Mesa redonda en Facultad de Psicología sobre el conflicto israelí­-palestino

PA(Z)LESTINA

“Palestina: Paz y Justicia” fue la propuesta de la mesa redonda organizada por el Instituto de Fundamentos y Métodos en Psicología de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República. Contó con la ponencia de Alejandro Hamed, profesor de historia especializado en el tema, Mariana Labastie, directora ejecutiva de Amnistía Internacional (AI) en Uruguay, y Miguel Scapusso, psicólogo e integrante del Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ). Los moderadores fueron Ana María Araújo e Ismael Apud, docentes de la facultad.

Antes de comenzar, Araújo aclaró la naturaleza del evento: “No es un acto antisemita, es un acto por la defensa de los pueblos”, y dio paso a Hamed, quien además integra la Comisión de Apoyo al Pueblo Palestino (CAPP­ – Uruguay).

Colonización de Palestina. Finalizada la Primera Guerra Mundial, los líderes de Gran Bretaña y Francia firmaron un documento conocido como el Acuerdo Sykes­Picot, donde establecieron el reparto de los territorios de Oriente Medio tras la caída del Imperio Otomano. Si bien se trataba de un acuerdo secreto entre estas dos naciones victoriosas, el ruso León Trotsky ordenó que se diera a conocer.

Francia se quedó con la Siria de hoy y su zona costera, que se convertiría en el Líbano actual mientras que ejercería su influencia hasta Mosul. Los británicos obtuvieron Basora y Bagdad y un ámbito de influencia hasta Persia (futuro Irán.). Finalmente quedaba Palestina que fue adjudicada a los británicos por mandato de la Sociedad de las Naciones.[1] Y, de modo cauteloso, el imperio británico alentaba a los judíos a establecer un futuro estado judío en Palestina, mediante la llamada Declaración Balfour.[2]

En 1920 más de 40 mil árabes salen a protestar pacíficamente la inmigración de europeos, principalmente hebreos, a territorio palestino. Una década posterior se convierte en un levantamiento armado, los árabes e enfrentan a las autoridades británicas pero caen derrotados.

Mientras Hamed exponía acerca de la colonización de la Palestina histórica, justo arriba de su cabeza se proyectaba un gran mapa de la ocupación que marcaba cómo, a través de los años, Palestina fue perdiendo territorio. Tras el Plan de participación Peel en 1937 ,se crea el Estado de Israel pero no el Palestina y la Palestina histórica se reduce en un 20%. Tres años más tarde se emite un documento que permitía a los judíos emigrar a Palestina cuando deseen. Y en 1940 comienzan los actos terroristas a manos de sionistas paramilitares.

El porcentaje de territorio palestino vuelve a reducirse, de 80% pasa a 44% con la puesta en práctica del Plan de Participación de la ONU en 1947. Veinte año más tarde pierde la mitad y en 2000 sólo queda un 12% de la Palestina histórica. No sólo la elocuencia de los números es impactante, también lo son los distintos mapas a lo largo de los pocos años (1946-­2000). Palestina está simbolizada con el verde e Israel de blanco. Cuando uno ve el mapa actual, el territorio correspondiente a Palestina es como ver una mosca en la leche. Leche israelí.

Los Derechos Humanos son ateos. La directora ejecutiva de Amnistía Internacional (AI) en Uruguay leyó un discurso de varias páginas, donde pidió con voz dulce pero firme que se respete el Derecho Internacional Humanitario[3] para que haya justicia en Gaza. AI se opone a la operación israelí “Margen protector”, operación militar que lleva adelante las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) en la Franja de Gaza desde el 8 de julio de este año con el único objetivo, según la IDF, de atacar a Hamás, y dar fin a los ataques de cohetes a Israel.

Labastie indicó que para que exista una guerra, en la casi totalidad de los casos, tiene que haber armas y alguien que las sumistre. Por tal motivo, AI le pide a Estados Unidos que suspenda las transferencias y abastecimiento de armas a Israel. Nuevamente, Labastie exige justicia, y terminar con la impunidad. Insta a la Corte Internacional de Derechos Humanos a investigar y también reclama que se permita el ingreso a AI y demás organizaciones de derechos humanos a los territorio ocupados , petición que Israel deniega, por lo que pide a las autoridades israelíes que adhieran al Estatuto de Roma.[4]

Consultada desde la platea  sobre si AI reconoce a Palestina como Estado, Labastie responde que están trabajando para que la ONU lo reconozca, porque ellos ya lo consideran como tal. Otra asistente insiste que los derechos humanos son para los civiles palestinos que están sufriendo un genocidio, pero la representante de AI discrepa y aclara que los derechos humanos no distinguen raza, ni religión, ni nacionalidad. Ella pide que se respeten para todos por igual. Pero la señora del público, que lleva una bandera de Palestina como babero, no se convence y asegura que “en Israel no hay civiles. Es una sociedad militarizada con un ejército de 6 millones de combatientes”. Labastie prefiere no seguir con la discusión pero vuelve a reiterar su postura y la de su organización.

Estado de excepción, banalidad del mal y terrorismo. El integrante del SERPAJ, Miguel Scapusso, fue el último en hablar. Decidió, al igual que Labastie, leer su discurso. Para Scapusso el conflicto israelí­-palestino se explica en una trilogía de conceptos: el Estado de excepción de Giorgio Agambe, la banalidad del mal de Hannah Arendt y el terrorismo acuñado por Noam Chomsky. Según Agambe el Estado de excepción tiende a confundirse con la regla, las instituciones y, los precarios equilibrios de los sistemas políticos democráticos ven amenazado su funcionamiento hasta el punto de que la propia frontera entre democracia y absolutismo parece borrarse. No existe orden jurídico. Scapusso cita a Arend y su banalidad del mal para expresar que algunos individuos actúan dentro de las reglas del sistema al que pertenecen sin reflexionar sobre sus actos. No se preocupan por las consecuencias sino sólo por el cumplimiento de las órdenes. Y por último, el término terrorismo de Chomsky refiere a la amenaza o al uso de la violencia, por lo general, con fines políticos y en contra de civiles no ­combatientes.

“En esta democracia se mata y se extermina en nombre de los derechos humanos. El pasado no sirve y se pretende dar vuelta la página”, declaró Scapusso.

En 2011, la Asamblea General de la Unesco admitió en su seno a Palestina como Estado miembro. 107 de los 194 estados miembros de la ONU votaron a favor, 14 en contra y 52 se abstuvieron. Scapusso menciona que Israel y Estados Unidos se mostraron contrarios a este pronunciamiento siendo este último el mayor contribuyente de la Unesco. El país del norte dejó de aportar a la organización, lo que supuso una reducción de un 22% del presupuesto, porque una ley federal prohíbe financiar a las agencias de la ONU que reconozcan a Palestina como Estado. Scapusso sostiene que Israel “es el único país del mundo actual que no declara sus límites geográficos; con que haya un colono judío en una parte del territorio alcanza para decir que se está en territorio judío”.

Un judío y un palestino. Si bien, parecía que todos estaban a favor de Palestina, no solo por el aplausómetro durante los discursos sino porque había más de uno con distintivos rojos, verdes y negros, en el público, más precisamente en primera fila, había un judío humanista editor del mensuario Identidad. Este hombre que se declaró ateo y contrario al actual gobierno de Israel, es fiel creyente en los derechos humanos. Recuerda el asesinato de Isaac Rabin en 1995 a manos del judío extremista Yigal Amir, perteneciente a la derecha radical israelí y opuesto a las ideas de entregar territorios a cambio de la paz. Este judío humanista, de más de 70 años ,desea esa paz porque entiende que no hay nada que divida a un israelí de un palestino.

Unas filas más atrás, y embanderado con el típico pañuelo con los colores de Palestina, habla en pésimo español un palestino que nació 1941 pero que a los 7 años fue expulsado. “Yo, como palestino, no tengo derecho a ir a Palestina. Los judíos nos odian, nos persiguen. No tenemos salud, ni escuela. No podemos ir a nuestras mezquitas. No queremos guerra, solo resistimos a una ocupación muy dolorosa”, cuenta emocionado. Pide ayuda, pide despertar y una convivencia pacífica para toda la humanidad donde se defienda la vida.

El micrófono pasa de mano en mano y la gente se desespera por hablar, pero ya no hay tiempo. Los moderadores prestan el micrófono pero sólo por dos minutos. Una mujer recuerda que Uruguay reconoció a Palestina como estado independiente y pide que se rompan relaciones con Israel y que se coloque la embajada en Palestina. Un descendiente libanés entiende que Israel no solo es criminal con los palestinos también lo es con los judíos comunistas.

“Israel es el brazo armado del Imperio”, alcanza a decir en sus minutos. Para cerrar, una integrante de CAPP­-Uruguay menciona a Mekorot, y pide atención y que recordemos ese nombre. Se trata de la compañía nacional de agua de Israel fundada en 1937 que provee el 80% del agua potable de Israel y el 70% del abastecimiento de agua. “Estemos alerta porque vienen a llevarse nuestros recursos. Mekorot ya está en Uruguay”, asegura y aconseja que si algo podemos hacer desde nuestro lugar, tan lejano al conflicto, es “frenar la embestida de Israel en Latinoamerica”.

Lucía Piñeyro

[1] La Sociedad de Naciones fue un organismo internacional creado por el Tratado de Versalles el 28 de junio de 1919. Se proponía establecer las bases para la paz y la reorganización de las relaciones internacionales una vez finalizada la Primera Guerra mundial.

[2] La Declaración Balfour fue una manifestación formal del gobierno británico publicada el 2 de noviembre de 1917 en la que el Reino Unido se declaraba favorable a la creación de un hogar nacional judío en Palestina.

[3] El Derecho internacional humanitario (DIH) es la agrupación de las distintas normas, en su mayoría reflejadas en los Convenios de Ginebra en 1949, que tienen como objetivo principal la protección de las personas que no participan en hostilidades o que han decidido dejar de participar en el enfrentamiento. Estas normas son obligatorias tanto por los gobiernos y los ejércitos participantes en el conflicto como por los distintos grupos armados de oposición o cualquier parte participante en el mismo.

[4]El Estatuto de Roma es el instrumento constitutivo de la Corte Penal Internacional. Fue adoptado en la ciudad de Roma, Italia, el 17 de julio de 1998. Hoy día cuenta con la adhesión de un centenar de naciones.

 

Palestina: Paz y Justicia es el nombre de la mesa redonda organizada por el Instituto de 

fundamentos y métodos en psicología de la Facultad de Psicología de la Universidad de la

República. Contó con la ponencia de Alejandro Hamed, profesor de historia especializado en

el tema; Mariana Labastie, directora ejecutiva de Amnistía Uruguay; y Miguel Scapusso,

psicólogo y miembro del SERPAJ (Servicio de Paz y Justicia). Los moderadores fueron Ana

María Araujo e Ismael Apud, docentes de la facultad.

Antes de comenzar, Araujo aclaró la naturaleza del evento:“no es un acto antisemita, es un

acto por la defensa de los pueblos”, y dio paso al primer expositor Alejandro Hamed,

integrante de la Comisión de Apoyo al Pueblo Palestino (CAPP­Uruguay)

Colonización de Palestina

Finalizada la Primera Guerra Mundial, los líderes de Gran Bretaña y Francia firmaron un

documento conocido como el Acuerdo Sykes­Picot, donde establecieron el reparto de

los territorios de Oriente Medio tras la caída del Imperio Otomano. Si bien se trataba de un acuerdo

secreto entre estas dos naciones victoriosas, el ruso León Tolstói ordenó que se diera a conocer.

Francia se quedó con la Siria de hoy y su zona costera que se convertiría en el Líbano actual

mientras que ejercería su influencia hasta Mosul. Los británicos obtuvieron Basora y Bagdad y un

ámbito de influencia hasta Persia (futuro Irán.). Finalmente quedaba Palestina que fue adjudicada a

los británicos por mandato de la Sociedad de las Naciones.[1] Y, de modo cauteloso, el

imperio británico alentaba a los judíos a establecer un futuro estado judío en Palestina,

mediante la llamada Declaración Balfour.[2]

En 1920 más de 40 mil árabes salen a protestar pacíficamente la inmigración de europeos,

principalmente hebreos, a territorio palestino. Una década posterior se convierte en un

levantamiento armado, los árabes e enfrentan a las autoridades británicas pero caen

derrotados.

Mientras el historiador, Alejandro Hamed, exponía acerca de la colonización de la

Palestina histórica, justo arriba de su cabeza se proyectaba un gran mapa de la

ocupación que marcaba como, a través de los años, Palestina fue perdiendo territorio.

Tras el Plan de participación Peel en 1937 se crea el Estado de Israel pero no el

Palestina y la Palestina histórica se reduce en un 20%. Tres años más tarde se emite un

documento que permitía a los judíos emigrar a Palestina cuando deseen. Y en 1940

comienzan los actos terroristas a manos de sionistas paramilitares.

El porcentaje de terrorio palestino vuelve a reducirse, de 80% pasa a 44% con la puesta

en práctica del Plan de Participación de la Onu en 1947. Veinte año más tarde pierde la

mitad y en 2000 sólo queda un 12% de la Palestina histórica.

No sólo la elocuencia de los números es impactante, también lo son los distintos mapas

a lo largo de los pocos años (1946­2000). Palestina está simbolizada con el verde e

Israel de blanco. Cuando uno ve el mapa actual, el territorio correspondiente a Palestina

es como ver una mosca en la leche, leche israelí.

Los Derechos Humanos son ateos

Mariana Labastie, directora ejecutiva de Amnistía Internacional (AI), lee un discurso de varias

páginas, donde pide con voz dulce pero firme que se respete el Derecho Internacional

Humanitario[3] para que haya justicia en Gaza.

AI se opone a la operación israelí “Margen protector”. Esta operación militar es llevada a

cabo por las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) en la Franja de Gaza desde el 8 de julio de este

año con el único objetivo, según la IDF, de atacar a Hamás, y dar fin a los ataques de cohetes a

Israel.

Para que exista una guerra, en la casi totalidad de los casos, tiene que haber armas y alguien que

las sumistre. Por tal motivo, AI le pide a Estados Unidos que suspender las transferencias y

abastecimiento de armas a Israel.

Nuevamente Labastie exige justicia, pero esta vez viene acompañaba de la palabra: impunidad y

pide terminar con ella. Insta a la Corte Internacional a investigar pero también ruega que se

permita el ingreso a AI y a demás organizaciones de Derechos Humanos a entrar a los territorio

ocupados, petición que Israel denega por lo que pide a las autoridades israelíes que adhieran al

Estatuto de Roma.[4]

Desde la platea le preguntan a Labastie si AI reconoce a Palestina como Estado, ella responde que

están trabajando para que la ONU lo reconozca porque ellos ya lo consideran como tal. Otra

asistente insiste que los DDHH son para los civiles palestinos que están sufriendo un genocidio. La

representante de AI discrepa y aclara que los DDHH no distinguen raza, ni religión, ni

nacionalidad. Ella pide que se respeten para todos por igual. Pero la señona del público, que lleva

una bandera de Palestina como babero, no se convence y asegura que “en Israel no hay civiles.

Es una sociedad militariazada con un ejército de 6 millones de combatientes”.

Labastie prefiere no seguir con la discusión pero vuelve a reiterar su postura y la de su

organización.

Estado de excepción, banalidad del mal y terrorismo

El miembro del SERPAJ, Miguel Scapusso, fue el último en hablar. Decidió, al igual que

Labastie, leer su discurso.

Para Scapusso el conflicto sraelí­palestino se explica en una trilogía de conceptos, a ser:

el Estado de excepción de Giorgio Agambe, la Banalidad del mal de Hannah Arendt y

Terrorismo acuñado por Noam Chomsky.

Según Agambe el estado de excepción tiende a confundirse con la regla, las instituciones y, los

precarios equilibrios de los sistemas políticos democráticos ven amenazado su funcionamiento

hasta el punto de que la propia frontera entre democracia y absolutismo parece borrarse. No existe

orden jurídico. Scapusso cita a Arend y su banalidad del mal para expresar que algunos individuos

actúan dentro de las reglas del sistema al que pertenecen sin reflexionar sobre sus actos. No se

preocupan por las consecuencias sino sólo por el cumplimiento de las órdenes. Y por último, el

término territismo de Chomsky refiere a la amenaza o al uso de la violencia, por lo general, con

fines políticos y en contra de civiles no­combatientes.

“En esta democracia en nombre de los DDHH se mata y se extermina. El pasado no sirve

y se pretende dar vuelta la página”, lee en su discurso el psicólogo Scapusso.

En 2011, la Asamblea General de la Unesco admitió en su seno a Palestina como Estado

miembro, 107 de los 194 estados miembros de la organización de la ONU votaron a

favor, 14 en contra y 52 se abstuvieron. Scapusso menciona que Israel y Estados Unidos

se mostraron contrarios a este pronunciamiento siendo este último el mayor

contribuyente de la Unesco. El país del norte dejó de aportar a la organización, lo que

supuso una reducción de un 22% del presupuesto, porque una ley federal prohíbe

financiar a las agencias de la ONU que reconozcan a Palestina como Estado.

Scapusso sostiene que Israel: “es el único país del mundo actual que no declara sus límites

geográficos; con que haya un colono judío en una parte del territorio alcanza para decir

que se está en territorio judío”.

Un judío y un palestino

Si bien, parecía que todos estaban a favor de Palestina, no solo por el aplausómetro

durante los discursos sino porque había más de uno con distintivos rojos, verdes y

negros, en el público, más precisamente en primera fila, había un judío humanista editor

del mensuario Identidad. Este hombre que se declaró ateo y contrario al actual gobierno de

Israel, es fiel creyente en los DDHH. Recuerda el asesinato de Isaac Rabin en 1995 a manos

del judío extremista Yigal Amir, perteneciente a la derecha radical israelí y opuesto a las ideas de

entregar territorios a cambio de la paz, esa paz que este judío humanista, de más de 70 años desea

y entiende que no hay nada que divida a un israelí de un palestino.

Unas filas más atrás, y embanderado con el típico pañuelo con los colores de Palestina, habla en

pésimo español, un palestino que nació 1941 pero que a los 7 años fue expulsado. “Yo

como palestino no tengo derecho a ir a Palestina. Los judíos nos odian, nos persiguen.

No tenemos salud, ni escuela. No podemos ir a nuestras mezquitas. No queremos

guerra, solo resistimos a una ocupación muy dolorosa”, cuenta emocionado. Pide ayuda,

pide despertar y una convivencia pacífica para toda la humanidad donde se defienda la

vida.

El micrófono pasa de mano en mano y la gente se desespera por hablar pero ya no hay tiempo. Los

moderadores prestan el micrófono pero sólo por dos minutos. Una mujer recuerda que Uruguay

reconoció a Palestina como estado independiente y pide que se rompan relaciones con

Israel y que se coloque la embajada en Palestina. Un descendiente libanés entiende que

Israel no solo es criminal con los palestinos también lo es con los judíos comunistas.

“Israel es el brazo armado del Imperio”, alcanza a decir en sus minutos.

Para cerrar, una integrante de CAPP­ Uruguay desde la década del 60 menciona a

MEKOROT, con K, nos pide atención y que recordemos ese nombre. Se trata de la compañía

nacional de agua de Israel fundada en 1937 que provee el 80% del agua potable de Israel y el 70%

del abastecimiento de agua. “Estemos alerta porque vienen a llevarse nuestros recursos.

Mekerot ya está en Uruguay”, asegura y aconseja que si algo podemos hacer desde nuestro

lugar, tan lejano al conflicto, es “frenar la embestida de Israel en Latinoamerica”.

Lucía Piñeyro

[1] La Sociedad de Naciones fue un organismo internacional creado por el Tratado de Versalles el

28 de junio de 1919. Se proponía establecer las bases para la paz y la reorganización de las

relaciones internacionales una vez finalizada la Primera Guerra mundial.

[2] La Declaración Balfour fue una manifestación formal del gobierno británico publicada el 2 de

noviembre de 1917 en la que el Reino Unido se declaraba favorable a la creación de un hogar

nacional judío en Palestina.

[3] El Derecho internacional humanitario (DIH) es la agrupación de las distintas normas, en su

mayoría reflejadas en los Convenios de Ginebra en 1949, que tienen como objetivo principal la

protección de las personas que no participan en hostilidades o que han decidido dejar de participar

en el enfrentamiento. Estas normas son obligatorias tanto por los gobiernos y los ejércitos

participantes en el conflicto como por los distintos grupos armados de oposición o cualquier parte

participante en el mismo.

[4]El Estatuto de Roma es el instrumento constitutivo de la Corte Penal Internacional. Fue adoptado en la ciudad de

Roma, Italia, el 17 de julio de 1998. Hoy día cuenta con la adhesión de un centenar de naciones.“PA(Z)LESTINA”

Palestina: Paz y Justicia es el nombre de la mesa redonda organizada por el Instituto de

fundamentos y métodos en psicología de la Facultad de Psicología de la Universidad de la

República. Contó con la ponencia de Alejandro Hamed, profesor de historia especializado en

el tema; Mariana Labastie, directora ejecutiva de Amnistía Uruguay; y Miguel Scapusso,

psicólogo y miembro del SERPAJ (Servicio de Paz y Justicia). Los moderadores fueron Ana

María Araujo e Ismael Apud, docentes de la facultad.

Antes de comenzar, Araujo aclaró la naturaleza del evento:“no es un acto antisemita, es un

acto por la defensa de los pueblos”, y dio paso al primer expositor Alejandro Hamed,

integrante de la Comisión de Apoyo al Pueblo Palestino (CAPP­Uruguay)

Colonización de Palestina

Finalizada la Primera Guerra Mundial, los líderes de Gran Bretaña y Francia firmaron un

documento conocido como el Acuerdo Sykes­Picot, donde establecieron el reparto de

los territorios de Oriente Medio tras la caída del Imperio Otomano. Si bien se trataba de un acuerdo

secreto entre estas dos naciones victoriosas, el ruso León Tolstói ordenó que se diera a conocer.

Francia se quedó con la Siria de hoy y su zona costera que se convertiría en el Líbano actual

mientras que ejercería su influencia hasta Mosul. Los británicos obtuvieron Basora y Bagdad y un

ámbito de influencia hasta Persia (futuro Irán.). Finalmente quedaba Palestina que fue adjudicada a

los británicos por mandato de la Sociedad de las Naciones.[1] Y, de modo cauteloso, el

imperio británico alentaba a los judíos a establecer un futuro estado judío en Palestina,

mediante la llamada Declaración Balfour.[2]

En 1920 más de 40 mil árabes salen a protestar pacíficamente la inmigración de europeos,

principalmente hebreos, a territorio palestino. Una década posterior se convierte en un

levantamiento armado, los árabes e enfrentan a las autoridades británicas pero caen

derrotados.

Mientras el historiador, Alejandro Hamed, exponía acerca de la colonización de la

Palestina histórica, justo arriba de su cabeza se proyectaba un gran mapa de la

ocupación que marcaba como, a través de los años, Palestina fue perdiendo territorio.

Tras el Plan de participación Peel en 1937 se crea el Estado de Israel pero no el

Palestina y la Palestina histórica se reduce en un 20%. Tres años más tarde se emite un

documento que permitía a los judíos emigrar a Palestina cuando deseen. Y en 1940

comienzan los actos terroristas a manos de sionistas paramilitares.

El porcentaje de terrorio palestino vuelve a reducirse, de 80% pasa a 44% con la puesta

en práctica del Plan de Participación de la Onu en 1947. Veinte año más tarde pierde la

mitad y en 2000 sólo queda un 12% de la Palestina histórica.

No sólo la elocuencia de los números es impactante, también lo son los distintos mapas

a lo largo de los pocos años (1946­2000). Palestina está simbolizada con el verde e

Israel de blanco. Cuando uno ve el mapa actual, el territorio correspondiente a Palestina

es como ver una mosca en la leche, leche israelí.

Los Derechos Humanos son ateos

Mariana Labastie, directora ejecutiva de Amnistía Internacional (AI), lee un discurso de varias

páginas, donde pide con voz dulce pero firme que se respete el Derecho Internacional

Humanitario[3] para que haya justicia en Gaza.

AI se opone a la operación israelí “Margen protector”. Esta operación militar es llevada a

cabo por las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) en la Franja de Gaza desde el 8 de julio de este

año con el único objetivo, según la IDF, de atacar a Hamás, y dar fin a los ataques de cohetes a

Israel.

Para que exista una guerra, en la casi totalidad de los casos, tiene que haber armas y alguien que

las sumistre. Por tal motivo, AI le pide a Estados Unidos que suspender las transferencias y

abastecimiento de armas a Israel.

Nuevamente Labastie exige justicia, pero esta vez viene acompañaba de la palabra: impunidad y

pide terminar con ella. Insta a la Corte Internacional a investigar pero también ruega que se

permita el ingreso a AI y a demás organizaciones de Derechos Humanos a entrar a los territorio

ocupados, petición que Israel denega por lo que pide a las autoridades israelíes que adhieran al

Estatuto de Roma.[4]

Desde la platea le preguntan a Labastie si AI reconoce a Palestina como Estado, ella responde que

están trabajando para que la ONU lo reconozca porque ellos ya lo consideran como tal. Otra

asistente insiste que los DDHH son para los civiles palestinos que están sufriendo un genocidio. La

representante de AI discrepa y aclara que los DDHH no distinguen raza, ni religión, ni

nacionalidad. Ella pide que se respeten para todos por igual. Pero la señona del público, que lleva

una bandera de Palestina como babero, no se convence y asegura que “en Israel no hay civiles.

Es una sociedad militariazada con un ejército de 6 millones de combatientes”.

Labastie prefiere no seguir con la discusión pero vuelve a reiterar su postura y la de su

organización.

Estado de excepción, banalidad del mal y terrorismo

El miembro del SERPAJ, Miguel Scapusso, fue el último en hablar. Decidió, al igual que

Labastie, leer su discurso.

Para Scapusso el conflicto sraelí­palestino se explica en una trilogía de conceptos, a ser:

el Estado de excepción de Giorgio Agambe, la Banalidad del mal de Hannah Arendt y

Terrorismo acuñado por Noam Chomsky.

Según Agambe el estado de excepción tiende a confundirse con la regla, las instituciones y, los

precarios equilibrios de los sistemas políticos democráticos ven amenazado su funcionamiento

hasta el punto de que la propia frontera entre democracia y absolutismo parece borrarse. No existe

orden jurídico. Scapusso cita a Arend y su banalidad del mal para expresar que algunos individuos

actúan dentro de las reglas del sistema al que pertenecen sin reflexionar sobre sus actos. No se

preocupan por las consecuencias sino sólo por el cumplimiento de las órdenes. Y por último, el

término territismo de Chomsky refiere a la amenaza o al uso de la violencia, por lo general, con

fines políticos y en contra de civiles no­combatientes.

“En esta democracia en nombre de los DDHH se mata y se extermina. El pasado no sirve

y se pretende dar vuelta la página”, lee en su discurso el psicólogo Scapusso.

En 2011, la Asamblea General de la Unesco admitió en su seno a Palestina como Estado

miembro, 107 de los 194 estados miembros de la organización de la ONU votaron a

favor, 14 en contra y 52 se abstuvieron. Scapusso menciona que Israel y Estados Unidos

se mostraron contrarios a este pronunciamiento siendo este último el mayor

contribuyente de la Unesco. El país del norte dejó de aportar a la organización, lo que

supuso una reducción de un 22% del presupuesto, porque una ley federal prohíbe

financiar a las agencias de la ONU que reconozcan a Palestina como Estado.

Scapusso sostiene que Israel: “es el único país del mundo actual que no declara sus límites

geográficos; con que haya un colono judío en una parte del territorio alcanza para decir

que se está en territorio judío”.

Un judío y un palestino

Si bien, parecía que todos estaban a favor de Palestina, no solo por el aplausómetro

durante los discursos sino porque había más de uno con distintivos rojos, verdes y

negros, en el público, más precisamente en primera fila, había un judío humanista editor

del mensuario Identidad. Este hombre que se declaró ateo y contrario al actual gobierno de

Israel, es fiel creyente en los DDHH. Recuerda el asesinato de Isaac Rabin en 1995 a manos

del judío extremista Yigal Amir, perteneciente a la derecha radical israelí y opuesto a las ideas de

entregar territorios a cambio de la paz, esa paz que este judío humanista, de más de 70 años desea

y entiende que no hay nada que divida a un israelí de un palestino.

Unas filas más atrás, y embanderado con el típico pañuelo con los colores de Palestina, habla en

pésimo español, un palestino que nació 1941 pero que a los 7 años fue expulsado. “Yo

como palestino no tengo derecho a ir a Palestina. Los judíos nos odian, nos persiguen.

No tenemos salud, ni escuela. No podemos ir a nuestras mezquitas. No queremos

guerra, solo resistimos a una ocupación muy dolorosa”, cuenta emocionado. Pide ayuda,

pide despertar y una convivencia pacífica para toda la humanidad donde se defienda la

vida.

El micrófono pasa de mano en mano y la gente se desespera por hablar pero ya no hay tiempo. Los

moderadores prestan el micrófono pero sólo por dos minutos. Una mujer recuerda que Uruguay

reconoció a Palestina como estado independiente y pide que se rompan relaciones con

Israel y que se coloque la embajada en Palestina. Un descendiente libanés entiende que

Israel no solo es criminal con los palestinos también lo es con los judíos comunistas.

“Israel es el brazo armado del Imperio”, alcanza a decir en sus minutos.

Para cerrar, una integrante de CAPP­ Uruguay desde la década del 60 menciona a

MEKOROT, con K, nos pide atención y que recordemos ese nombre. Se trata de la compañía

nacional de agua de Israel fundada en 1937 que provee el 80% del agua potable de Israel y el 70%

del abastecimiento de agua. “Estemos alerta porque vienen a llevarse nuestros recursos.

Mekerot ya está en Uruguay”, asegura y aconseja que si algo podemos hacer desde nuestro

lugar, tan lejano al conflicto, es “frenar la embestida de Israel en Latinoamerica”.

Lucía Piñeyro

[1] La Sociedad de Naciones fue un organismo internacional creado por el Tratado de Versalles el

28 de junio de 1919. Se proponía establecer las bases para la paz y la reorganización de las

relaciones internacionales una vez finalizada la Primera Guerra mundial.

[2] La Declaración Balfour fue una manifestación formal del gobierno británico publicada el 2 de

noviembre de 1917 en la que el Reino Unido se declaraba favorable a la creación de un hogar

nacional judío en Palestina.

[3] El Derecho internacional humanitario (DIH) es la agrupación de las distintas normas, en su

mayoría reflejadas en los Convenios de Ginebra en 1949, que tienen como objetivo principal la

protección de las personas que no participan en hostilidades o que han decidido dejar de participar

en el enfrentamiento. Estas normas son obligatorias tanto por los gobiernos y los ejércitos

participantes en el conflicto como por los distintos grupos armados de oposición o cualquier parte

participante en el mismo.

[4]El Estatuto de Roma es el instrumento constitutivo de la Corte Penal Internacional. Fue adoptado en la ciudad de

Roma, Italia, el 17 de julio de 1998. Hoy día cuenta con la adhesión de un centenar de naciones.