche.
-¿Y dónde llevás a tus clientes?
-Los llevo a mi casa. Vivo con mis abuelos y mi hijo de tres años.
Cuando sabe que va a salir de Dos Gardenias acompañada le avisa a sus abuelos, ellos se levantan y le dejan la cama matrimonial libre para que la use con sus clientes. Los abuelos se van a dormir a su habitación con el niño.
-¿Y qué piensan tus abuelos de tu trabajo?
-No están muy de acuerdo, pero muchas veces es lo que les da de comer.
Yo seguía anonadado. Ella empezó un monólogo sobre la situación actual de Cuba y los beneficios de la apertura que viene de la mano de Raúl Castro como jefe de gobierno.
En lo que va de este año se han entregado más de 200 mil licencias a particulares para que abran negocios propios, siempre y cuando tengan capital para hacerlo. También a partir de este año quien tenga dinero se puede comprar un auto y parece que a mediados de noviembre se aprobaría una nueva ley que premite lo mismo pero con los inmuebles.
-¿Cómo te parece que voy a poder compar una casa y un auto con mi trabajo como fotógrafa?
-¿Tu trabajo como jinetera te lo permitiría?.
Se rió fuerte.
-No, tampoco. Lo que quiero hacer es irme por un tiempo a Europa, ganar dinero y volver. Comprarme una casa y un auto.
Resultó que Bianca -así se llama- estudió cine, pero no ha terminado su carrera porque en ese caso debería permanecer dentro del país al menos por dos años, y cumplir obligatoriamente con el servicio social, que oficia como pago de la educación gratuita que recibe cualquier universitario cubano.
-Si obtengo mi título me retienen y no puedo ir a España.
El objetivo de algunos parece haber cambiado. Ya no se trata de irse y no volver sino de irse, ahorrar y volver.
Parece que al fin y al cabo, ni los detractores más acérrimos pueden negar los beneficios que tiene vivir en Cuba, pero sobre todo parece que existe una conciencia más clara de que el afuera tampoco es la meca, que la situación es compleja en todas partes del mundo y que nada es tan maravilloso como parece.
Bruno Giordano, desde La Habana
