"Fuga" de bandoneones en la región

ESPECIE EN EXTINCIÓN

Los bandoneones cada vez son más costosos y difíciles de conseguir en el Río de la Plata. Extranjeros que viven una primera experiencia con el tango ven en este objeto “exótico” un souvenir ideal. Algunos ya están pensando en soluciones para que viajen, pero vuelvan. En Argentina se ha censado el “éxodo”; Uruguay “no sabe, no contesta”.

El fuelle, uno de los instrumentos protagonistas del tango, se encuentra, según algunos, en peligro de extinción. Muchos de los bandoneones son llevados al exterior por turistas a modo de colección. Y a la vez, los que quieren comprar uno de éstos para su iniciación en la música no pueden hacerlo por su precio y calidad. Según un artículo publicado por la revista argentina Rolling Stone; se estima que de cada seis bandoneones que se venden, sólo uno queda en Argentina. “Son como osos panda en una vitrina”,  afirmó El Ministro, bandoneonista de la Orquesta Típica Fernández Fierro de Argentina. La Casa del Bandoneón de Buenos Aires realizó un censo en 2006 que ilustra la partida de los instrumentos: de los 60 mil bandoneones que llegaron al Río de la Plata a comienzos del siglo XX, la mitad volvió a viajar.

Otro punto que preocupa a quienes defienden la persistencia de este instrumento en estas orillas, es que caiga en desuso. Teóricamente la vida útil del fuelle se estima en los 200 años, siempre que esté en actividad. De los 30 mil que están en el Río de la Plata sólo el 10% se encuentra en funcionamiento. Algunos entendidos en el tema especulan sobre las consecuencias de la escasez de bandoneones, por ejemplo la dificultad de adquirir uno de calidad para aprender a tocar. Pero la preocupación principal es el distanciamiento entre el instrumento y las nuevas generaciones. A partir de esto, surgieron propuestas con el objetivo de que el fuelle no se convierta en una reliquia.

En Buenos Aires, el luthier Oscar Fischer impulsó la creación del Registro Nacional del Bandoneón que funciona desde 2006 y permite contabilizar cuántos de estos instrumentos hay en Argentina. Según Fischer, hay quienes sacan provecho: “A los maestros y luthiers les conviene vender bandoneones a extranjeros europeos, ya que los bandoneones, las reparaciones y las clases se cobran en dólares o euros, que en el mercado negro se cambian al doble y además no pagan impuestos”.

Fischer intentó establecer alianzas en nuestro país para replicar el censo, pero no tuvo respuesta. Uruguay no tiene un registro de bandoneones que lleven la cuenta de cuántos ingresan y salen. Pero sí, varios jóvenes bandoneonistas empiezan a sentir las dificultades de hacerse de uno.

En el documental “El último bandoneón” del argentino Alejandro Saderman, Marina es joven y quiere tocar en la orquesta de Rodolfo Mederos. Para ello necesita comprar un nuevo bandoneón, y aquí comienza la travesía, la misma que se está reflejando en la actualidad con quienes se están acercando al tango.

Rosalía Alonso