El trabajo en las Industrias Frigoríficas aún no se reconoce como insalubre

CARNE DE CAÑÓN

 

Visita del ex presidente José Mujica al Frigorífico Breeders and Packers (Archivo, 2011). Foto: Sitio de Presidencia.

Las exigencias en la industria frigorífica son sobre todo físicas, provocadas por la reiteración de los movimientos y los esfuerzos corporales, según Mauro Ruiz, sindicalista del frigorífico Inaler S.A ubicado en el departamento de San José. Esto se relaciona al aumento paulatino de la producción en los últimos años, explicó.

Actualmente se encuentran instalados 16 frigoríficos en el territorio nacional según datos compartidos por la Asociación de Consignatarios de Ganado (ACG). Se reparten entre los departamentos de Salto, Tacuarembó, Cerro Largo, Durazno, Colonia,  San José, Canelones y Montevideo. Datos obtenidos a través de la CIU revelan que los frigoríficos han sido el sector industrial con mayor número de trabajadores: hoy son aproximadamente 14.000. La Cámara de Industrias del Uruguay (CIU) afirma en su página web que este crecimiento está dado gracias a la liberación del mercado y  por ser un país libre de aftosa sin vacunar.

La faena se realiza de acuerdo al precio del ganado en el mercado, exigiendo que el trabajo se realice a mayor velocidad en un período de seis o siete meses. El sindicalista confesó la complicidad de los trabajadores en este problema y lo calificó como “perverso”. La mayoría de los trabajadores poseen contrato de trabajo por destajo. Implica que se pague un determinado valor por cada unidad producida y no en función del tiempo invertido. Cuanto más rápido se realice el trabajo, mayor es el salario. “El sistema está para que el trabajador atente contra su propia salud, la reiteración del movimiento, el esfuerzo físico y la prolongación de muchos años en el trabajo comienza a tener secuelas. El cuerpo humano no está preparado para ese ritmo de trabajo”.  Agregó como ejemplo a los sectores con exposición al frío, la sala de máquinas, la exposición a los ruidos y al escape de amoníaco que se usa para refrigerar. Explicó que el desgaste físico acumulado por la cantidad de años realizando las mismas tareas escapa a todas las medidas de seguridad vigentes.

La ley N° 11.577 considera insalubres a las “actividades que, por las condiciones en que se efectúa el trabajo o por los materiales que se manipulan, sean consideradas perjudiciales para la salud”. En este rubro, los problemas de salud más frecuentes son tendinitis, hernias de disco, lesiones en la columna, dolores musculares intensos, entre otros. No todas las afecciones son amparadas por el Banco de Seguros del Estado (BSE) porque no existe cómo probar que son causadas en el trabajo o a raíz del mismo. En el caso particular de Ruiz le fue amputado un dedo de su mano izquierda por problemas causados en gran medida debido a sus tareas dentro de la industria. “Hoy estoy teniendo problemas en otro dedo y de articulaciones, producto del sobreesfuerzo. Los médicos lo ven, lo avalan pero tampoco hay muchas soluciones para esto, sería dejar de trabajar. Es muy difícil cambiar de empleo sin tener conocimiento de otro oficio u otro estudio que te permita conseguir un salario similar”, añadió.

Si bien en Inaler se respetan las mínimas medidas de seguridad, ésta no es la realidad que enfrentan todos los frigoríficos. El uso de los guantes de protección, del casco, el equipo adecuado para los trabajadores que deben enfrentarse al frío (30 grados bajo cero) son algunas de las condiciones que enfrentan miles de trabajadores en esta industria.

El sindicalista sostuvo que “los procesos para tratar estos temas son muy difíciles porque hay que reunir esfuerzos, ideas e ideologías de todos los trabajadores”. Además agregó que “con esa disparidad, hay muchos trabajadores y muchos sindicatos que tienen otras prioridades. El trabajador tiene primero que defender sus condiciones de trabajo, una vez que se lo respeta empieza a pelear por el salario, después de acomodarse, se da un paso más hacia evaluar este tipo de cosas que empiezan a aparecer con tantos años de trabajo”. Afirmó que a pesar de esto el problema ya se planteó en el sindicato y entre directivos de la federación de obreros. Sostuvo que en Uruguay se tiene que hacer algo con respecto a la edad de retiro de los trabajadores, quienes, por las condiciones de trabajo y por el tipo de tareas que realizan, “están por llegar a la edad de jubilación prácticamente sufriendo todo tipo de problemas físicos”.

Los trabajadores que actualmente tienen entre 20 a 30 años de edad tendrán mayores dificultades para llegar a los 60 años y cumplir con todas las tareas durante la jornada laboral. “Nosotros creemos que se debería contemplar la insalubridad y agregar algún año más de jubilación por año trabajado, es una meta a futuro y eso tendría la compensación de que se puedan jubilar antes sin tener que llegar a los 60 años”, concluyó.

En Inaler la mayoría de las personas con esa edad pasan al seguro por enfermedades diversas, lesiones o accidentes, siempre y cuando el BSE decida cubrirlas.

Katherine Martínez Silva