En Uruguay hay 600.000 personas que padecen depresión y el 80 por ciento no lo sabe

ENEMIGO ÍNTIMO

El psiquiatra Pedro Bustelo en una entrevista en el programa "Calidad de Vida" de La Tele . Foto: Captura de video de la Fundación Cazabajones.

La depresión se convirtió en la principal causa de discapacidad. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la sufren 350 millones de personas en el mundo, afecta más a la mujer que al hombre y puede llevar al suicidio, como ocurre con 800.000 personas por año. En nuestro país hay 600.000 personas con depresión y 80 por ciento de ellas no sabe que padece la enfermedad. Además, dentro de los 35 países que conforman la Organización Panamericana de la Salud (OPS), regional de la OMS para las tres Américas, Uruguay ocupa el segundo lugar en el índice de suicidios.

En cuanto a la ignorancia de los síntomas de la enfermedad, “es probable que se deba a que las personas van naturalizando el dolor”, explicó la licenciada en Psicología y directora del Centro de Psicología Positiva de Uruguay, Mariana Alvez. “Lo que se escucha con más frecuencia es que se considera natural que una persona se sienta triste, con problemas de concentración y de sueño, desanimada, sin energía, irritable o con baja autoestima. El sujeto puede no percatarse de que en realidad esto no tendría por qué ser lo normal. También puede deberse a una falta de información, no toda la población tiene conocimiento acerca de las patologías mentales y muchas veces se generan mitos que solamente confunden o complican”, agregó la especialista. Además, aseguró que en Uruguay “existe una tendencia al pesimismo que puede afectar la manera de percibir nuestra realidad”, y señaló que está comprobado que “el pesimismo genera culpa, falta de autoestima y confianza en uno mismo”, además de “tendencias a catastrofizar y a agobiarse fácilmente con la realidad”.

A diferencia de Uruguay, en otros lugares del mundo ir al psicólogo es moneda corriente. Aquí, muchas veces se tilda de “locos” a quienes consultan con estos especialistas, al mismo tiempo que se confunde “psicólogo” con “psiquiatra” sin saber que existe una gran diferencia entre uno y otro, como por ejemplo el hecho de que sólo el segundo tiene permitido recetar medicamentos. Según Alvez, ¨el desconocimiento es nuestro enemigo”.
En cuanto al tratamiento para este tipo de enfermedad, Alvez informó que “existen diversas clasificaciones de depresión” y que “algunas son más graves que otras; también están las que tienen una tendencia más crónica o las que se encuentran asociadas a distintas patologías”. “Como profesionales de la salud mental, primero tenemos que diagnosticar correctamente qué es lo que le está sucediendo a la persona. Una vez realizado un diagnóstico adecuado procedemos al tratamiento. El mismo puede ser psicológico, aplicando técnicas específicas de la corriente a la que el profesional adhiera, y también medicamentos. No en todas las ocasiones es necesaria la medicación, dependerá del caso”, aseguró.

COMBATIR LA EPIDEMIA. La Fundación Cazabajones, fundada con el objetivo de combatir la epidemia de depresión en Uruguay, se especializa en métodos de psicoeducación, prevención, diagnóstico y tratamiento de la depresión y otros trastornos psíquicos. La iniciativa surgió a partir de la investigación del médico psiquiatra Pedro Bustelo, quien en 1998 constató la existencia de una verdadera epidemia de depresión en Uruguay, que abarcaba al 20 por ciento de la población.

La fundación se destaca por su forma de trabajo online, que apunta al rápido y fácil acceso, y a su vez por los bajos costos que manejan en comparación con el mercado, que apunta a eliminar el impedimento de acceso al tratamiento de las personas de menores ingreso.

En el año 2002, el Ministerio de Salud Pública (MSP) reconoció el problema existente y aprobó la creación de un programa de prevención. Uno de los principales objetivos del Plan de Salud Mental del MSP plantea que la atención “es un derecho que progresivamente debe integrarse a las prestaciones universales de salud”.

“Tendríamos que trabajar más en campañas de concientización y que los profesionales comuniquen a la población el fruto de investigaciones y las herramientas que podemos utilizar para incrementar nuestro bienestar psíquico y emocional, de manera entendible y no necesariamente siempre ciñéndose a un lenguaje académico”, planteó Alvez. Es vital, analizó la especialista, aprender a reconocer los síntomas, tanto propios como ajenos, para acceder a una consulta con un profesional, a los tratamientos existentes y constatar que es una enfermedad que se puede curar.

Mercedes Cabrera