Mariano Arana y los cien años de la SAU

UNA ARQUITECTURA QUE CRECE

Mariano Arana. Foto tomada de: http://www.iab.org.br/

Con motivo de los cien años de la creación de la Sociedad de Arquitectos del Uruguay (SAU), Sala de Redacción (SdR) habló con el arquitecto Mariano Arana (quien presidió la Comisión de Patrimonio Histórico, Artístico y Cultural de la Nación) sobre lo que representa este aniversario y cómo se ha construido el patrimonio de nuestro país en este período.

-¿Qué significa que la SAU cumpla cien años?

-Hay que destacar lo importante que es que un país como Uruguay este celebrando los cien primeros años de dicha constitución en tanto gremio. [La SAU] es una de las instituciones gremiales representativas de la arquitectura, pionera en América Latina. Por otra parte, es interesante señalar que el gremio se forma antes que la propia Facultad de Arquitectura -constituida en tanto tal-. No es que no hubiera formación de arquitectos, porque hubiera sido insensato pensar que podía hacer un gremio de arquitectos si no hay arquitectos diplomados. Pero la Facultad como escuela independiente se forma un año después. La existencia del gremio fue fundamental para que la independencia de la arquitectura se lograra.

-En estos cien años  ¿cómo se ha constituido el patrimonio de nuestro país?

-La ley de 1971, número 14.040, creó una comisión especial por decisión parlamentaria para preservar una serie de obras arquitectónicas, se creaba bajo el nombre de Monumento histórico y el criterio era señalar aquellos edificios que según su valor estético o por su importancia -porque cuidaban el escenario de sucesos históricos de relevancia en el país- merecían el grado de tutela. Hoy en día hablamos más bien de monumentos culturales, tratando de abarcar con un sentido mayor, porque no necesariamente todos los escenarios donde se producen hechos históricos relevantes deben ser declarados patrimonio. En un principio estaban referidos a guerras, a personajes de relevancia dentro del proceso de evolución del país. Hoy en día ese concepto ha ido variando, no solo está pensado para tutelar obras artísticas, sino que va mucho más allá de ello, para tratar de abarcar no solamente edificios aislados sino entornos o conjuntos urbanos, estructuras catastrales. Efectivamente hay una riqueza muy grande en el país de edificios de muy señalable consideración.

-¿Se ha mantenido un mismo criterio a la hora de considerar el patrimonio?

-Las consideraciones acerca del patrimonio varían en el tiempo. Algunos edificios se han perdido porque no siempre las apreciaciones acerca de los valores testimoniales desde el punto de vista estético, histórico y cultural fueron considerados con el mismo énfasis que se los considera de pronto hoy y quién sabe si algunos edificios que fueron demolidos en su momento, con una comisión o una ley respectiva se podían demoler.

-Además del peso histórico y cultural ¿debe haber un factor artístico?

-Ese factor cuenta y cuenta mucho, de todas maneras las apreciaciones estéticas y artísticas cambian con el tiempo y alguna gente no admite que ese deba ser un factor a contemplar  frente al peso y las apetencias del mercado, porque se entiende que así se le da trabajo a la gente, esos criterios que creo son falaces. No necesariamente todo lo que es nuevo vale ni todo lo que es viejo vale, a las obras no se las defiende por su antigüedad sino por su valor estético y por su pertinencia para el sitio donde la obra está localizada, si la obra mejora o desmejora el entorno urbano. Por otra parte, hay cosas que no tienen un valor estético, pero que genera identidad para los pobladores. Pasó algo que debería de ser una lección para todos los universitarios y particularmente los diplomados como arquitectos. Sucedió hace unos pocos meses atrás que la propia gente, no la Facultad de Arquitectura, no la Sociedad de Arquitectos, no el Ministerio de Educación, no la Intendencia, sino la gente, reclamó que no se tirara abajo el edificio de Assimakos. Yo valoro muchos edificios, no necesariamente ese, pero no deja de ser una lección de lo que siempre afirmamos; que una ciudad no es solamente la estructura física sino también las poblaciones las que le dan vigencia a una ciudad.

-¿El patrimonio debe tener una calidad funcional?

-Sí, seguro. Lo que puede pasar es que se cambien las funciones y el edificio llegue a tener un significado distinto al que primigeniamente tuvo. Se mantiene la cascara de manera intacta pero el contenido puede ser totalmente distinto.

-¿Cuáles son los factores que llevan a que edificaciones de gran reconocimiento popular no lleguen a ser declaradas patrimonio y terminen siendo derrumbadas?

-Por lo general las grandes pérdidas del patrimonio se dan por razones especulativas y de presión inmobiliaria. El año pasado perdimos una soberbia obra en Boulevard España y Requena, no solo se perdió una vieja residencia con una factura arquitectónica notable de fuerte influencia Art Nouveau, sino que se demolió y se hizo una construcción que todavía ni sabemos cómo será. El único edificio en toda la cuadra va a generar una distorsión en el tramo urbano, porque al final de cuentas los edificios no valen por si mismo sino por el contexto en el que se los resuelve.

Otras de las construcciones que es una pérdida extraordinaria es la Caja de Obreros y Empleados Civiles de la Nación que estaba en la esquina noroeste de la calle Piedras y Zabala detrás de lo que hoy es la Banco Republica y en la misma manzana donde se conserva la vieja Aduana Colonial y la vieja Atarazana, prácticamente ruinoso hoy en día, que cobijaba talleres vinculados a la navegación. En esta caso, fue también por una decisión institucional pública, tratando de darle aire y perspectiva al Banco Republica. Los criterios van variando, habitualmente lo que se hace es perder muchas cosas importantes por presiones clarísimamente vinculadas a la especulación inmobiliaria.

-¿Cómo entra acá el caso del Cilindro?

-Pudo haber sido considerado un edificio para preservar. Después del colapso donde se le cae el techo vino la duda si se mantenía o no, en este caso era muy difícil devolverlo a lo que anteriormente era.

-¿Cómo convive hoy lo antiguo con lo moderno?

-Un ejemplo excelente es el tramo de la Rambla Portuaria en 25 de Agosto entre Juan Carlos Gómez y Bartolomé Mitre, en donde hay varios edificios dos de ellos monumento histórico; la casa Lecocq en la esquina de Juan Carlos Gómez -colonial-, y el otro de la época de la Cisplatina que es el museo histórico; la casa de los Giménez. Hoy son dos cooperativas por ayuda mutua que, entre una y otra, forman cincuenta y tres unidades de vivienda muy bien hechas. Controlado por la comisión de patrimonio, le admiten que la casa Lecocq se transforme en vivienda popular y permitieron que se cambiara la construcción manteniendo el sistema en sus aspectos teóricos conceptuales y se genero un producto muy serio, frente a las bóvedas. Entonces hay un entorno histórico donde se conjuga lo colonial, lo cisplatino, lo de la temprana República y lo nuevo, siendo una propuesta arquitectónica muy válida, además la Intendencia, como nunca, hace un diseño del equipamiento urbano absolutamente ejemplar y la gente está contentísima. Un ejemplo de cómo el patrimonio nuevo y el patrimonio viejo se pueden conjugar por acciones comunes entre ámbitos nacionales, como la comisión de patrimonio de la Intendencia de Montevideo, el Ministerio de Vivienda y los institutos de asistencia que son privados.

-¿Otro caso puede ser la nueva construcción de la Facultad de Información y Comunicación, donde se mantiene intacta la iglesia?

-Claro, tal cual. Porque una de las condiciones era que la iglesia se mantenga tal cual y el portal del otro lado de la iglesia también, es una inspiración porque está basado en ciertas propuestas eclesiásticas del románico francés del sur, ese portal que es muy lindo, ya esta reconstruido y va a ser una de las entradas del nuevo complejo. Eso es lo que pueden tener de interés las acciones sobre el patrimonio existente; que no necesariamente debe ser incontaminado, sino que puede ser transformado en la medida que lo viejo y lo nuevo se enriquezcan mutuamente y de pronto, de las dos posturas, surja algo superior a lo inicial y superior a lo que podría haber sido un edificio nuevo.

-¿Hay construcciones actuales que tengan un fin patrimonial, en cuanto el impacto que podrían llegar a causar?

-Nadie hace una obra con fin patrimonial. Si me preguntas si hay arquitectos que tratan de sacar buenos resultados con las limitaciones económicas y las limitaciones del propietario, sí hay. Cuando un arquitecto tiene calidad y sensibilidad es capaz de hacer cosas con cualquier material. La mejor caracterización que se le puede dar a un arquitecto es que alguien diga “este edificio parece que hubiera estado siempre ahí”.      

Joaquín Castro