Informe sobre la educacion superior chilena

PÚBLICA, LAICA Y TA

Estudiantes chilenos por la gratuidad. AFP PHOTO/MARTIN BERNETTI

Educación pública, de calidad y gratuita es un derecho que el Estado chileno debe garantir, según plantea el Movimiento Estudiantil Superior desde 2011. Entienden que el sistema educativo actual está segregado y amplia aún más la brecha entre ricos y pobres.

Los militantes convocaron a un paro nacional debido a su descontento con la Reforma Educacional impulsada en el segundo gobierno de Bachelet. En un período que comprende desde 2014 a 2018, el gobierno chileno promete avanzar gradualmente en la gratuidad universal y efectiva de la educación superior en un proceso que tomará seis años; también la creación de universidades estatales en regiones donde no existen y centros de formación técnica en todas las regiones.

En Chile, al igual que en nuestro país, existen tres niveles de enseñanza: básico, secundario y superior, según establece la Ley General de Educación votada en 2009 durante el anterior mandato de Michelle Bachelet.

El nivel superior se clasifica en: Universidades Tradicionales, Universidades Privadas y Universidades Técnicas del Estado repartidas en 15 regiones a largo de Chile. Las Tradicionales son unas 25 universidades, casi todas ubicadas en Santiago, son las más prestigiosas y las que cuentan con un filtro más difícil de sortear. Ellas son las estatales Universidad de Chile (Uchi), Universidad de Santiago de Chile; y las particulares Pontificia Universidad Católica de Chile, Universidad Católica de Santiago, Ponitificia Universidad Católica de Valparaíso, Universidad Técnica Federico Santa María, Universidad de Concepción y Universidad Austral de Chile, entre otras. A excepción de las dos primeras el resto son privadas pero con fines públicos, esto alude a su compromiso con la investigación. Se les llama particulares para diferenciarlas de las privadas que surgieron a partir del ’81. Y también se llaman confesionales las religiosas como la Católica y la Universidad de los Andes, pertenecientes al Opus Dei. Por lo general, el alumno que estudia los dos niveles iniciales en instituciones religiosas, luego cursará en una de estas dos universidades, por eso se dice que no hay diversidad en el alumnado.

Las universidades privadas son alrededor de 40, tienen una oferta más variada, y siguen agregando más heterogeniedad a su currícula según demande cada región. Sin embargo, a la hora de buscar trabajo los títulos no son tan valorados como los de las universidades tradicionales.

Hasta los años ’80 la oferta era limitada, sólo existía la Uchi y la Universidad Técnica del Estado. Fue en 1981, durante la dictadura, que se reestructura la educación y se le da entrada a los privados. El máximo objetivo fue descentralizar el sistema educativo en las 10 regiones que había hasta el momento, y en cada una se crearon alrededor de unas 15 universidades privadas. Tampoco permitían que las universidades tuviesen sedes regionales, por ejemplo, hay cinco Universidades Católicas pero son totalmente autónomas.

Para ingresar a la institución educativa, ya sea desde pre-kinder hasta nivel superior, se debe pasar la prueba de selección pero primero hay que pasar por la caja, ya que las pruebas son pagas. Las Pruebas de Selección Universitaria (PSU) constan de dos partes: la primera enfocada a la formación general sobre Lenguaje, Matemáticas e Historia; y la segunda es específica referida a la carrera que se pretenda ingresar. Cuando un estudiante no pasa la PSU en una universidad tradicional tiene la opción de darlo en la privada, que es menos exigente.

En Chile no existe el cogobierno. Lo más aproximado es un consejo univesitario pero es consultivo, no resolutivo. Y solo en las universidades tradicionales hay un centro de alumnos. Unas de las militantes más conocidas es Camila Vallejo de la Uchi, quien es diputada en la actualidad.

NADA ES GRATIS EN LA VIDA. El economista egresado de la Uchi César Muñoz presentó una investigación el año pasado para la Fundación Educación 2020 sobre la educación superior chilena, donde sostiene que uno de cada dos jóvenes chilenos concurre a la universidad. La mitad estudia en las tradicionales, un 30% en las privadas y el restante 20% en las técnicas.

Según Muñoz el nivel de la educación superior chilena está en decadencia. La ley limita la cantidad de alumnos de universidades estatales tradicionales, no se permite que el número de alumnado crezca años tras año como si ocurre con las privadas, las cuales se presume no son de buena calidad. Pero tal como la oferta de alumnado en las privadas aumenta también lo hace el sistema de crédito.

Rocío Santander Meyer hizo el básico y secundario en privado y el nivel superior en la Universidad de Santiago, donde obtuvo su título de Licenciada en Química. Cuando comenzó su carrera en 2001, Rocío pagaba 2.200 dólares al año, y cinco años después terminó abonando 3.200. “Yo no recibí subsidio del Estado porque soy hija única y mis papás ganaban un sueldo superior al tramo que de la beca”, contó Rocío.

Actualmente hay tres tipos de créditos para que el alumno pueda costear sus estudios superiores. La vedette, que es el crédito del Estado, es al que todos se postulan porque no genera intereses, pero está reducido a un mínimo número de excelentes estudiantes y de vulnerabilidad socioeconómica demostrada. El Estado aporta en modalidad de puntaje sólo en caso de que el sueldo no supere los 230 mil pesos chilenos. Luego está el crédito de la banca, el cual, gracias a las reivindicaciones de los estudiantes, se logró bajar de un 6% de interés a un 2%. Y por último, se ha empezado a implementar el crédito otorgado por las propias universidades.

Estos altísimos costos generan un endeudamiento tanto del estudiante como de las familias y la emigración de estudiantes a países de la región: son tendencia Cuba para el caso de la medicina y Argentina para las Ciencias Humanas.

Muñoz estudió economía en la Uchi a un costo de 25 mil dólares al año durante cinco años en los ’90. Hoy, casi 25 años más tarde, la carrera alcanza los 200 mil dólares de costo. No hay diferencias significativas en los precios de las universidades tradicionales y las privadas.

Lucía Piñeyro