Entrevista con Gonzalo Abella, candidato a la presidencia de Unidad Popular

“EL PAÍS SE ESTÁ VENDIENDO A LO MENEM”

 

Gonzalo Abella en el local de Unidad Popular. Foto: Guillermo Rodriguez/ SdR.

Un local pequeño, del tamaño de cualquier comité de base del Frente Amplio o un recinto temporal de los partidos tradicionales, es la sede central de la Unidad Popular (UP). Solo, sentado en un escritorio escribiendo algunas notas y con una suave música de fondo, un hombre de lentes grandes, boina y canas nos recibe con una sonrisa de complicidad: “Recién llegué y las reglas hay que cumplirlas: el primero que llega al local es el que lava el water, acá no distinguimos entre hablantes y pegatineros como en el Frente Amplio”, y con un gesto nos indica que está pronto para recibir cualquier tipo de cuestionario. Gonzalo Abella tiene 67 años, es maestro, historiador, escritor y candidato a la presidencia por el partido Unidad Popular. Estudió en Cuba, en la extinta Unión Soviética y en Canadá, y participó en la guerrilla de Nicaragua. Fue militante del Partido Comunista del Uruguay (PCU) y votante del Frente Amplio (FA). Creó junto a Gustavo López, su compañero de fórmula, la Universidad Popular Joaquín Lencina, con el fin de dar charlas sobre leninismo, marxismo e imperialismo, para luego ingresar a la Unidad Popular con el fin de “pelear por la liberación nacional y el socialismo”.

-¿Qué hechos hacen que hoy usted sea candidato a la presidencia de la República?

-Creo que la vida te da golpes y enseñanzas. El problema es si realmente tuviste gente que te ayudó a comprenderlas y aprovecharlas. Hay muchas cosas que me marcaron. Vengo de una familia de trabajadores de ANCAP, blancos vinculados al saravismo que me inculcaron el amor a la tierra, y crecí en un hogar cristiano. Con el tiempo dejé de creer en la Iglesia Católica, pero me quedaron los valores. En segundo lugar soy ávido lector marxista desde muy joven. A los 15 años ya había leído “El capital” y además había ido a la biblioteca a entender todas las cosas que para Marx eran obvias y para mí no: la fisiocracia, Adam Smith, David Ricardo, etc. Mi amor al campo y las urgencias de un pensamiento muy influido por el guevarismo, hicieron que gran parte de mi generación se metiera en Agronomía o en Magisterio con la idea de llegar al campo y participar en los procesos de lucha que eran inminentes. Sin embargo, una lectura atenta del marxismo y una incomprensión de las debilidades que ya tenía el PCU me hicieron afiliarme al Partido y trabajar en la clandestinidad, en un equipo que reclutaba casas y autos para los perseguidos políticos. Yo estaba convencido que una vez que se desembozara el fascismo había que responder con la lucha armada. El hecho de que el partido tuviera otra posición me decepcionó y empezó a descalabrar lo que era mi convicción de que el PCU era la fuerza que tenía que impulsar el proceso revolucionario. En épocas difíciles, me recibió mi familia en Entre Ríos y eso fue lo que me salvó la vida. Luego partí a Cuba, donde empezó otra parte de mi vida y realicé la Licenciatura en Historia en un momento muy lindo de la isla. Fui becado a la URSS y aunque me encontré con algunos problemas de corrupción, había una formidable organización en cuanto a la salud y la cultura. En esos tiempos fue la revolución sandinista y yo sentí que los partidos comunistas de América Latina la veían como un peso, y eso me alejaba cada vez más de ellos. Ya en Nicaragua, viví una experiencia muy dura trabajando en la guerrilla, en la sección de cifrados de códigos*. Además vi la vida burguesa que llevaban adelante los exiliados del FA y pensé: “con esta gente no vamos a ningun lado”.

-Se la vio venir…

-Sí. Es decir, yo volví y seguí votando al FA, pero ya no sentí la motivación de integrarme a un comité de base. Además me marcó la innecesaria firma del Pacto del Club Naval. Estados Unidos ya había dado la orden de terminar las dictaduras y realizar la desclasificación de materiales de la CIA para que fueran presos todos los milicos torturadores, y eso me hace pensar que hubo conversaciones dentro de la cárcel, incluso entre dirigentes del MLN-Tupamaros y el Ejército. Como no pasé por esa situación tan terrible no me considero en posición ética de juzgar, pero de todas formas sí puedo decir que es inexplicable la conducta de un Fernández Huidobro que no permite que la jueza (Mariana) Mota ingrese a un cuartel. Además, cuando vi que el FA estaba entrando en las posiciones socialdemócratas más abiertas, creamos con Gustavo López una organización que se llamó Universidad Popular Joaquín Lencina (UPJL). La idea era dar charlas políticas, debatir, dar seminarios, discutir sobre marxismo. Yo sigo pensando que el análisis marxista leninista es correcto en cuanto a la lectura de la lucha de clases y de los rasgos esenciales de la fase imperialista del capitalismo, pero enmendaría en una cosa a Marx (risas): cuando él habla del materialismo histórico empieza hablando del comunismo primitivo, y yo le llamaría comunismo originario.

-¿Cómo surge lo que hoy es Unidad Popular?

-Cuando sube el FA se desprenden algunos grupos organizados como el 26 de Marzo, el Partido Comunista Revolucionario (PCR), otros se reagrupan en Avanzar y el Modeju, que luchan por la seguridad social, y aparece el Partido Humanista de Izquierda. Con ellos empezamos a construir una plataforma. Ahí Gustavo y yo dejamos todo lo que era la UPJL y nos metimos en lo que se llamó el principio de las Asambleas Populares. Cada partido vivió su duelo y su historia y en la UP empezamos a redescubrir que lo que nos unía era que no habíamos abandonado: la decisión de pelear por la liberación nacional y el socialismo, algo que para nosotros no eran palabras sino un proyecto real. La variedad de sectores hace que convivamos con una dualidad, el programa máximo de la Unidad Popular es diferente a los objetivos finales de cada sector integrante del partido. Por ejemplo, la reforma agraria, la liberación nacional y la soberanía alimentaria, son para un grupo como el 26 de Marzo un programa mínimo, ellos quieren hacer socialismo, mientras que los humanistas plantean como objetivo final una sociedad totalmente autogestionaria. Tenemos que trabajar con determinadas hipótesis y en conjunto, y empezar a diseñar proyectos de ley que se encaminen hacia nuestro programa mínimo posible y realizable. A pesar de que yo me había abierto totalmente de la política, volví porque empecé a darme cuenta de que había temas, como por ejemplo el cuidado del agua y la tierra, que ninguno de los partidos políticos con presencia parlamentaria tenía en cuenta.

-¿Cuáles son los principales objetivos del programa?

-Nuestro proyecto máximo es recuperar la soberanía del Estado. En este momento el país se esta vendiendo “a lo Menem”; sube el precio de la tierra porque se está entregando al extranjero, se compra online. Además vienen los sojeros y ni siquiera la compran, la arriendan porque saben que la destruyen. Nuestro programa máximo es la liberación nacional, que para nosotros pasa imprescindiblemente por recuperar esa soberanía. No queremos cerrarnos al mercado internacional, pero planteamos que tenemos un as en la manga para no tener que poner todo en remate: hay 16 millones de hectáreas de tierra fértil para 3 millones de habitantes. Es una carta muy fuerte, porque si nosotros necesitamos insumos tecnológicos que no producimos para la educación, la salud, la tecnología, también el mundo necesita alimentos. Por ende si en vez de entregar todo a los venenos pudiéramos preservar nuestra tierra fértil, tenemos para un proyecto de país soberano algo totalmente diferente, que además nos garantiza soberanía alimentaria y no la dependencia. En segundo lugar tenemos una línea internacional diferente, que empieza con terminar la ignominia de los cascos azules en Haití. En tercer lugar enfrentar la complicidad del FA, que en dos períodos con mayoría parlamentaria no anuló la Ley de Caducidad. Y además el camino hacia un poder popular implica que cuanto más recursos centrales maneje en forma autónoma el alcalde, el edil y el intendente, mucho más preparamos los terrenos para el poder popular, que significa gestión, control obrero y decisión. Entonces, las tareas de la Unidad Popular no avanzan hacia el socialismo, sino hacia la liberación nacional. Entre otras cosas también está el apoyo al club de deudores, el desconocimiento de la deuda, del crédito blando para el pequeño y una fortísima política impositiva hacia los “grandes” que se la llevan toda, hasta lograr la reforma agraria.

-¿Qué objetivos numéricos tienen de cara a la próxima elección de octubre?

-Nosotros creemos razonablemente que estamos creciendo y podemos aspirar a tener más de un diputado. Como techo tenemos uno infinito, porque uno de cada tres orientales todavía ni sabe que existe la Unidad Popular. En la medida que nosotros podamos romper el muro del silencio que nos han impuesto las encuestadoras, podremos crecer mucho más. Ahora bien, así como podemos ganar dos, tres diputados o eventualmente un senador, también podemos no sacar nada. Hay una realidad, en todas las casas hay un altar que no se toca: la televisión. Y ese altar es, en lo que queda de setiembre y octubre, nuestro principal enemigo. Si nosotros no logramos la organización por abajo, frente a los partidos que hacen inversión, toda una periferia que hoy ha decidido que nos vota puede vacilar. Tendremos 14 o 16 mil votos de fierro, pero en las elecciones el voto del más vacilante o del más decidido valen uno. Así, una campaña electoral exige una política de fuerte inversión en dólares o una campaña de formidable organización en casas de familias, visitas y muros -que son la televisión del pueblo-, para escapar de ese laberinto. Hay un triunfo que la Unidad Popular ya logró que va más allá de lo electoral, y es que somos irreversiblemente una organización.

-¿Unidad Popular construye la elección “desde abajo” frente a los gigantes que invaden la televisión?

-No sólo contra los gigantes, tenemos otro enemigo muy fuerte que es el descreimiento del pueblo uruguayo. Cuando vos te enamoraste mucho de un proyecto y te fracasó, es muy difícil que vuelvas creer. Entonces uno de los grandes elementos que tenemos es que dicen: “estos hablan lindo porque son oposición pero cuando suban, ¿qué va a pasar?”. Hay mucha gente que tiene claro que no es utópico lo que planteamos, y eso es una inmensa responsabilidad que tenemos con la gente que volvió a confiar en nosotros. Cuando vos ves la humildad y la generosidad con que te reciben y la confianza que han recuperado en algunos hogares tenés que ser muy rata para traicionarlos. Nosotros estamos vacunados para que no pase lo que nos pasó a los jóvenes del Frente, que veíamos que algunos dirigentes hablaban muy bien pero vivían como burgueses o jodedores y decíamos: “vamos a callarnos la boca porque si no es darle pasto a las fieras”. Y por callarnos la boca el FA quedó en ellos.

-¿De dónde provienen los votantes de la UP?

-Hay una gran mayoría que es o fue frentista, o mejor dicho que prestó su voto al FA.

-¿Se puede conseguir votos del Partido Nacional (PN) o del Partido Colorado (PC) pese a sus diferencias ideológicas?

-El problema es que hay ciudadanos comunes que han votado colorado o blanco pero no tienen fidelidad a una divisa, simplemente piensan en qué es lo mejor hoy para Uruguay. Por ejemplo, nosotros tenemos una gran receptividad en la zona de Cerro Chato y Valentines con la gente que ya tiene el cedulón de desalojo por la minera, y esas personas que dicen votarnos se definen como saravistas. También hay gente que se nos ha acercado y se define como batllista, gente que se define apartidaria pero profundamente católica, e incluso gente umbandista. Creemos que el grueso de nuestro electorado no es ex frenteamplista, sino gente que votó al FA por convicción o por descarte y por no tener fidelidad a un lema nos va a votar a nosotros.

-¿Por qué la UP, el Partido Ecologista Radical Intransigente (PERI) y el Partido de los Trabajadores (PT) no votan conjuntamente?

-El PT tiene con nosotros una diferencia programática importante que es la lectura que hace del proceso bolivariano y del proceso boliviano. Sin embargo, a fines de abril Rafael Fernández vino a hablar conmigo y le planteé las diferencias programáticas, por ejemplo, los dos estamos contra la megaminería pero nosotros defendemos al pequeño productor y usualmente el trotskista considera al pequeño productor como un burgués. Nosotros estamos a muerte con el pequeño productor y la alianza obrero-campesina. Pese a esas diferencias había intenciones de unirse, pero el problema fue el tiempo. No podíamos en plena campaña llegar a un plenario nacional de militantes para la inclusión del PT. Con el PERI fue diferente. Estuvimos conversando mucho y un día César Vega nos dijo que quería votar con nosotros, pero la interna de su partido no quiso. Me dijo: “Gonzalo, hay compañeros míos que se oponen a la alianza porque entienden que el marxismo-leninismo nunca fue ambientalista”. Yo le expuse que para nosotros es muy importante frenar el saqueo ambiental y está en la plataforma de la UP, sin embargo el PERI se largó aparte.

-¿Queda abierta a futuro la unión?

-Sin dudas, es imprescindible. Y con el FA también. Los frentistas son nuestros hermanos de sueños y de duelos. Nosotros somos hijos del Frente. Vamos a recibir también muchos colorados y muchos blancos en la construcción del poder popular, pero la base será la gente del PCU y del MPP, que es la más importante para nosotros.

-¿Qué le responden a los que expresan que el discurso y el lenguaje utilizado por la UP quedaron obsoletos?

-Nosotros no nos planteamos el socialismo y el comunismo, nos planteamos la liberación nacional. El discurso dominante de que algunas ideas quedaron en el pasado tiene razón, pero en el pasado de Artigas o Espartaco, no en el de 1971 cuando se creó el FA. El tema es que hay determinadas cosas que no cambian: ¿el mundo de hoy tiene más o menos guerras que en el año 71? ¿Hay más o menos hambre? ¿Hay más gente con acceso al agua potable o menos? Entonces, el análisis de clase que se hacía en el ‘71 ¿sigue vigente o no? Eso es lo que hay que preguntarse. Ahora si me preguntás por la lucha armada sí quedó obsoleta.

-Usted declaró que Raúl Sendic debería estar preso por el caso Pluna y por su apellido…

-No, dije que por su apellido debería estar dos veces preso, por deshonrarlo. En el caso Pluna el tema es que el abuso de funciones no necesariamente requiere dolo ni que se pueda demostrar que tú te enriqueciste, basta con que le hagas daño al servicio público que estás administrando en nombre de todos para que sea delito. Si Walter Zimmer fue en cana por una cosa en la que quedó claro que no se llevó un peso, el solo hecho de aceptar cheques sin fondo de Pluna es un delito que merece cárcel para Sendic.

-¿Hay otros casos de abusos de funciones que usted considere que no han tenido atención de los medios?

-No solo abuso de funciones, hay otras cosas muy oscuras; en este país en plena democracia institucional fue asesinado el Intendente de Cerro Largo Villanueva Saravia. Ninguno de los cuatro partidos con presencia parlamentaria hace mención de un hombre que había anunciado que hasta Nin Novoa iba a temblar con lo que él iba a denunciar. Esa muerte es más grave que un abuso de funciones y nadie toca el tema. Este país está lleno de cosas sórdidas, los abusos de funciones son cosas mínimas al lado de otras graves y groseras de las cuales no nos enteramos.

-¿Cuáles son las fallas que usted cree ha tenido el FA en estos dos períodos de gobierno?

-Yo no diría fallas, diría que el FA dio un viraje a cargo de Astori y fomentado en Washington, a los efectos de garantizar el grado inversor y ponerse al servicio de las transnacionales en el mismo sentido que lo hizo Menem. Ahí no hay fallo, hay una conducta y una estrategia. Luego, igual que el PSOE español o el Partido Socialista Francés se inventa un rastrillo de izquierda a los efectos de generar la esperanza de la renovación desde adentro. Cuando Constanza Moreira se presentó como la gran opositora le pregunté a los periodistas cuál era su prontuario como senadora en los últimos 5 años: fue soldado tranquilo durante todo el período. En el oficialismo ya no hay errores, su cúpula es absolutamente neoliberal con políticas muy típicas de la socialdemocracia de derecha. Así aparece la nueva agenda de derechos humanos, con el derecho al matrimonio igualitario y una serie de cosas que por supuesto apoyamos nosotros en la izquierda.

-¿Qué es lo primero que hace la UP con una banca en el Parlamento?

-Hay varios proyectos que son urgentes: exigir mejor jubilación y aguinaldo para los jubilados y que el MSP diga lo que no dice acerca de las fumigaciones con agrotóxicos, abarcando un mapa sobre el cáncer infantil y las malformaciones congénitas. Pero hay otras cosas aún más urgentes; de los 16 millones de hectáreas que tiene el país, medio millón están en manos del Estado. La idea es hacer un plan piloto de reasentamiento de familias al campo y de emprendimientos cooperativos de huertas orgánicas, algo que no requiere ningún nivel de inversión porque son tierras que ya pertenecen al Estado. Demostrar que otra forma de producir, de relacionarse con la tierra y de incidir sin intermediarios para mejorar la comida del mundo urbano es viable. Lo mismo en educación, exigirle a todos los organismos autónomos de educación que en  Primaria y Ciclo Básico la huerta familiar sea una asignatura igualmente evaluable que la matemática o la lectoescritura, aprobable o reprobable. Si el alumno no tiene un espacio en su hogar para trabajar, que lo haga en la escuela. La huerta orgánica debe ser asignatura obligatoria en la enseñanza pública uruguaya.

-¿Le falta a la UP desarrollo en otros sectores de la sociedad?

-En torno a los movimientos sociales, ambientales y la lucha estudiantil hay distintas visiones, sin embargo creemos que somos una organización política y no sindical ni social. Tenemos en el plano sindical y las luchas sociales y ambientales una gran diversidad de enfoques. Hay sectores de la UP que dentro del PIT-CNT apoyan fortalecer los sectores combativos, otros plantean una posición extra PIT-CNT, y nosotros somos muy celosos de la autonomía de los movimientos sociales. Desde el punto de vista de la juntada de firmas contra Aratirí también está dividida la Unidad: hay gente que está juntando firmas y hay gente que dice que la juntada de firmas puede legitimar a Aratirí si no se gana el plebiscito…

-¿Dónde estará Gonzalo Abella el 1º de marzo de 2015?

-Siguiendo con mis libros y con la investigación, que me gusta mucho más que la política.

Douglas Mederos

* Refiere a la secciones encargadas de sustituir palabras o frases para ocultar su significado.