La situación en el hospital Vilardebó tras la fuga de diez internos

A PASO LENTO

Pasillos del Hospital Vilardebó. Foto: Sitio oficial del Hospital Vilardebó.

Detrás de las antiguas y frías paredes del amplio predio, ubicado en la Avenida Millán 2515, viven, trabajan o, simplemente, pasan, cientos de personas por día. Allí está instalado el hospital Vilardebó desde su inauguración en 1880. La necesidad de los funcionarios por mejorar las condiciones edilicias y de seguridad, dentro del establecimiento, aún está latente.

Las medidas tomadas por las autoridades del hospital, luego de la fuga de diez internos el pasado 22 de febrero, cuando se vivió un clima de violencia por parte de los pacientes implicados hacia los funcionarios, son escasas. La creación de un hospital penitenciario psiquiátrico, mayor personal y la mejora de las instalaciones son algunas de las reivindicaciones de los trabajadores para sentirse mejor en su lugar de trabajo.

Al ingresar en Millán 2515, la sensación de tristeza y soledad abunda. Tal vez sea así por el mal estado del hospital, donde, apenas se entra al hall, se puede apreciar un techo destruido y las esquinas con humedad. Además el silencio impera en el lugar.

En diálogo con Sala de Redacción, la presidenta de la Comisión Interna del Hospital Vilardebó, Marta Larrosa, declaró que los protocolos se ajustaron luego de la fuga. Hay más personal de vigilancia y enfermería que observa a los pacientes para detectar cuándo “realmente están afectados por algo o están haciendo caída, que es para fugarse”. De a poco se cambian los portones para que sean eléctricos, fundamental para no exponer al funcionario a situaciones peligrosas.

Existen áreas del hospital donde el moho, la humedad y el peligro de derrumbe ponen en riesgo a cualquiera que pase por allí. La decisión de las autoridades es que esos lugares estén deshabitados, hasta poder repararlos.

Para los trabajadores, la gran preocupación es encontrar una solución para que los internos que son inimputables -pacientes que cometieron un delito sin estar capacitados para poder entender su accionar- o imputables -pacientes que ingresan al hospital por padecer enfermedades psíquicas en la cárcel-, no sean trasladados al Vilardebó, ya que no es el lugar donde deberían de estar, según Larrosa.

Crear un hospital penitenciario parece no ser una meta lejana: ya están los planos y el dinero para realizarlo. “Más o menos dentro de dos años vamos a tener ese hospital, eso es lo que calculan las autoridades y nosotros que participamos de las reuniones, conjuntamente, creemos que así será”, afirmó la trabajadora.

Otro aspecto en donde se ven mejoras “lentas pero constantes”, por parte de la comisión interna del hospital, es en el “diálogo” con la Suprema Corte de Justicia. Son los jueces los que determinan si el paciente debe ir al hospital Vilardebó. “No nos están mandando tantos pacientes carcelarios, a demanda, como era todos los días”, declaró Larrosa.

La funcionaria comentó que no ven como solución la implementación de policías en las salas 11 y 16, catalogadas como peligrosas, donde están los presos. “Los primeros que no queremos que haya policías ahí somos nosotros”, porque consideran que son los funcionarios los que están capacitados para hacer las tareas en estas salas. Igualmente, en los cuatro turnos del hospital hay policías en el área perimetral, quienes son un apoyo para los funcionarios y están en “alerta constante”.

Aunque se nota un progreso, el sindicato manifiesta la necesidad de contar con mayores recursos humanos. Creen que mejorarían las condiciones tanto para los pacientes como para el personal. Diversas actividades de recreación, que apoyan a los pacientes para que su estadía sea más llevadera, muestran la otra cara del hospital, donde pueden desde “sacar el poeta que llevan adentro” en la banda musical del hospital, escribir, leer, hacer cerámica, carpintería, herrería, etc. Además cuentan con una huerta orgánica. Los internos de la sala 11 no pueden desarrollar esas actividades, aunque sí practican actividades físicas, sobre todo “mucho fútbol”, explicó Larrosa. Cuentan también con una radio comunitaria, Vilardevoz, la cual funciona desde 1997, donde los pacientes pueden dar su opinión sobre diferentes temas en cuestión.

Todos los pacientes fugados el 22 de febrero ya están en el hospital Vilardebó. Ya sea porque la policía los capturó -algunos de estos internos fueron trasladados a la cárcel-, sus familias los enviaron o regresaron por su propios medios. Larrosa relató que “los pacientes psiquiátricos en su mayoría vuelven. Están acostumbrados de tal manera que, cuando no extrañan alguna comida, extrañan el hospital”.

Camila Rodríguez