Debate sobre la baja de la edad de imputabilidad penal en el municipio B

QUE SÍ, QUE NO

Afuera, sobre el final de la actividad, se nuclearon los fumadores y acompañantes. Algunos habían salido rato  antes como gesto de indignación ante las exposiciones, dejando atrás ruidos estridentes de las sillas en señal de descontento –más o menos- educado.  Júpiter, veterano de boina, ex dirigente de AUTE, estaba muy conmocionado con las palabras de Guzmán Ifrán, representante de la comisión para vivir en paz. El ex dirigente sindical salió con el bastón en una mano y haciendo ademanes con la otra: “Los quieren matar a todos ¡como mataron a los estudiantes!”. La indignación era grande, pero en la puerta también hubo palabras de reconocimiento a los impulsores del plebiscito para bajar la edad de imputabilidad penal. Algunos jóvenes conversaban afuera del municipio B, en la Plaza Seregni, sobre lo difícil que es para los que están a favor del plebiscito sostenerse en los debates. Es que, según lo que comentaban, no importa el lugar al que vayan, la mayoría de los participantes están en contra de la propuesta.

Marta Delgado, presidenta del Consejo Vecinal de la zona de la Plaza Seregni, presentó la actividad como parte de un cúmulo de encuentros “que aporten a la convivencia, a la ciudadanía y la reflexión”. La actividad fue organizada por una coordinación de vecinos de la zona en contra de la baja de la edad de imputabilidad penal, que se reúne los viernes en la casa del municipio B. Participaron como expositores Luis Eduardo Morás y Guzmán Ifrán. Reconocido académico uruguayo vinculado al trabajo con adolescentes en conflicto con la ley. Morás fue el expositor que sustentó la postura contraria al plebiscito. Guzmán Ifrán, del Partido Colorado, estuvo a cargo de sostener los argumentos a favor de la consulta ciudadana.

Desde las presentaciones, la cancha estaba flechada. La presidenta del Consejo Vecinal presentó a Morás con un extenso recorrido de las actividades académicas y laborales del docente universitario, y a Ifrán simplemente como miembro de la Comisión para vivir en paz. El joven de gomina es contador, convencional del Partido Colorado, diputado por el sector Vamos Uruguay  y fue el primero en tomar la palabra.

Puso al tanto a los vecinos del proceso por el que se llegó al plebiscito, haciendo especial hincapié en que se lograron “370.000 firmas en tiempo record”. Como anticipándose a posibles represalias a su discurso dijo que “la gente no firmaba un papel en blanco” y que todos los que pusieron su rúbrica en la papeleta eran conscientes de las propuestas que allí se exponían.

Según el joven colorado, el movimiento del que forma parte ha logrado transformaciones, incluso sin haber ganado el plebiscito. “Se aumentaron las penas, se incluyó el mínimo de un año para delitos graves y se creó el SIRPA”, a lo que agregó, ante la estupefacción de los concurrentes, “eso directamente salvó vidas”. Cuestión que reafirmó con una frase más contundente, por si semejante declaración no hubiera sido clara: “directamente nuestro movimiento salvó vidas”.

Ifrán identificó en su discurso, muy parsimonioso, distintos argumentos en contra del plebiscito e intentó desestimarlos con los suyos a favor. “Es una baja de edad parcialísima”, indicó, señalando que el “5% de los delitos entran en este proceso de reforma”. Según el colorado son sólo los delitos violentos graves del sistema jurídico uruguayo los que se incluyen en el plebiscito. Sin embargo, en la papeleta que pondrán en las urnas algunos uruguayos este 26 de octubre se indican una serie de delitos, que son aproximadamente ese porcentaje señalado por Ifrán; pero se agrega: “y demás delitos que indique la Ley”. No queda claro en la papeleta este punto y tampoco fue un elemento claro del discurso del colorado.

El contador señaló que lo que ellos proponen es “una reforma integral de la Constitución de la República”, por tanto hay otras cuestiones que se plebiscitan además de la baja de la edad de imputabilidad penal. Ifrán sostiene que no es suficiente mantener los antecedentes de los adolescentes en conflicto con la ley por dos años, que deben mantenerse por toda la vida. También se proponen aumentar las penas a los adultos que “utilizan” menores para delinquir, y la creación del Instituto de Rehabilitación del Menor; un nombre suficientemente tenebroso como lo era “reformatorio” en la época de los “infantojuveniles”.

Luis Eduardo Morás comenzó su primera intervención señalando que es “un debate rengo porque no hay del otro lado técnicos o profesionales de la materia. No lo sostiene ni  un solo académico, sólo sectores políticos y familiares de las víctimas”. Aseguró que ese es un dato relevante, tomando en cuenta la larga lista de académicos, profesionales, instituciones públicas y privadas, organismos internacionales, entre otros, que se han pronunciado contra la baja de la edad de imputabilidad penal. La interminable lista de Morás causó la risa cómplice del fondo del auditorio, donde se intercambiaron miradas que parecían burlarse o compadecerse de Ifrán.

El académico hizo su exposición en un tono muy beligerante con acusaciones más que polémicas a los defensores de la baja, logrando caras de enojo de Ifrán, que a pesar de su postura de aparente tranquilidad, torcía la cabeza con impotencia. Morás estableció algunas paradojas del proyecto de reforma constitucional y particularmente de aquellos que hoy están a favor. “El proyecto pretende rehabilitar, pero mantiene los antecedentes”, dijo, y puso cara de no entender. Más adelante puso sobre la mesa una paradoja aún mayor que es la de la pretensión punitiva del Estado. Dijo que para estos casos quieren “una pretensión punitiva del Estado de por vida” y sin embargo “los delitos de lesa humanidad prescriben a los 30 años”.

Cuando le llegó el turno a Ifrán nuevamente, afirmó en el micrófono sentirse ofendido por algunas palabras de Morás. El sociólogo aseguró al principio de su oratoria que no hay “seres pensantes” detrás del proyecto de reforma, haciendo alusión a gente que estudie el tema. El colorado respondió: “hay un estudio muy profesional que llevó años, liderado por el economista Ignacio Munyo” y las risas ahogadas del fondo del auditorio volvieron a surgir, mientras un joven miró sorprendido a su pareja y le preguntó susurrando “¿Un economista?”.

Las intervenciones del público se centraron en la idea de que la derecha quiere reprimir algo generado por ella con años de desrregularización laboral y neoliberalismo, que tuvieron como corolario la crisis del 2002. Un italiano radicado hace un tiempo en Uruguay no se aguantó, y con un acento que sorprendió a todos saltó a la yugular de los tres jóvenes colorados engominados del recinto: “¿de qué paz está hablando este hombre Pedro Bordaberry?”. Enseguida argumentó que quienes están a favor del plebiscito “son los mismos sectores que defienden la masacre contra el pueblo palestino, los que no quieren la seguridad para los trabajadores, los que quieren implementar un modelo económico excluyente”, para cerrar diciendo: “Seguro no es por la paz, si hasta dudan de la defensa de la vida de los trabajadores”.

Gabriela Pasturino