Entrevista con Ariel Silva, integrante de la Fundación Mario Benedetti y ex secretario personal del autor

A IMAGEN Y SEMEJANZA DE BENEDETTI

Logo de la fundación

Ariel Silva, escritor, ex secretario personal de Mario Benedetti y administrador de la fundación que lleva el nombre del autor, dialogó con Sala de Redacción en la Casa del Autor (AGADU) donde está provisoriamente instalada la fundación. Habló sobre las actividades de la institución, la futura sede y contó algunas anécdotas sobre el autor.

Hace cuatro años que la Fundación Mario Benedetti está en funcionamiento, a partir de una petición en el testamento del autor, quién falleció en mayo del 2009. En su testamento quedaron establecidos los lineamientos de la fundación, sus objetivos, sus integrantes y la creación de una biblioteca y un museo. La fundación está integrada por Ariel Silva, encargado de coordinar las actividades, Inés Silva, quién se integró posteriormente para trabajar en el área de secretaria, y un Consejo Administrativo, integrado por allegados del autor, entre ellos, la Prof. Sylvia Lago (presidenta), el ex diputado del partido socialista Guillermo Chifflet (secretario), el Dr. Ricardo Elena (tesorero, médico de Benedetti y compañero de exilio en Cuba), el músico Daniel Viglietti y el escritor Eduardo Galeano (los vocales).

-¿Cómo es el día a día en la fundación?

-Básicamente, el día a día en la fundación es de alguna manera recibir a todos aquellos que vienen con una iniciativa para después evaluarla, llevarla al Consejo y que se tomen las decisiones de qué hacer con ello de acuerdo a los lineamientos generales, que fijan ya los objetivos preestablecidos por Benedetti en su testamento. Del mismo modo, intentamos desarrollar iniciativas propias para llevarlas adelante conectándonos con otros actores sociales.
Si bien actualmente tenemos esta oficina, y es donde recibimos a la gente, contestamos los correos, el teléfono y hacemos todas las gestiones como centro operativo, la mayoría de las reuniones y de las actividades las realizamos afuera. Esto no quiere decir que cuando esté la sede, eso vaya a cambiar radicalmente, porque nosotros vamos a escuelas y liceos a dar charlas, hacemos intervenciones en la feria del libro acá en Montevideo y en el Interior,
participamos en la presentaciones de libros debido a nuestra vinculación con lo cultural, sobre todo en el área literaria.
También hemos trabajado en la Colonia Berro, en el Portal Amarillo [Centro de Información y Referencia de la red Drogas], con jóvenes privados de libertad y jóvenes con problemas de adicción. Ahora vamos a hacer, probablemente, un convenio con el Penal de Punta de Rieles para hacer talleres para la gente que está allí. Hay una cantidad de trabajos que evidentemente los tenemos que hacer afuera, que no hay otra alternativa.

-¿Cuáles son los objetivos?

-Los objetivos abarcan dos áreas, una es el área de la cultura y otra es el área de los derechos humanos. En el área de los derechos humanos, más específicamente lo volcado a la búsqueda de los detenidos-desaparecidos. La fundación está vinculada a otras organizaciones que trabajan con los derechos humanos y se hace un trabajo en común. Participamos de lo que se llama el Observatorio Luz Ibarburu, que es un observatorio de seguimiento de las causas de los delitos de lesa humanidad durante el terrorismo de Estado. Trabajamos acompañando testigos, haciendo investigaciones, y esas investigaciones las hemos presentado en el juzgado como fundación. Hemos seguido adelante con algunas de las causas junto con los familiares, trabajando para la realización de congresos vinculados al área de derechos humanos.

Futuro local. Instalada la oficina de modo transitorio, según las indicaciones del testamento, se debía vender el apartamento del autor y con el dinero comprar un local, ya que no era posible instalar la fundación en el apartamento debido a que “el reglamento de copropiedad del edificio lo impedía”, señaló Silva. Con el dinero obtenido se compró una casa de una sola planta ubicada en Salterain entre Charrúa y Guana, donde funcionará la sede, una biblioteca y un museo.

La biblioteca va contar con la colección personal de Mario Benedetti, que supera los 10.000 ejemplares, libros de otros autores, latinoamericanos fundamentalmente, y libros vinculados al área de Derechos Humanos. El museo contendrá las primeras ediciones de sus obras junto con los manuscritos, parte del mobiliario del escritor, fotografías, cuadros (comprados o regalados en sus viajes), los premios ganados y objetos de su pertenencia que fueron de alguna importancia para su vida.

Debido a la antigüedad de la casa se realizó un reciclaje, gracias a un convenio con el Ministerio de Transporte y Obras Públicas, con una contrapartida. Según explica Silva, ya que la fundación es sin fines de lucro, “todo pedido que hace la fundación para que se le permita realizar sus actividades, siempre es con una contrapartida. Así lo establecimos y así lo hacemos”. En este caso la contrapartida era hacer un trabajo social específico durante 10 años, lo que la fundación ya está realizando. En su segundo convenio, se comprometieron a trabajar, durante 10 años, con bibliotecas de poblaciones vulnerables, lo que ya está siendo llevado a la practica con la obtención de libro, su traslado, la instalación de las bibliotecas y dando charlas.

-Además de los convenios, ¿cómo se subvenciona la fundación?

-El único ingreso genuino que tiene la fundación es el derecho de autor de la obra de Benedetti. Imagínate que un derecho de autor, que es entre un 7 y un 10% del precio de venta al público, no es mucho y para todo lo que hay que hacer siempre es necesario estar tratando de conseguir dinero por otro lado.

Yo siempre cuento una anécdota durante una conversación con Mario; no me acuerdo qué era lo que él había visto, era un objeto que tenía la cara de un autor .y dijo: ‘no me gustaría nunca ver tacitas con mi cara’. Como que eso no era una cosa a la que él estuviera proclive, por un tema ideológico. Nosotros lo que decimos es que podremos entregar o vender cosas que estén vinculadas a él, pero siempre que esté presente su obra. No por el hecho de la imagen sola, que en realidad lo importante es el contenido de la obra y sus ideas. Lo vinculado a eso, sí. Marcadores que tengan algún texto o que se puedan regalar; y los libros, lo más importante son los libros.

La fundación estuvo a cargo de la publicación del último libro de Benedetti, Biografía para encontrarme, que había terminado de escribir antes de enfermarse, aunque según cuenta Silva aun le faltaba esa última leída, que vendría a ser ya como la vigésima que el autor le daba para “corregir este punto y aquella coma”. Luego de su muefte, la fundación pasó a ser la heredera universal de Mario Benedetti y decidió publicarlo.

Convenciendo a Benedetti. Durante la entrevista Silva comentó que la idea de la fundación fue una iniciativa ajena al literato, partió de las personas cercanas a él. Benedetti, en una primera instancia, no se mostraba muy convencido por la creación de una fundación o algo que llevara su nombre

-De sus primeros siete libros, Benedetti no vendió ni un solo ejemplar. Después, en un momento determinado , Carlos Quijano, que era el director del semanario Marcha, le pidió a Mario algunos de los Poemas de la oficina para publicar y una vez que se publicaron en Marcha, ahí se hicieron más conocidos y la obra empezó a ser más conocida. Incluso empezaron a venderse algunos libros que ya había publicado. Mario sacaba un préstamo en el Banco República para los libros y tenía un amigo dueño de una imprenta. Le pagaba con ese dinero al amigo y así editaba sus libros, que después él mismo llevaba librería por librería. Era su método, en aquel momento; después se hizo más conocido y empezó a vender de otra manera. Entonces, nosotros le decíamos: ‘Mario, ¿no habrá por ahí otro Mario Benedetti que tiene siete libros sin vender?, ¿no será bueno que haya una fundación que ayude a esa gente?’ y un poco de esa manera creo que lo fuimos convenciendo.

Siempre que se tratara de ayudar a los demás, de hacer obras y eso, él siempre estaba dispuesto. La forma, al final, de convencerlo fue esa y de alguna manera nosotros también queríamos que su obra estuviera a resguardo. Que hubiera alguna forma de cuidarla, en el sentido de que se siguiera publicando. Para nosotros esas ideas, esa literatura, sigue siendo vigente.

-¿Cómo era Mario Benedetti como persona y como escritor?

-Mario era un tipo bárbaro, generoso. Un tipo siempre dispuesto, incapaz de herir al otro. Esto no quiere decir que se callara cosas, ni que no le gustara confrontar; al contrario, le gustaba. Pero siempre trataba de hacerlo con respeto y con altura. Además, con una formación impresionante, a pesar de que Mario hizo la escuela, algunos años de liceo, dio algunas materias libre y después abandonó.

Esa biblioteca que tenía en su casa de más de 10.000 ejemplares -y eso que fue diezmada varias veces por el exilio y por todo lo demás- esa gran biblioteca la tenía muy bien leída. Tenía una gran capacidad de síntesis, de asociación. Una gran capacidad de explicar de una manera sencilla cosas complejas, se ve en su literatura. Ser profundo con lo sencillo, que es lo más difícil de todo. Yo creo que desde el punto de vista literario, él era un escritor que eligió escribir sencillo, pudo haber escrito de otra manera, pero no lo quiso hacer. Él podía llegar a una profundidad muy grande de los problemas más complejos, y desentrañarlos. Eso le hubiera permitido quizá también escribir con esa complejidad y tenía una formación que también se lo hubiera permitido.

Pero siempre se empecinaba en escribir de la manera más sencilla y más comprensible posible, porque entendía que lo literario tenía que pasar por ese lugar, por esa comunicación inevitable con el otro. Como él decía, el próximo prójimo. Él escribió sobre lo que pasaba, escribió sobre la realidad. Perteneció a ese movimiento que se llamó el coloquialismo lirico y la generación del 45, que fue la generación crítica. Esa era otra de las características de Mario, era un tipo muy crítico y autocrítico. Pertenecía a una generación que aprendió de los mayores a ser más crítica. Una generación que se encontró con una realidad determinada del mundo. La generación del 45 tuvo una gran formación y se largó a lo que se llamó el parricidio, o sea, a matar a los de la generación anterior que escribían de otra manera completamente distinta.

Entre ellos eran así, muy críticos, y estaba bueno que fueran así. Que se exigieran porque eso lo que hacía era aumentar el nivel. Cosa que hoy quizá no se ve tanto.

También hay un proceso en la vida de Mario que va acompañando su obra. Si vas viendo sus textos por época, ves cómo al principio está descubriendo la realidad del país, de América Latina, la va denunciando, va diciendo lo que pasa. Después plantea que no está de acuerdo con esa realidad. Toma partido en contra de lo que ve injusto para tratar de cambiarlo. Eso le vale el exilio y escribe sobre lo que representa el exilio. Denuncia todo lo que pasaba acá,
cuando él estaba exiliado, para que dejase de pasar. Cuando vuelve, su obra también es un recuento de esa vuelta: ‘lo que encontré está cambiado pero yo también cambié’. Va teniendo, inclusive, nostalgia del propio exilio. Lo que le toca vivir, lo que está a su alrededor, es lo que se va reflejando poco a poco en su obra y hay como una línea paralela con eso, que no todos los autores la tienen. Porque las obras no tienen por qué concordar, pero en el caso de Mario esto es muy visible.

Planes para el futuro. Abocados a la reforma de la casa para que la sede entre en funcionamiento lo más pronto posible, la fundación tiene varias ideas para el futuro, desde mejorar la comunicación de la fundación con la gente a través de la página web, a tener una mayor inserción en la sociedad continuando con trabajos como el del Portal Amarillo, las casas del INAU y próximamente con el Penal de Punta de Rieles. “La idea es dar unos talleres, tratamos de buscarle un nombre pero específicamente todavía no está muy claro, pero sería algo así como la palabra como instrumento. Como decía Mario: ‘lo importante es el hombre, la palabra es un instrumento’”. Silva indica que la idea es “ir acercándose de a poco a la reflexión sobre la literatura y a la construcción de la literatura para que a través de esas dos cosas, la población que estamos abarcando pueda hacer su propio proceso. Primero, despertarles el interés por la lectura y después por la escritura y por qué no de su propia historia”.

Florencia Beceiro