Guantánamo hace caso omiso a los derechos humanos

SIN PIEDAD

La base militar de Estados Unidos en Guantánamo, Cuba. AFP PHOTO/MLADEN ANTONOV

“Tomad mi sangre

Tomad mi mortaja y

Los restos de mi cuerpo

Fotografiad mi cadáver en la tumba, solo.

Y mandad las fotos al mundo,

A los jueces y a las personas

Con conciencia limpia.

Mandadlas a quienes tienen principios,

A los justos.

Que ellos carguen con la culpa,

Ante el mundo,

Por este alma inocente…”

Qué más esclarecedor que una descripción del centro carcelario de Guantánamo en las propias palabras de sus reclusos. “La Muerte”, como se titula, es uno de los tantos poemas que emergen de las celdas del centro de reclusión estadounidense en las que cientos de convictos padecen su vida.

El origen de esta historia encuentra su lugar durante el mandato del presidente norteamericano George W. Bush, quien en respuesta al atentado contra las Torres Gemelas en 2001 inició lo que se denominó “lucha contra el terrorismo”. Más de 800 personas de 44 países diferentes fueron capturadas y privadas de libertad por ser “presuntos terroristas” que atentarían contra la seguridad ciudadana, quebrantada por los acontecimientos del 11 de setiembre.

Las principales organizaciones mundiales que luchan por el respeto de los derechos humanos se han pronunciado en contra de la existencia de un centro con las características de Guantánamo, donde los presos son sometidos a torturas, y le han exigido al actual presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, su imperioso cierre. Si bien el mandatario prometió la clausura del complejo como parte de su gestión, hoy, a 12 años de su existencia, aún mantiene sus puertas abiertas.

Justamente, estas agrupaciones son las que han puesto a la luz de la opinión pública las nefastas condiciones de vida de los presos.

Una de las cosas que más indigna a estas organizaciones es que los presos no hayan sido acusados formalmente de ningún delito. Como lo expresa la Declaración Universal de los Derechos Humanos, “todo el mundo tiene derecho a un juicio justo”, a la vez que “nadie puede ser detenido arbitrariamente”, algo que en Guantánamo no se respeta. Pero también preocupan las torturas físicas, que evidencian un trato denigrante para las personas allí recluidas. No obstante, el maltrato sicológico está igualmente presente, lo que atenta contra la integridad emocional, a través de humillaciones sexuales y la profanación al Corán.

“El legado de Guantánamo vivirá, se cierre o no”, expresó Amnistía Internacional, la cual lucha por la clausura de la cárcel desde su origen a comienzos de siglo. Son varias las campañas que este organismo ha dado a conocer, no solo mediante acciones propagandísticas sino también manifestándose para contagiar el espíritu de lucha.

La Organización de Naciones Unidas (ONU) también se adhiere a la causa. En mayo de 2013 formuló “un llamamiento urgente al Gobierno de los Estados Unidos de América a respetar y garantizar la vida, salud e integridad personal de los detenidos en la Base Naval de Guantánamo, particularmente en el contexto de la actual huelga de hambre”. Dicha huelga surgió desde los propios internos en protesta por las condiciones infrahumanas en las que viven, así como por la situación de detención indefinida en la que se encuentran. Por su parte, el Centro de Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL) y el Centro por los Derechos Constitucionales (CCR) se unieron a la declaración de la ONU en su exigencia para el cierre de la Base Naval de Guantánamo.

El mundo elevó su protesta y se pronunció a favor de los derechos humanos. Pero la voz de la mayoría no ha ganado, al menos por ahora.

Florencia Sacco