“Ser Ana no es fácil. Ser perfecta o tratar de serlo, tampoco. Muchas veces la gente piensa que ser Ana es estar loca o es fijarse en cosas superficiales como el cuerpo, como estar lindas y flacas. Pero ser Ana no es fácil. Ser Ana es un trabajo de todos los días. Es despertarte a la mañana y darte cuenta de que empieza un nuevo día de sufrimiento, un nuevo día en el que te das cuenta de que no eres lo que deseas ser y que tal vez jamás llegues a estar como sueñas ser. Es darse cuenta que no estás haciendo las cosas bien, que tu imagen no es la que deseas ver en el espejo (…) Ser Ana no es fácil. Es un trabajo de todos los días, quizás sea el trabajo más doloroso y cruel que vayamos a tener en nuestras vidas. Después de tanto tiempo llegué a una conclusión… ser Ana no es fácil”.
Con estas palabras princesita0408 recibe a quienes visitan su blog “Sólo para princesas” y gracias a esa afluencia obtuvo 361 comentarios.
Las redes sociales como Facebook, Blogspot o Fotolog son más que un perfil con fotos del verano y me gusta por todos lados. En ellas, miles de personas alrededor del mundo han encontrado una forma de expresar sus emociones, temores y aspiraciones más profundas. Entre esta inmensa cantidad de gente, se encuentran personas que tienen una particularidad: sufren trastornos alimenticios.
Las autodenominadas “Ana y Mia” son personas que padecen anorexia (Ana) y/o bulimia (Mia). Desde las áreas de la salud se las define como “trastornos de la conducta” por lo que la base del tratamiento es psiquiátrica. Las licenciadas en nutrición Elsa Longo y Elizabeth Navarro, explican en su libro Técnica dietoterápica que “en los últimos 20 años la ocurrencia del síndrome se incrementó llamativamente”. Destacan que “ataca a niñas jóvenes de clase alta” y que dicha “distribución social” tiene que ver con la moda que “subraya la importancia de la delgadez” sumada a “los cambios sociales que dan más libertad y derechos a la mujer, pero a su vez les exigen mayor rendimiento”.
Sin término medio. “Si te sientes ofendido/a al leer sobre estos temas por favor abandona ahora. No nos interesan tus comentarios”. Frases de este tipo ilustran la inmensa mayoría de los blogs Pro Ana y Mia. Con una predominancia del color rosado y plagado de imágenes de princesas sacadas de cuentos de hadas o modelos hollywoodenses, estos sitios convocan a miles de jóvenes. En ellos intercambian dietas, experiencias y se dan constantemente ánimo. Con un vocabulario propio detallan minuciosamente su “estilo de vida”. En sus muñecas llevan una cinta roja o morada dependiendo de su trastorno (anorexia o bulimia respectivamente). Todas comparten los mismos “thinspiration”, que según ellas mismas describen, son los “iconos que nos ponemos como referencia y modelo a seguir”, entre las que se encuentran las actrices y modelos Calista Flockhart, Kate Moss, Keira Knightley, Mary Kate Olsen, Lindsay Lohan y Nicole Richie.
Pero no todo es comprensión y solidaridad, existe también un tipo de segregación para “aquellas chicas que sueñan apasionadamente con tener anorexia, que piden consejos en los foros para lograr ser una de nosotras y alcanzar el control” las cuales son apartadas de las redes de discusión porque “entienden el movimiento Pro-Ana como una simple dieta y no lo es. Es una forma de vida no comprendida y rechazada por el resto de la sociedad”. A quienes quedan en la puerta las denominan “wannabes”, proveniente de la contracción de la expresión inglesa want to be (querer ser).
De tal palo. Esther Barros es psicóloga especializada en trastornos alimenticios. En conversación con Sala de Redacción explicó cómo una persona construye su imagen corporal. Estableció que ésta se configura desde “tempranísima edad” , por lo que resulta imprescindible el “contacto con los padres”. Salvaguardando las distintas corrientes sobre el tema, Barros determinó que dicha construcción “tiene mucho que ver con la mirada del padre y de la madre” y puntualizó que tanto el rechazo como la aceptación por parte de éstos son elementos fundamentales para el niño a la hora de conformar su propia imagen. “Como somos seres relacionales, es el otro el que te va marcando y estimulando con la autoimagen” concluyó la especialista.
Consultada por el papel que juegan los medios masivos de comunicación en tal construcción, Barros dijo que su rol es “importantísimo. Desde lo visual principalmente tienen una incidencia muy grande, muy formativa”. Como ejemplo propuso los programas televisivos destinados a niñas donde las protagonistas son “generalmente personajes muy erotizados, sensuales”. Asimismo, resaltó que en la actualidad está muy desdibujado el rol de niño, adolescente y adulto. “Con todas estas cirugías que se hacen no sabes cuál es la madre y cuál es la hija” determinó.
El grado de vulnerabilidad de las y los jóvenes para con este tipo de sitios depende de múltiples factores, pero Barros destacó la configuración familiar como uno de los más relevantes. “Si hay una familia sostenedora e impartidora de modelos y valores y, en contraposición una que no está tan presente, la incidencia que va a tener lo externo en el niño no va a ser lo mismo para el primero que para el segundo” declaró Barros.
Viviana Cotelo, psicóloga de la Asociación de Lucha contra la Bulimia y Anorexia (ALUBA) en nuestro país, en conversación con este medio comentó que, basándose en la experiencia con sus pacientes, cualquier chica adolescente angustiada por no encontrarle un sentido a su vida puede llegar a pensar “tal vez es porque estoy gorda. Entonces, si yo adelgazo un poco, quizá me sienta mejor conmigo misma y los demás me van a querer. El chico aquél me va a mirar y mis padres van a estar orgullosos de mí. Voy a ser linda, una princesita. Voy a salir adelante y todo va a ser rosado”.
Cotelo resaltó que en la actualidad es muy accesible hacerse de una dieta insana para adelgazar. Las bocas de distribución más comunes son estas redes sociales donde se intercambian “tips” que vendrían a ser recomendaciones basadas en experiencias personales. Entre los “tips” más mencionados se encuentran: “cuando quieras comer algo, lávate los dientes o báñate, después no querrás ensuciarte los dientes con comida”, “si hay comida familiar, no comas el día anterior” o “no salgas a la calle con dinero, es una tentación para comprar comida”.
Estos sitios promueven conductas autodestructivas bajo el lema de que “si somos muchos los dañados, entonces mi daño no es tan grande” explicó Cotelo. Pero, en definitiva, la psicóloga de ALUBA estableció que lo que estas personas están buscando es una salida a su enfermedad. Según Cotelo, para curar y prevenir estos trastornos las personas necesitan a alguien que los confronte en el error. “No van a encontrarle sentido a sus vidas yendo por ahí, es más, todo lo contrario” comentó en referencia a este tipo de redes sociales.
Por su lado Barros dijo que “si yo pudiera los eliminaría. Son una red de sostén del trastorno” en el sentido de que no operan como grupos de autoayuda sino que por el contrario se pasan recomendaciones para sostener el trastorno. “En ese sentido me parece bastante nefasto” comentó Barros.
Una de las explicaciones que Barros encuentra para la existencia de este tipo de sitios es que “hay mucha soledad. En general quienes manejan estos trastornos tienen un nivel de soledad interna muy intensa”. Considera que el anonimato proporcionado por las redes virtuales “les da la oportunidad de abrirse más, aunque parezca paradójico, a sí estuvieran cara a cara con otro. Hay algo en el anonimato que les permite decir una cantidad de cosas, mostrar un montón de trastornos o de fallas, de alguna manera sin quedar expuestos”. Barros explicó que, como en las adicciones, en este tipo de trastornos se miente mucho. En estos blogs, según la especialista, “encuentran un lugar donde alguien va a sentir, pensar y hacer lo mismo que ellas, entonces no se van a sentir tan señaladas”.
Ambas facultativas fueron consultadas por la cantidad de personas afectadas que hay en nuestro país, pero confesaron que no hay estudios sobre el tema, por lo que no se puede saber si hay una “evolución o involución” según Barros.
Sin fronteras. Tanto la anorexia como la bulimia son trastornos alimenticios que afectan a miles de personas alrededor del mundo. Las redes sociales han puesto de manifiesto las similitudes que presentan estas enfermedades que no respetan fronteras.
En 2002 surge en España la asociación PROTÉGELES especialmente enfocada a denunciar sitios de pornografía infantil en Internet a nivel mundial. Su cometido se ha expandido con los años y ahora cuentan con toda una red de servicios que van desde la incitación al odio racial, el tráfico de drogas, el acoso escolar o la apología de la anorexia y la bulimia en Internet.
Entre sus objetivos, PROTÉGELES desarrolla acciones, campañas y trabajos de prevención “con el fin de mejorar la seguridad de los menores en Internet”. Para el caso específico de las redes sociales Pro Ana y Mia, PROTÉGELES ha creado varios sitios de ayuda para tratar los trastornos alimenticios. Entre ellos se encuentra la campaña Tú eres más que una imagen, donde se proporciona información destinada a los propios enfermos, amigos o padres.
Un estudio realizado por la organización que trata sobre la protección de la infancia en Tecnologías de la Información y la Comunicación: PROTEGELES
para el Defensor del Menor, y que tiene su anclaje en el comienzo de la
I Campaña Contra la Anorexia y la Bulimia en Internet (junio de 2004) y hasta el lanzamiento de la II Campaña (mayo de 2005), encuentra que la demanda de asistencia involucra a niñas y adolescentes uruguayas.
Con más de doscientas personas atendidas, PROTÉGELES se encontró con que aproximadamente el 75% de ellas eran menores de entre 14 y 18 años, siendo el resto jóvenes universitarias. La campaña se llevó a cabo en España, Argentina, México, Chile, Perú, Colombia, Uruguay y Honduras, siendo la mitad españolas. El informe encuentra “especialmente significativo, y preocupante, el porcentaje de niñas, adolescentes y jóvenes que no encuentran respaldo alguno en sus casas para afrontar estas enfermedades, y ponen de manifiesto la falta total de apoyo por parte de sus padres. Así, una de cada tres afirma no contar con la ayuda de sus padres para afrontar sus problemas”.
Asimismo, desde PROTÉGELES se cuestionan por qué estas jóvenes solicitan ayuda a través de Internet, destacando que las menores de edad “valoran y agradecen la ayuda desinteresada de profesionales” ya que en “los foros públicos en los que las menores se reúnen en busca de apoyo no suelen contar con profesionales que orienten correctamente a las usuarias”. El 34% de las jóvenes y adolescentes atendidas destaca fundamentalmente la profesionalidad de la ayuda recibida mientras que el 11% de las menores atendidas por PROTÉGELES valoran el anonimato: “el hecho de no verse nunca en la obligación de identificarse facilitando datos personales como su nombre y apellidos, domicilio, etc., facilita además un altísimo nivel de sinceridad y espontaneidad” según la organización. Por último, el informe destaca que las jóvenes se sienten a gusto con no ser juzagadas.
Burbujas de aire. La antropóloga uruguaya Sylvia Silva Daleiro, en su trabajo Anorexia y Bulimia. La muerte ¿está de moda?, establece que estas enfermedades “hacen evidente hoy en día el papel de las convenciones culturales que llegan a afectar hasta la percepción del propio cuerpo”. Para la autora estos trastornos alimenticios son “ejemplos de subordinación de las necesidades biológicas en favor de necesidades de tipo cultural”. Silva Daleiro considera que “el modo en que el individuo de un grupo social trata a su cuerpo expresa claramente su deseo de estar en el mundo de determinada manera y no de otra”. La autora establece que es mediante el cuerpo que los individuos “hablan” de sí mismos y de su posición en los grupos.
En tal sentido, el antropólogo francés Marc Augé declara en su libro ¿Por qué vivimos? que actualmente el cuerpo es “ante todo, una imagen o, mejor dicho, millares o millones de imágenes que acosan, que fascinan, imágenes de las que se impregna el ojo de cada individuo”. Estas imágenes según Augé, son difundidas a través de los medios de comunicación y se asocian a “nuestra nueva cosmología” y tienen grandes pretensiones, ya que “intervienen en la moda, los deportes y las series televisivas”. Augé dice que en la actualidad se nos invita explícitamente a no fumar ni beber y a controlar nuestra alimentación, al mismo tiempo que se proporcionan “traducciones estéticas de estos regímenes saludables: cuerpos esbeltos y ligeros como burbujas de aire”. Silva Daleiro, en tanto, explica que “en los últimos diez años ha proliferado en los medios masivos la difusión e imposición de la imagen de belleza femenina occidental como la de una mujer hiperdelgada” y entiende que esto coincide con la “explosión de este tipo de enfermedades”.
En el capítulo dedicado a la cultura mediática del trabajo titulado Identidad en tiempos de globalización, la antropóloga costarricense Madeline Cocco declara que “las nuevas tecnologías han modificado los modos de intersubjetividad y de interrelación humana, influyendo sobre la imagen que los individuos se van formando de sí y de los otros”. A su entender, esto se da porque “gran parte de la valoración de su ser y actuar se da a partir de la exposición a los modelos predominantes de comportamiento presentes en los medios”. Al respecto, Cocco concluye que la identidad “que caracteriza a una cultura, nace de esta relación dialéctica entre lo que se lee y lo que se relata en los medios de comunicación”.
Al respecto de este tipo de trastornos, la antropóloga uruguaya indica que en el caso de los adolescentes, población más afectada por los mismos, “su identidad está en proceso de formación y no poseen aún una estructura firme que les proporcione autonomía suficiente para afrontar los problemas que les plantea el mundo adulto. Por esto necesitan en esos momentos más que nunca, referentes de sentido que contribuyan a la conformación identitaria en proceso”.
Marc Augé hace mención también a que es posible observar a diario en los medios de comunicación “las miserias del cuerpo” en imágenes de “cuerpos maltratados, desnutridos o, por el contrario, sobrealimentados” y, de esta manera, el cuerpo “glorioso”, para Marc, “se convierte en el ideal para los que no quieren adentrarse en el terreno de los más pobres o en el de los descuidados”.
El antropólogo francés problematiza el tan vigente “culto a la juventud corporal” diciendo que este “resalta la situación desigual de los humanos y es irrefutable: una parte del mundo se esfuerza en permanecer joven el mayor tiempo posible, mientras que la otra parte se plantea la cuestión de la supervivencia, la desnutrición, la hambruna y la mortalidad infantil”. Augé concluye que “la desigualdad del mundo es también y ante todo una desigualdad de los cuerpos”.
Cibernéticamente hablando. Álvaro Gascue, sociólogo y profesor de Sociología de la Comunicación en la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación (LICCOM) de la Universidad de la República (UdelaR), en conversación con este medio explicó que las redes sociales que fomentan hábitos alimenticios de corte enfermizo y maníaco “son en realidad elementos que refuerzan tendencias que la persona ya tiene, y que en general están en un contexto de patología grupal. Porque si pensás bien, ninguno de estos dos fenómenos (haciendo referencia a la bulimia y a la anorexia) pueden pasar desapercibidos en el núcleo familiar o con quien se viva. Esa falta de control sobre la persona es demostrativa de una situación atípica del entorno familiar”. Concluye que estos sitios “tienen un fuerte componente de refuerzo pero de ningún modo, de causa”.
Gascue reconoce que las personas que frecuentan estas redes sociales “están muy aisladas” y que “curiosamente Internet les da la posibilidad de encontrar pares”. Siente que las redes sociales les han dado la posibilidad a los “grupos segregados y marginados a encontrar un lugar de reunión”. En tal sentido, el profesor de Lenguaje Audiovisual de LICCOM y Jefe del Centro de Televisión Científica de la Udelar, Fernando Da Rosa, siente que es justamente la timidez y el miedo a comunicarse que enfrentan estas personas las que las lleva a frecuentar determinadas redes sociales. “A alguien que está encerrado en sí mismo y no quiere salir, le es más fácil relacionarse con una máquina que relacionarse con una persona. Hay ciertas patologías en las cuales la interacción con el ordenador está más facilitada justamente por la propia patología”, entiende Da Rosa.
Con respecto a si se debería legislar sobre este tipo de casos, Da Rosa declaró que no lo tiene totalmente claro. Explicó que en el tema de la pornografía infantil, sobre la cual ha realizado investigación, considera que sí se debe legislar y que “todos lo países de la región” la han prohibido “porque era algo muy claro”. Para él, el problema radica en “dónde está el límite” para legislar. “Una cosa es cuando vos ves fotos de un niño teniendo relaciones sexuales con un adulto. Eso de por sí ya es un delito porque toda relación sexual con un niño es violación. Pero cuando vos aconsejás a alguien sobre métodos para adelgazar ¿dónde está el límite entre el adelgazamiento normal y el patológico? Es complicado” concluye. Para Gascue “ese es un problema complejo. En realidad no debería legislarse directamente sobre Internet. Lo que existen son leyes generales que se aplican a Internet, pero con serios problemas por la deslocalización que puede tener Internet. Los únicos casos de leyes generales que se aplicaron sobre Internet, dejando de lado los que podrían ser delitos obvios, tales como la pornografía infantil, fueron sobre racismo por ejemplo. Se cerró también una página web con clara tendencia nacionalsocialista (nazi)”. Da Rosa piensa que en este caso concreto “la base principal es la educación, más que la prohibición. Educar jóvenes para que sepan cuales son los riesgos de la bulimia y la anorexia. Tratar de tener buena comunicación. Generalmente estas enfermedades se da en adolescentes que tienen mala comunicación con los padres, el núcleo familiar es problemático, disfuncional: ese es el tema que hay que atacar”.
A modo de conclusión, Gascue resaltó que “las páginas web en realidad terminan reforzando tendencias, opiniones, o en este caso patologías que ya hay en las personas. Es decir: no las desencadenan”. En el mismo sentido opinó Da Rosa: “Internet es un reflejo de la humanidad: está todo lo bueno y todo lo malo. Es decir, cuando se critica a Internet porque hay pedofilia, bueno, la pedofilia existe desde tiempos inmemoriales. No es un fenómeno producido por la Internet. Ponerlo ahí lo muestra, lo hace visible para quien quiera verlo. Pero en definitiva es un reflejo de la realidad”. Gascue siente que “no tendría sentido controlarlas” ya que el tema “es universal” y las personas enfermas que se encuentran aisladas “encuentran un lugar ideal para expresarse”.
Sobre el potencial de las redes sociales, Da Rosa explica que “sirven para coordinar acciones. Generan algo que no estaba presente antes y que puede ser muy explosivo”. Hace mención a lo que ha pasado en varios países recientemente: “cuando empezó la primavera árabe a coordinarse a través de Internet, todo el mundo occidental decía “bien” por la libertad de los medios. Pero cuando empezaron a haber problemas en Londres, empezaron a decir “no, hay que limitar esto””. Para Da Rosa “los problemas que hubo en Londres no fueron generados por la red, sólo que ella los puso de manifiesto. Actuó como espejo de un problema social. Había una parte de la población que estaba sintiéndose oprimida y se pudo coordinar a través de Facebook”. Concluye que “estamos viendo un fenómeno que demuestra determinadas cosas. Yo creo que la mejor forma de solucionarlo no es poner el énfasis en el dedo sino en la llaga. Lo que hay que curar es la llaga”.
Entre “tips”, anécdotas y dietas, una frase se cuela en el blog de princesita0408 y resuena por el inesperado y curioso enfoque: “no entregues tu sueño a cualquier impulso. Ya que tarde o temprano vamos a morir, hagámoslo con arte. No hay nada tan repartido como la razón, todo el mundo cree tener suficiente”.
Andrea López y Álvaro Sánchez