Recientemente, y como muchos han podido enterarse, el presidente francés Nicolás Sarkozy incluyó a Uruguay en una selecta pero aparentemente poco honrosa lista de paraísos fiscales durante un discurso pronunciado en la Cumbre del G-20, celebrada en Cannes.
Diarios como El Observador, La República o El país derramaron ríos de tinta explicando los motivos por los cuales nuestro pequeño país no debería ser considerado Paraíso Fiscal.
Además, y como no puede ser de otra forma, los medios se hicieron eco de eso elaborando poco elaborados (valga la redundancia) informes “periodísticos” (de alguna forma debo llamarles) que siempre dieron un sólo punto de vista y presentaron a Sarkozy como el monstruo colonialista que es, apartando el eje de la discusión hacia temas de independencia que poco tienen que ver y que pocas cosas le añaden a una cuestión ya por demás sabida cuando hablamos de que los europeos siguen creyéndose dueños del mundo.
Ante todo esto tengo una duda que me viene generando ansiedad desde que me enteré de la noticia, y es la cuestión de entender qué es un Paraíso Fiscal. Me parece que si a muchos periodistas les pedimos que nos expliquen qué es eso que llaman Paraíso Fiscal los dejaríamos en “orsai”, tartamudeando y dejando en evidencia que opinan, (des)informan y escriben gratuitamente en términos intelectuales.
Lo grave, más allá de si somos o no un Paraíso Fiscal, es que la gente repite lo que escucha o lee porque sí. Y que la gente que dice o escribe lo que luego el resto va a repetir, dice o escribe porque sí. Me cuesta creer que alguno de los periodistas que hizo un artículo sobre el tema no haya tenido ya de antemano su posición completamente definida respecto de las acusaciones de Sarkozy. Como que todos antes de ponerse a deliberar sobre la veracidad o no de tal acusación ya tenían el veredicto sabido de antemano.
Los medios terminaron haciendo una nueva edición de ese constantemente reeditado y aburrido reality show político, compilando declaraciones y estados de cuenta de twitter de personajes siniestros vinculados a la política nacional, que poco suman a la información y siguen entreverando una cuestión económica con una cuestión de nacionalismo. No es que yo opine que Sarkozy tiene razón, es que opino que leyendo Wikipedia no puedo estar capacitada para emitir un juicio responsable sobre si somos o no un Paraíso Fiscal. ¿Me van a desterrar por no defender a Uruguay de la invasión europea?
Es más, no culpo a quienes escribieron sin saber de qué hablaban; los responsabilizo de ser líderes de opinión y opinar tirando fruta. No me considero estúpida por no entender bien lo que es un Paraíso Fiscal, y tampoco los considero estúpidos a ellos; creo que hay ser responsable a la hora de informar y saber ponerse en la piel del que lee. En este caso, el que lee no siempre sabe de Economía.
Un editorial de la diaria (del 10 de noviembre) explica con gran acierto y voluntad educativa, que le llamamos Paraíso por un error de traducción, puesto que en realidad el término “Tax haven” (que es el término usado por la OCDE) debería traducirse como “Refugio impositivo”, pero alguien, al traducir, confundió “haven” (refugio) con “heaven” (paraíso).
Menciono el editorial de la diaria porque me pareció el único tratamiento acertado que los medios hicieron con el “Sarkozygate” uruguayo. Era una correcta oportunidad para acercar un concepto de macroeconomía a la sociedad que no accede habitualmente a ese tipo de contenidos, y los medios masivos de comunicación una vez más (de la misma forma que sucedió cuando, con el caso de Botnia-Ence, podrían haber educado un poquito sobre cuidado ambiental y solamente nos educaron sobre “ser más uruguayos”) la desperdiciaron metiendo en el medio cuestiones chovinistas, baratas y poco útiles para la gente, en las que al final lo único que una termina entendiendo es que Sarkozy se fue de mambo (para no salir de la norma) y que “el honorable nombre de nuestro país” fue manchado, vilipendiado e insultado por un conquistador trasnochado.
Mercedes Labadie