A los 92 años, falleció el periodista y escritor uruguayo Carlos Maggi

ADIOS AL “PIBE” DEL CAFÉ METRO

Carlos Maggi. Foto: mundoejecutivoexpress.mx

Carlos Maggi. Foto: mundoejecutivoexpress.mx

Carlos Maggi falleció a los 92 años a causa de un infarto. El abogado, escritor, periodista, dramaturgo e historiador uruguayo era uno de los últimos representantes vivos de la Generación del 45 (también llamada Generación Crítica). Sus restos serán velados el sábado 16 en el Salón de los Pasos Perdidos, en el Palacio Legislativo.

Interesado por las letras desde muy joven, Carlos Maggi, o “el pibe” (apodado de esa manera por uno de sus tíos) fue uno de los hombres del ’45 que exploró gran parte del universo literario.  De este modo, se dedicó al ensayo, a la poesía, a la narrativa, al periodismo y al guion cinematográfico y dramático, con una obra que incluía la “provocativa combinación de humor y gravedad, brochazos gruesos y trazos finos, tango y metafísica, vanguardia y tradición, legado ajeno e invención propia”, tal como la definía Mario Benedetti, también parte de la Generación del 45.

Maggi nació en Montevideo el 5 de agosto de 1922. Estudió abogacía por insistencia de su padre, quien le decía que antes de empezar a trabajar debía terminar sus estudios. Sin embargo, en el año 46 su padre falleció y Maggi tardó en conseguir el título: “Tuve que salir a trabajar, de modo que me recibí recién a los 32 años y ya casado”, contaba el escritor en la última entrevista que dio al semanario Brecha.

Gran hincha de Peñarol, batllista consagrado, amigo de Luis Batlle y admirador de José Gervasio Artigas y de Juan Carlos Onetti, defensor de la cultura -aquella “pura” que defendía la Generación Crítica-,  Carlos Maggi siempre suscitó polémicas con sus opiniones y relatos. Desde muy temprana edad escribió en el diario Acción y en el semanario Marcha. Con este último estuvo vinculado muy poco tiempo por diferencias con Emir Rodríguez Monegal (también parte de la Generación del 45) y con Carlos Quijano. Con Rodríguez Monegal mantuvo, según había expresado a Brecha, una “relación amor-odio”: “Emir fue mi compañero de clase desde el primer año de escuela y era muy inteligente. Tuvimos muchas diferencias. Ya desde la escuela teníamos problemas (…)Un día nos cruzamos frente a la Biblioteca Nacional y nos saludamos. Pensé un poco y me di vuelta: ‘Mirá, te quiero avisar que no te voy a saludar más. Porque el saludo comprende desearte un buen día y yo no quiero que tengas buenos días’. Y ahí quedamos enojados por mucho tiempo. Después nos amigábamos y nos volvíamos a pelear”; tal es así que según las palabras de Maggi, se tuvo que ir de Marcha “por las cosas que Emir dijo de mí y Quijano no chistó”.

Trabajó varios años como abogado del Banco República, cuya carta orgánica se encargó de redactar en 1967. Posteriormente fue destituido del cargo durante la dictadura. Una vez reestablecida la democracia, en 1985 fue nombrado por el entonces presidente Julio María Sanguinetti director de Canal 5. A pesar de sus intenciones de transformar al Sistema Nacional de Televisión en una real competencia para los canales privados, Maggi estuvo muy poco tiempo al frente de la emisora. Una vez afuera, escribió el libro “Los Militares, la televisión y otras razones de uso interno”, publicado en 1986. Luego de dejar el mando del canal, también empezó a publicar en la sección dominical de cultura del diario El País.

Lo más destacado

Entre las obras más destacadas de Maggi es necesario mencionar el ensayo titulado “José Artigas, primer estadista de la revolución” (1942), recopilación de crónicas “Polvo enamorado” (1951); “El Uruguay y su gente”, “Gardel, Onetti y algo más”, “Cuentos de humoramor”, “El libro de Jorge” y “El libro del buen humor”.

En los textos dramáticos se destaca “La trastienda”, “La biblioteca”, “Esperando a Rodó”, “El patio de la Torcaza”, “Frutos”, entre otros.

Su última obra fue el libreto de la ópera Il Duce, que cerró la temporada de Ópera 2013 en el Teatro Solís y que escribió en conjunto con Mauricio Rosencof.

El café Metro

Maggi fue uno de los más jóvenes de la Generación Crítica: “Ellos tomaban alcohol, lo que era un rasgo de superioridad”, expresó el escritor a Brecha en referencia a algunos de los intelectuales que frecuentaban en aquellos tiempos el café Metro, en la calle San José y Cuareim. Maggi contó también a Brecha que las primeras veces que se acercó al Café con su amigo Manuel Flores Mora, recibieron “chistes” en tono de burla de muchos de los presentes.

Una vez “incorporado” a este grupo de hombres que charlaban sobre literatura y sobre artes en general, que discutían y se peleaban y volvían a discutir sobre la cultura y sobre las concepciones de la cultura, Maggi llegó a ser un fiel exponente del mismo.

El escritor contó en más de una entrevista que en aquellos tiempos la política estaba totalmente fuera de toda discusión y sus ideologías y opiniones se mantenían al margen de aquella barra y de aquel café.

Así, Maggi aseguraba que el final de la Generación del 45 llegó con la generación de los 60, con la época de las revoluciones y los hippies, cuando la política empezó a “apoderarse” de algunos de sus colegas. El escritor contaba que siempre luchó por mantenerse al margen de la política: “Un escritor, un libre pensador, no puede estar en ningún partido porque a los 15 días tenemos un hecho moral. Los voy a traicionar o me tengo que callar o decir algo que no pienso. Se vuelve insoportable”, aseguraba Maggi.

Sin embargo, “el Pibe”, que se definía a sí mismo como un “culturalista”, no pudo escapar del lugar hegemónico que la política comenzó a obtener a partir de los 60. Así, en los últimos años de su vida el escritor se dedicó a debatir y a generar polémica con sus columnas en el diario El País y en su cita de todos los viernes con Emiliano Cotelo en el programa radial En Perspectiva.

Soledad Gago Delfino