El asentamiento Mario Benedetti y la lucha por su regularización en Maldonado

POEMAS DEL HOY POR HOY

 

Corte del perimetral por vecinos del asentamiento Benedett. Foto: maldonadonoticias.com

Sí, hay que quemar cubiertas, hay que cortar calles para que seamos escuchados y seamos respetados de la misma forma que ustedes son respetados por nosotros”. Eran casi las 11 de la noche, y la delegación de vecinos del asentamiento Mario Benedetti, que estaba citada a las 8, comparecía nuevamente frente a la Comisión de Vivienda y Asentamientos de la Junta Departamental de Maldonado. La mujer, agotada por la espera y las promesas incumplidas, le sugirió a los ediles: “Les proponemos que el día de las elecciones ustedes salgan a quemar cubiertas y decir que existen, porque nosotros, desde el momento que quedó hecho un compromiso por parte de ustedes, jamás fuimos notificados de nada, de absolutamente nada”.

El asentamiento Mario Benedetti de Maldonado tiene más de una década sin luz, agua, ni una parada de ómnibus para llevar a los niños a la escuela. Sus habitantes aseguran que en todo ese tiempo nunca recurrieron a medidas de lucha violentas y siempre optaron por las vías institucionales, en constantes idas y venidas en entrevistas con las autoridades de la Intendencia de Maldonado (IM) y comparecencias en la Junta Departamental.

En mayo de este año, con el apoyo de otros asentamientos de la zona, cansados por lo que entienden como una sucesión de faltas de respeto y compromisos incumplidos por parte de las autoridades municipales, los vecinos del Benedetti cortaron la ruta perimetral de Maldonado y lograron ser atendidos por una sesión de la Junta Departamental.

La bancada oficialista impidió que el punto sobre tablas entrara al orden del día y sostuvo que los habitantes del asentamiento eran “manipulados por operadores políticos” con fines electorales. La sesión terminó de forma abrupta, con empujones y forcejeos entre ediles frentistas y de la oposición, y con los vecinos expulsados de las barras por la policía.

Medios fernandinos cubrieron la polémica sesión de la Junta local y reprodujeron extensamente las opiniones de ediles de los tres partidos políticos representados en ella. Para conocer mejor la realidad que se vive en el asentamiento Mario Benedetti, Sala de Redacción viajó a Maldonado y conversó con sus vecinos.

El asentamiento con nombre de poeta. El Mario Benedetti se levanta sobre la ladera de un cerro, al norte de la ciudad de Maldonado. Lo primero que se ve al llegar es el alto promontorio de una cantera de pedregullo. Atrás, un cartel rojo da la bienvenida al visitante, al pie de la calle principal. Recorriéndola, se deja atrás la soledad rural de la ruta y se ven hombres y mujeres trabajadoras que, junto a las casas y en los recodos del camino vecinal, van y vienen de sus labores cotidianas. Cada tanto, cuando sopla el viento desde el este, el olor penetrante de las chancherías cercanas envuelve el poblado.

Mezcla de barrio obrero con aldea rural, el Benedetti tiene sus casas de madera y chapa construidas entre los matorrales del cerro, muchas de ellas pintadas y adornadas con un esmero y una prolijidad que trampea lo precario de los materiales. La calle principal sube empecinada por la ladera y se abre en múltiples callecitas de tierra, que después de la lluvia quedan sembradas de charcos que dificultan el transitar.

Cerca del final de unas de esas callecitas, no muy lejos de la cima del cerro, Yessica, Héctor, José y Alexandra, vecinos del asentamiento, recibieron a SdR y allí, parados en la calle, enumeraron leyes, decretos y derechos, plantearon sus problemas, sacrificios y postergaciones, sin escatimar en propuestas, posibles soluciones y proyectos colectivos.

Vista del asentamiento. Foto: municipiomaldonado.gub.uy

En el Benedetti viven unas 120 familias, estimaron. “La mayoría son gente trabajadora que no podía pagar los alquileres de Maldonado y terminó viniendo para acá”, señaló Alexandra. En promedio, el costo de los alquileres en Maldonado ronda los 12 mil pesos, según se puede comprobar al consultar los precios disponibles en el mercado. Para una pareja obrera con hijos a cargo, afrontar esos costos se torna a veces un desafío insuperable. Ni que hablar si se trata de una familia monoparental.

Muchos de los habitantes del asentamiento trabajan en las chancherías que lo rodean, o se dedican a clasificación de residuos. También están los que desarrollan distintos oficios y los que les salen a las changas. La mayoría, sin embargo, trabaja en la construcción. Un dato que no es llamativo si se tiene en cuenta que en Maldonado esa actividad vivió un auge histórico en los últimos años. Para muestra basta un botón: en 2011 se invirtieron más de 700 millones de dólares sólo en la construcción de 55 grandes torres en Punta del Este, de acuerdo a lo que indicó El Observador, basado en fuentes oficiales.

Ese auge económico contrasta con la realidad de los que construyen los palacios puntaesteños y se encargan de su mantenimiento. Luego de bajarse del andamio o de guardar el delantal, muchos obreros y obreras vuelven a los cerca de 20 asentamientos que, de acuerdo a cifras oficiales, existen en Maldonado, donde viven con sus familias en casas de chapa y madera, en barrios sin acceso al agua corriente ni a la luz eléctrica, y siempre con el temor a cuestas de un posible desalojo.

Memoria institucional. En diciembre de 2012, después de un largo recorrido administrativo sin soluciones a la vista, los vecinos del Benedetti se reunieron con la Comisión de Viviendas y Asentamientos de la Junta fernandina. Citados a las 20, fueron recibidos a las 21:40 por una comisión menguada y agotada por escuchar problemáticas de otros asentamientos. Aquella vez manifestaron su preocupación por la propuesta de reubicación del asentamiento que les realizó en su momento el director de Integración y Desarrollo Social de la  IM, Carlos López.

La propuesta era de carácter verbal, no era claro si se trataba de una reubicación de carácter permanente o provisional, y sobretodo, no se sabía a ciencia cierta cuál era el predio que ofrecía la IM, o tan siquiera si ese predio existía realmente, plantearon los vecinos. Los ediles presentes se comprometieron a citar a López a una reunión en la Junta y a informarlos de inmediato sobre los planes del gobierno departamental para el asentamiento.

Seis meses después, desde el Benedetti volvieron a la Junta. Los ediles, que los hicieron esperar cerca de dos horas para recibirlos, no recordaban de qué se trataba el planteo de los vecinos, a los que nunca habían informado de las disposiciones de realojo planeadas por la IM. “Estoy tratando de hacer memoria” repetía Fernando Velázquez, edil por el Frente Amplio y presidente de la Comisión de Viviendas y Asentamientos, ante la exasperada delegación del asentamiento, de acuerdo a la versión taquigráfica a la que tuvo acceso SdR.

Esa fue uno de tantos olvidos y postergaciones a los que se les sometió, afirmaron los vecinos del Benedetti. Desde hace alrededor de una década, insisten en tres reivindicaciones: luz, agua y transporte. Manifestaron en múltiples oportunidades que quieren pagar por esos servicios, como cualquier ciudadano. “No queremos que nos regalen nada”, sentenciaron.

Si bien en este último tiempo se consiguió una de las reivindicaciones planteadas (un ómnibus que pase por el barrio) los otros dos reclamos, la luz y el agua corriente, siguen pendientes.

Las interminables idas y vueltas. Sin hacer caso al frío persistente de esa tarde invernal, la niña de Yessica y Héctor, una chiquita rubia de unos cuatro años, escuchó con atención el largo diálogo de los vecinos con SdR. La niña asiste al jardín 105, en Cerro Pelado. Es que en el asentamiento no hay niño que no asista a la escuela o al jardín, se enorgullecen sus habitantes. Sin embargo, hasta ahora no la tenían fácil. Las escuelas cercanas de la zona están a no menos de 4 kilómetros de distancia, al igual que la policlínica; el jardín está a 6 kilómetros. Hasta ahora, por el asentamiento no pasaban los ómnibus; para alcanzar la línea más cercana había que caminar tres kilómetros.

En su momento, los vecinos hablaron con la División de Tránsito y Transporte de la IM. Les dijeron que hablaran con las empresas de transporte. Lo hicieron; las empresas les dijeron que no tenían problema, pero necesitaban la autorización de la IM. “Así, tres años sin novedades”. Finalmente, las autoridades municipales anunciaron que pasará un ómnibus por la entrada del Benedetti, tres veces al día. En el asentamiento recibieron con alegría esta medida, que se concretará al cumplirse dos meses del piquete y la movilización a la Junta y después de 10 años de reclamos.

Los escolares también se ven afectados por la falta de una conexión regular a la luz. Buena parte de las tareas que las maestras encargan a los niños son para hacer con las laptops del Plan Ceibal. “Sin luz para cargar las ceibalitas los niños se atrasan con los deberes”, manifestaron los vecinos. La práctica extendida en las escuelas, dicen además, es que las maestras pidan a los niños que traigan las ceibalitas cargadas desde la casa.

En este punto las cosas no son muy diferentes. Desde la IM los mandan a hablar con UTE y desde el ente estatal aducen que el tema compete a la Intendencia. Sin respuestas concretas a su voluntad de regularizar su situación, los habitantes del Benedetti se “colgaron” de la luz, como es común en los asentamientos irregulares. Este año, ante las quejas de un cliente de la zona, UTE y la IM decidieron cortar el suministro que va hacia el Benedetti. Esa fue la gota que derramó el vaso y llevó a los vecinos a realizar el corte de ruta, práctica que siempre evitaron, sostienen.

Desde la IM y la bancada oficialista de la Junta se manifestó que la Intendencia no puede hacer nada en un terreno privado. SdR pudo confirmar que el terreno sobre el que se asienta el Benedetti está a nombre de una sociedad anónima. En los últimos diez años esa firma nunca presentó reclamos formales a la IM.

Sin embargo, asentamientos cercanos, en la zona de Los Eucaliptus y Nueva Esperanza, a pesar de estar construidos en parte sobre terrenos públicos, tampoco tienen tendido eléctrico. En Los Eucaliptus, luego de que la práctica de “colgarse” provocó la quema de dos transformadores, la UTE colocó dos cables que atraviesan el asentamiento. Tácitamente el ente estatal facilita así el “colgado” y preserva los transformadores, mientras se mantiene para los vecinos el peligro de esa situación irregular, que facilita la generación de accidentes e incendios, denunciaron a este medio habitantes de Los Eucaliptus.

Las “soluciones”. Dos veces al día suena una alarma en el asentamiento. Al mediodía y a última hora de la tarde, durante diez minutos. Acto seguido la cantera de pedregullo se sacude con fuertes detonaciones, y las piedras, de hasta medio metro de diámetro, caen junto a las casas más cercanas al camino. Del otro lado del cerro también hay una cantera, más grande; sus explosiones hacen temblar la tierra y el estruendo llega hasta Maldonado.

Ya hay un terreno adquirido por la Intendencia para reubicarlos, con luz, agua y saneamiento” manifestó la encargada del Área Asentamientos de la IM, Cristina Acuña, consultada acerca del asentamiento Mario Benedetti. En conversación con SdR, la jerarca no pudo precisar dónde se encuentra ese nuevo predio, aunque aseguró que está en las cercanías del terreno ocupado actualmente.

Los vecinos del Benedetti no son tan optimistas y afirman que se trata de un campo “pelado” detrás del cerro sobre el que se asienta el Benedetti, más lejos aún de la perimetral y de la ciudad. Es “demasiado chico”, afirmaron además. “Nos condenan a vivir hacinados” manifestaron, ya que de acuerdo a sus cálculos con ese terreno para todo el asentamiento no alcanzarían el mínimo nacional de metros cuadrados por familia. Dicen que de 85 familias consultadas, sólo 17 estaban dispuestas a realizar la reubicación voluntaria y provisoria que la IM les ofrece.

El agua para el barrio está en unos tanques junto a la placita que los vecinos construyeron en el centro del barrio, con juegos para los niños. Los camiones de una empresa privada contratada por la Intendencia llenan los tanques tres veces por semana. “Aunque en verano había veces que no venían”, dice Alexandra, que también señaló que más de una vez tuvieron que ir a hablar a la Intendencia porque el agua venía sucia o la volcaban arriba del agua vieja, que no cambiaban. Los tanques proveen de 4000 litros de agua a las 120 familias.

Cuando colocaron los tanques, en 2012, las autoridades municipales anunciaron que sería “una solución transitoria”, según consigna FM Gente. El costo para la IM de abastecer al Benedetti contratando esos camiones se estimó en unos 3 mil dólares mensuales.

Según José, el costo del metro de perforación para hacer un pozo para extraer agua en la zona anda apenas por los 100 dólares. Sin embargo, a dos meses de la polémica sesión de la Junta, a dos años de colocados los tanques y a tres de comenzado el reclamo, la “solución transitoria” se perpetúa y acarrea costos para la Intendencia y dolores de cabeza para los vecinos.

¿Manipulación electoral?, Ese candidato -lo podemos nombrar es el señor Antía- cuando recorre el barrio les dice ‘vayan a la Intendencia’”, dijo a Radio Maldonado Daniel Montanelli, edil frenteamplista, en referencia a los motivos de la movilización de los vecinos del Benedetti hacia la Junta de Maldonado. Montanelli, al igual que el resto de la bancada frenteamplista local, estima que los habitantes del asentamiento son manipulados por Enrique Antía, ex intendente de Maldonado por el Partido Nacional, de cara a la campaña electoral de este año.

Consultados en ese sentido, los vecinos ni se inmutan: “Es mentira, y ellos lo saben”, dijeron y negaron tener cualquier contacto con Antía. “La prueba está en que estamos movilizándonos desde mucho antes de la campaña electoral”, afirma Yessica. Cuando SdR llegó al barrio, lo primero que vio al llegar al centro del asentamiento fue una bandera de Otorgués, que flameaba en lo alto de una de las casas ubicadas al centro del barrio. A escasos metros, un cartel de un político colorado cubría la pared lateral de una vivienda cercana.

Esa diversidad fue destacada por Héctor, militante comunista y de la construcción “de toda la vida”. En el Movimiento Vecinal del Benedetti “hay de todo”, señaló y cada uno tiene su corazoncito partidario. Pero a la hora de manejarse en el tratamiento de los problemas del barrio, sus integrantes tienen una regla de oro: “por un lado los problemas colectivos, por otro las preferencias políticas de cada uno”. Aunque mantienen conversaciones con todas las bancadas departamentales, se mostraron muy descreídos de la política institucional.

Por el Frente Amplio vinieron en elecciones pasadas” y dijeron que “ellos se iban a encargar” de encontrar las soluciones para los problemas del asentamiento. Los vecinos aún las esperan. Los partidos tradicionales aparecen frecuentemente durante la campaña. “Te decían que no venían a hacer política… pero te dejaban la listita”, comenta Héctor, “venían dos días antes a decirte a ver si se podía hacer una chorizada, sí cómo no, les dijimos. La hicieron y después no los vimos nunca más por acá” cuenta, y se ríe: “Eso sí, muy ricos los chorizos”.

El Movimiento Vecinal Mario Benedetti, ocupa el lugar que dejó la frustrada Comisión Vecinal del barrio. Cada 15 días se reúnen en la placita, junto a los tanques de agua y allí, sin presidente ni tesorero, abordan los problemas del asentamiento. Así buscan evitar los protagonismos, dicen. Lo que sí tienen es un vocero, designado entre todos, al que echan mano si hay que hablar con los medios.

No hace mucho el asentamiento saltó a la radio y la televisión con dos resonados casos policiales. Los medios, que miran para otro lado cuando se reclama agua, luz o transporte, llegaron enseguida a hacer preguntas e informaron con grandes titulares las tragedias, en un barrio que, por otra parte, es muy tranquilo, aseguran los vecinos. Aquella vez prefirieron no hacer declaraciones ante cámaras. Los medios te “amarillean”, afirmaron. En el Benedetti todos se acuerdan muy bien de cuando en canal 11 de Maldonado, un periodista informó que los habitantes del asentamiento “vivían como indios”.

Las respuestas que faltan. Son 589 los asentamientos irregulares en Uruguay y en ellos viven más de 165 mil personas, de acuerdo al INE y el MVOTMA, en base a datos del censo 2011. Sin embargo, para la ONG Techo y la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, los uruguayos que viven en asentamientos son más de 260 mil y en los últimos años se registra un crecimiento de la población asentada, de acuerdo al Catastro Nacional de Asentamientos Irregulares.

Los asentamientos son un tema de polémica no sólo a la hora de contarlos. También lo son al momento de buscar soluciones para sus habitantes. Incluso en un departamento como Maldonado, que de acuerdo al Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y Administración de la UdelaR “es una de las economías departamentales más importantes del país”, con un papel destacado en el turismo, la minería y la construcción a nivel nacional.

Según cifras que dio a conocer en 2011 el asesor turístico de la IM, Ramón de Isequilla, y que recogieron medios fernandinos, en ese departamento se movieron aquel año más de 4 millones de dólares por día sólo en operaciones de compraventa en el sector inmobiliario. Entre enero de 2009 y mayo de 2011 esa actividad alcanzó los 2.839 millones de dólares, en un ciclo de auge sin precedentes para el departamento esteño y la economía nacional.

Hace casi 80 años, el escritor alemán Bertolt Brecht repasaba la historia universal y se preguntaba “¿Quién construyó Tebas, las de la siete puertas?/En los libros figuran sólo los nombres de reyes/ ¿Acaso arrastraron ellos bloques de piedra?/ Y Babilonia, mil veces destruida, ¿quién la volvió a levantar otras tantas?/ quienes edificaron la dorada Lima, ¿en qué casas vivían?/ ¿Adónde fueron la noche en que se terminó la Gran Muralla, sus albañiles?/ Llena está de arcos triunfales Roma la grande. Sus césares ¿sobre quienes triunfaron?/ Bizancio tantas veces cantada, para sus habitantes ¿sólo tenía palacios?…”.  El poema se llamaba Preguntas de un obrero que lee y terminaba así: “Un triunfo en cada página. ¿Quién preparaba los festines?/ Un gran hombre cada diez años. ¿Quién pagaba los gastos?/ A tantas historias, tantas preguntas“. Quizás, en el Mario Benedetti, así como en los demás asentamientos y barrios obreros que engrosan la capital fernandina, encontremos algunas de esas respuestas que faltan en estos tiempos de crecimiento económico.

Francisco Claramunt