Donaciones voluntarias para estudio e investigaciones

LOS CUERPOS DONADOS A LA UNIVERSIDAD

La lección de anatomía, de Rembrandt.

En la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, se encontraron 250 cadáveres hacinados y en malas condiciones. Esto desató una gran controversia y puso en tela de juicio el cuidado y respeto que se le da a los cuerpos que son donados.

Sala de Redacción visitó la Facultad de Medicina de la Universidad de la República y dialogó con el profesor Eduardo Olivera, encargado del departamento de Anatomía, quien explicó cómo funcionan las donaciones y sus cuidados.

Los cuerpos con que trabaja la facultad son de personas que hacen una donación voluntaria. El trámite debe realizarse ante la Intendencia de Montevideo, la Facultad de Medicina y el Servicio Médico Municipal. La ley nº 18.969, que establece que todos somos donantes a menos que se manifieste lo contrario, no corre para la donación a esta facultad.

El cuerpo proviene de una morgue, hospital o funeral. Al llegar a la facultad se le inyecta los productos para su conservación; el formol es el más conocido. Esta sustancia frena la descomposición celular y actúa como antiséptico, impidiendo la putrefacción del cuerpo. Se suplanta el volumen de líquido de sangre, tejido plasmático e intercelular por éste, alrededor de unos 50 o 70 litros dependiendo del volumen de sangre del cuerpo.

Los cuerpos pueden pasar mucho tiempo en estado de conservación; algunos preparados están desde 1920. Quince o veinte cuerpos son los que se utilizan por año aproximadamente, dependiendo de la cantidad de cursos que se realicen. Una vez que hayan servido para los estudios e investigación, cuando el material se deseca sin estar en estado de putrefacción, son llevados al cementerio, o a donde dispuso el donante.

La razón de la donación no es requerida. Igualmente el profesor cuenta que algunos lo hacen para servir a la facultad, por ejemplo familiares de estudiantes que quieren colaborar de esa forma, otros porque fueron médicos o estudiaron allí, y están “los uruguayos solidarios”.

Un cuerpo puede ser utilizado desde un lunes hasta el fin de la semana y luego se deposita nuevamente en la tina. Esta también tiene su respectiva higiene. Quienes se encargan de las condiciones de mantenimiento del cuerpo y su espacio son los idóneos, preparadores del área biológica y docentes.

Los cuerpos están inscritos con su respectiva trazabilidad y cada uno lleva una cinta con su nombre.

¿Se cumple con la voluntad del difunto? No siempre. El problema aparece cuando la muerte no se da en las inmediaciones de Montevideo y más aún si es en un departamento lejano. Olivera explicó que a veces no se cuenta con los medios suficientes para trasladar al cuerpo, pese a que la facultad hace lo posible: “Es un problema de logística, la voluntad de la persona estuvo, pero no se pudo cumplir”. Tampoco se puede llevar el cuerpo a una institución más cercana, porque el único lugar donde se enseña anatomía con cadáveres es en esta facultad de la UdelaR. “Además suele pasar que la familia no está enterada de la voluntad de la persona”, agregó.

Entre las personas con las que no se pudo cumplir con su voluntad, cuenta el profesor, se encuentra el periodista y dramaturgo Florencio Sánchez, quien falleció en Italia pero que enunció en su testamento querer donar su cuerpo: “(…) sería para mí un honor único que un estudiante de medicina fundara su saber provechoso para la humanidad en la disección de cualquiera de mis músculos (…)”.

Para Olivera es un tema trascendente, “lo importante es la voluntad y solidaridad de la persona en vida”. “Lo ideal es que todos lleguen a la facultad, pero a veces por la logística no se puede y la distancia también perjudica” señaló. En contrapartida, si alguien quiere llevarse el cuerpo de la persona que decidió donarse, no puede, ya que iría en contra la voluntad de ésta. Explicó que en general eso no ha pasado, pero sí sucedió que hayan venido a ver el cuerpo a la facultad.

El profesor informó que los donantes son dos o tres por semana, a veces uno, pero indicó que “de aquí a que lleguen es otra cosa” porque puede pasar que no se enteran de la defunción, o la familia no sabía de su voluntad. Los restos sin destino o sin familiares pueden llegar a la facultad, pero hoy, según Olivera, son la minoría.

Lucrar con los cuerpos está penado por la ley, no se los puede alquilar ni vender. En cuanto a la toma de fotografías, no está permitido porque se considera que no es ético, se mantiene el respeto a los donantes.

Alejandra Garmendia