Explotación sexual de menores en Uruguay

UNO MÁS Y VAN…

Foto: Amnistía Internacional

En Uruguay las cifras de explotación sexual infantil van en aumento. El último caso con repercusión pública involucra a una menor que fue explotada por su madre y su tía, y que terminó con el procesamiento de siete personas. No hace mucho tiempo el caso de Horacio de los Santos, jerarca de la intendencia de Paysandú,  fue tapa de todos los diarios. Sin embargo, esta es solo la punta del iceberg de una problemática más compleja, muchas veces invisibilizada.

En nuestro país 67.000 menores de entre 5 y 17 años trabajan sin permiso del INAU. La mayoría son adolescentes que tienen más de 14 años. Un porcentaje de este número corresponde a la explotación sexual de menores. En referencia a esta problemática, entre el año 2007 y el 2009 se registraron desde el INAU 20 denuncias. En 2010 fueron 21, en 2011 se duplicaron, y en 2012 se contabilizaron 51. De este modo alcanzó un total de 132 casos en 6 años que fueron ingresados a juzgados. En abril de este año se contabilizaron 10 casos más. Sin embargo, las cifras oficiales aún son bajas respecto a la realidad actual, según indica Jorge Ferrando, vicepresidente del INAU.

La relatora especial del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Joy Ngozi Ezeilo, indicó que la explotación sexual infantil en Uruguay es “extremadamente común” y está “social y culturalmente tolerada”. A su vez, denunció que como consecuencia de estos mismos factores, como la “cultura de tolerancia”, es que el tráfico interno de niños en Uruguay está en aumento.

El 22 de julio de este año fue procesado con prisión el secretario general de la Intendencia de Paysandú, Horacio de los Santos, por haber participado de una reunión que incluía la explotación sexual de menores.

En los últimos días fueron procesadas siete personas por explotación sexual a una menor de 14 años. Dos de los procesados eran familiares y mujeres: madre y tía de la menor. Éstas cobraban a los clientes por mantener relaciones sexuales con la adolescente entre $1.000 y $ 2.500.

A partir de los últimos casos conocidos, con mucha repercusión en la prensa, SDR quiso profundizar sobre cuál es la realidad de nuestro país frente a la explotación sexual de menores.

El procesamiento del ex secretario general de Paysandú por el delito de “contribución a la explotación sexual de personas menores de edad”, puso en evidencia la clásica exhumación de culpas de quienes son cómplices de situaciones de explotación sexual de menores. “Cuando tomo y canto no es un contacto sexual, es que me pongo más afectuoso”, reconoció De los Santos. Además volvió a excusarse indicando que no lograba comprender lo que sucedía en el lugar.

En torno a las diferentes actitudes ante estos hechos es que trabaja la campaña “No hay excusas”. Esta es llevada adelante por el INAU, el Comité Nacional para la Erradicación de la Explotación Sexual Comercial y No Comercial de la Niñez y la Adolescencia (CONNAPES) y UNICEF. Admite que “el desconocimiento de la edad, la vestimenta o la apariencia del niño, niña o adolescente no son argumentos válidos para justificar estos comportamientos”. Con esta iniciativa se intenta desnaturalizar estas prácticas y que logren ser vistas como lo que son, un problema y un delito del que tienen tanta culpa los adultos que consumen la prostitución como quienes la promueven. Una situación de la que es testigo toda la sociedad.

Los casos de explotación sexual infantil van en aumento cada año. Los más conocidos generalmente remiten a la vinculación de personalidades “que llamen la atención”: una autoridad política de algún organismo público como el caso de Paysandú, o un pastor con un hogar de niñas en Ecilda Paullier. Este último fue un caso de abuso de menores en un hogar de esa localidad del departamento de San José. El autor de los abusos fue Kurt Dueck, un pastor menonita de 53 años, uruguayo, de origen alemán quien estaba a cargo del hogar La Familia, lugar que albergaba a 17 niños de entre 7 y 18 años.

Los casos en que se da a conocer la identidad de los prostituyentes son limitados, casi nulos. No es común que se identifique a quienes consumen el servicio de la prostitución. A su vez, en el caso de la prostitución infantil, se tiene conocimiento del fenómeno, sin embargo no existe una real problematización de estos hechos, no se juzga ni responsabiliza a los consumidores. Quienes se encuentran en el lugar de demandantes son tan culpables como aquellos que ejercen el proxenetismo. La oferta existe porque existe demanda.

Trabas…

La mayoría de los casos de prostitución de niños, niñas y adolescentes se registran en las ciudades fronterizas: con Brasil o Argentina. También en localidades de tránsito de camiones como Paso de los Toros y Young. Por ejemplo, la ciudad de Nueva Palmira, departamento de Colonia, presenta un alto porcentaje de prostitución infantil, y esto se explica por su gran actividad portuaria además de tener frontera con Argentina.

Lo que sucede con esta problemática es que las cifras son inexactas. Dadas las características de clandestinidad e ilegalidad en la que se desarrolla la prostitución infantil, aún no se conocen las verdaderas dimensiones que el fenómeno tiene en nuestro país.

Uruguay cuenta con instrumentos legales a nivel nacional e internacional para regular la “Explotación Sexual Comercial de Niños, Niñas y Adolescentes”. Sin embargo, la figura del cliente como tal es penalizada solamente por una ley que data recién del año 2004.

Las organizaciones que resguardan los derechos de los menores intentan desterrar los mitos que respaldan estas prácticas delictivas y las excusas que utilizan los consumidores de sexo para justificar sus acciones. Las más comunes según estudios realizados en nuestro país son: “los y las adolescentes son prostituidos porque les gusta y eligieron ese trabajo”, y la que más se suele indicar: “no sabía que era menor”. Se apunta desde la organización nohayexcusas.org.uy que, primero, no es un trabajo. No están ahí por elección propia o porque les gusta: son víctimas de una “forma moderna de esclavitud” y requieren protección. No hay niños o niñas prostitutas, sino niños prostituidos.

(http://www.nohayexcusas.org.uy/excusas.html).

Esta misma línea es abordada por la investigación “Consumidores de sexo. Un estudio sobre masculinidad y explotación sexual comercial en Montevideo y área metropolitana”, realizada por la Red Uruguaya de Autonomías, en el marco de la Campaña del Secretario General de ÚNETE. Este estudio busca poner fin a la violencia contra las mujeres y las niñas, y apunta a que “los responsables de que este fenómeno exista y esté en aumento son los adultos, bien sea desde la promoción, el consumo o la no reprobación de la explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes”.

Macarena Vico