Pablo Carlevaro recibe el título Honoris Causa

FALTABA MÁS

Pablo Carlevaro, Honoris Causa. Foto: UdelaR

La ceremonia empezó con una puntualidad nunca vista. La mesa del paraninfo estaba preparada con 7 copas colocadas simétricamente. De a poco se empezó a llenar la sala con viejas generaciones de distintos órdenes universitarios. Nos esperaban a todos con banderas de la Asociación de Estudiantes de Medicina y del APEX.CERRO, que colgaban desde los balcones dejando constancia de las presencias. De a poco empezaron a aparecer las caras conocidas: Daniel Viglietti, Luisa Cuesta, Álvaro Rico, Gregory Randall, Marcos Carámbula, José Diaz, entreverados con los representantes actuales de la UdelaR y sus distintos órdenes. No faltaron las viejas y las nuevas generaciones de Extensión Universitaria. Así, hasta que los tres anillos del aula magna quedaron repletos.  Se abren las cortinas y entran como desfilando todas las autoridades: Samuel Sztern, director de Bellas Artes; Emiliano Vidal, de la FEUU; Fernando Tomassina, decano de Medicina, Rodrigo Arocena, rector de la Universidad; Ricardo Ehrlich, Ministro de Educación y Cultura y Roberto Kreimerman, Ministro de Indistria. Entre todos ellos estaba él, con ese porte de caballero de otra época, un traje que combinaba con la ceremonia y sus compañeros de mesa, y un chaleco rojo desprendido al final, como puesto “así nomás”. El paraninfo rompió en aplausos y él, inmutable. Es que Pablo Carlevaro desde su época de estudiante está acostumbrado a ver un auditorio universitario repleto, prestándole atención. Esta vez sin dudas era diferente. La jornada del viernes 13 fue de homenaje a su labor universitaria que él recibió con sus 83 años que aún le permitieron leer sin lentes esa noche.

El instituto Escuela Nacional de Bellas Artes pidió el reconocimiento; rápidamente la solicitud fue acompañada por la Facultad y los estudiantes de Medicina. Fue una votación unánime, destacó Rodrigo Arocena, quien hizo un raconto de cómo se llegó a esa instancia. La oratoria estuvo a cargo de Sztern, Tomassina y Vidal; sin ser muy elocuentes en sus discursos, lograron acercar al auditorio a la necesidad que se planteó en la Universidad de entregar este título al Dr. Carlevaro. Fue rescatada su labor humanizadora hacia los estudiantes y en la práctica docente, su presencia y protagonismo en diversas luchas populares, particularmente la huelga obrero estudiantil de 1958, que consagró la autonomía universitaria en la Constitución. Todos agradecieron a Carlevaro por su entrega en la militancia universitaria.

Haré uso de la libertad de opinión y por tanto cuanto diga no compromete si no a mí mismo”. Así comenzó con su labor crítica constructiva a la que nos tiene acostumbrados Carlevaro desde siempre. Fueron dos minutos por reloj, en los que habló de su pasado, “de mi vida nada más”, dijo y siguió hablando del futuro “que deberá ser y hacerse mejor”.

El primer tema fue el presupuesto universitario, sobre el que reconoció el aumento de este gobierno, pero lamentó que sólo se hayan encontrado recursos para las sedes del interior y no para Montevideo. Y agregó: “A lo largo de medio siglo se ha descalificado la función docente con salarios de penumbra” también aludiendo a la cuestión presupuestal.

Habló sobre la autonomía de la educación y el poder político, una conquista de la que fue parte para el ámbito universitario. “La negación de la autonomía significa desconfianza y miedo a la libertad”, dijo y el auditorio rompió en aplausos. Miedo por el que este gobierno dejó ir la posibilidad de aumentar esa autonomía a los demás entes educativos, señaló Carlevaro. Estas frases fueron sentenciadas con la sonrisa cómplice de gran parte del paraninfo y la mirada atenta, pero sin gestos, de Ricardo Ehrlich, justo ubicado detrás del homenajeado

El honoris causa habló del rol de la participación en la democracia y sugirió la exigencia a los integrantes de la casa mayor de estudios, de inmiscuirse en los asuntos que le son propios.

Si hay un reconocimiento para hacerle a Carlevaro es la pelea incesante por la incorporación de nuevas prácticas formativas de los estudiantes, la llamada enseñanza activa. La necesidad de que los estudiantes se vinculen con la comunidad y allí, en vínculos de “paridad y reciprocidad”, aprendan y enseñen. Porque “la relación con la gente humaniza”.

Se refirió al fenómeno de inequidad como “una enfermedad grave de una patología social” y aseguró que el plebiscito de la baja de edad de imputabilidad “apunta, sin ninguna garantía de eficacia, sólo a los síntomas” del problema de la seguridad.

Hubo lugar en el discurso, resaltado con tres fluorescentes distintos, para la reflexión sobre el rol de la Universidad y de la ciencia en la posibilidad de transformación de la sociedad. Sobre el final, una hora después del arranque, hubo tiempo para disculpas por lo que fue, a juicio de uno de los concurrentes, “una clase magistral”. A su juicio, fue una forma de “purgar la conciencia”, posibilidad por la que agradeció “más que el título”.

Gabriela Pasturino