La realidad de la investigación científica en Uruguay, sus posibilidades y desafíos

CIENCIA CELESTE

 

Expocierre del Programa de Apoyo a la Investigación Estudiantil (PAIE) en la Facultad de Artes (18/06/2013). Foto: Portal UdelaR.

Para investigar científicamente en Uruguay “hay que tener la camiseta puesta“, afirma el investigador y docente del Centro de Matemáticas, Ernesto Mordecki. “El país es pequeño, la comunidad es pequeña, las dificultades son muchas; y no es difícil para un investigador talentoso, joven, encontrar un lugar en el mundo donde tenga mejores condiciones de trabajo“. Mordecki aclaró que si bien la Comisión Sectorial de Investigación Científica (CSIC) y la Administración Nacional de Investigación e Innovación (ANII) tienen planes de retorno y becas de posdoctorado para que un joven que hizo un doctorado pueda volver “siempre hay que agregarle un poco del querer“. No obstante, nuestro país, con algunos altibajos, ha ido paulatinamente mejorando su atractivo para los investigadores.

La pro-rectora de investigación de la CSIC, la doctora Cecilia Fernández, contó a Sala de Redacción que “el gran incremento en el presupuesto de la CSIC se dio en el primer gobierno del Frente Amplio (FA)” y Mordecki concuerda: “el salto grande que dio el país en investigación, se dio en el 2005“. Si bien durante el primer gobierno del FA la investigación científica recibió su mayor impulso, en el siguiente, encabezado por el presidente José Mujica, se priorizó el desarrollo de la universidad en el interior, y en consecuencia, muchos de los planes destinados a la investigación se vieron desfinanciados. En la campaña electoral que lo llevó a su segunda presidencia, Vázquez prometió otorgar el uno por ciento del PBI para la investigación. En el ámbito académico-científico del país la noticia ha generado expectativa y entusiasmo de cara a la discusión presupuestal.

La iniciativa privada

En Uruguay el principal impulso de financiación para los investigadores proviene del dinero que otorga el Estado. Dos de los principales entes que administrar la inversión estatal en la materia son la CSIC, que está bajo la órbita de la Universidad de la República (UdelaR), y la ANII, creada por el Parlamento, y encargada de ser “el brazo ejecutor de la política de Estado en la materia [ciencia, tecnología e innovación]”. Sin contar estos dos organismos, la iniciativa del sector privado, o del sector público empresarial al respecto, es poca o casi nula, lo que conspira con el desarrollo pleno de la investigación. La prorectora de investigación de la CSIC expresa que “no hay, o por lo menos es absolutamente incipiente, la financiación de investigación por parte de actores privados“. Aclara también que en muchos países el aporte a la investigación en tecnología proviene en gran parte del sector privado pero en nuestro país “casi que no existe”. Concluye: “ese es el salto que tenemos que dar”, ya que para “financiar mas investigación necesitas también que a la otra parte le interese, que el sector privado tenga interés”.

En la misma línea han estado orientadas las políticas que aplica la ANII buscando incentivar a diferentes actores a financiar proyectos de investigación. El presidente del organismo, Santiago Dogliotti, reconoce que “existe una brecha entre lo que es la generación de conocimiento, los sectores que se dedican a la investigación; y aquellas instituciones que deberían estar aplicando conocimiento o ser demandantes de conocimiento para solucionar sus problemas”. Por esto mismo “una de las ‘patas’ de la ANII es promover la interacción entre las empresas y la investigación”. Dentro de los instrumentos para lograr esto se encuentran las “alianzas”, las “redes” y los “centros tecnológicos”, en donde la ANII financia parte de esa investigación. Ejemplo de esto son los llamados “fondos sectoriales”. Estos se crean buscando satisfacer las necesidades específicas que nacen de la interacción entre la ANII y los distintos actores del sector público y privado, generando un fondo común donde parte del dinero destinado a la investigación es otorgado por la empresa, y la otra parte del dinero lo pone la ANII. A partir de allí se hace un llamado abierto a grupos de investigación, y se coordina un plan estratégico con un determinado monto de presupuesto, y una determinada duración. Ejemplo de fondos sectoriales son el fondo de energía (en donde UTE, ANCAP y el Ministerio de Industria, Energía y minería (MIEM) son los principales socios), y el fondo sectorial “Innovagro”.

La falta de iniciativa en cuanto a investigación en el Uruguay, según entiende Doglitti, se debe a la creencia de que las dimensiones y la escala del país no son propicias para este tipo de emprendimientos. “No hay forma de que funcionemos si no estamos vinculados con el exterior”, comenta, y señala que este vínculo con la región y con el mundo se desarrolle en pie de igualdad “es fundamental el desarrollo en conocimiento y tecnología; el grado de independencia que podamos lograr desde el punto de vista tecnológico”.

Pero para desarrollar este tipo de tecnología es necesario la investigación en áreas diversas. Cuando se comienza a hablar sobre aplicabilidad de un determinada investigación, y su alcance en el corto o largo plazo, la cuestión comienza a complejizarse. Sobre si existe una discriminación clara entre investigación “aplicada” e investigación “básica”, Dogliotti expresa que resulta muy difusa la línea que separa un a tipo de investigación de la otra. La cree tan difusa que incluso pretende en un futuro quitar esta distinción que se aplica para evaluar los fondos concursables “Clemente Estable” y “María Viñas”. Este último financia lo que se conoce como investigación “aplicada”, y el primero, el fondo “Clemente Estable”, subvenciona la investigación “básica”. Pero señaló que “a veces no hay nada tan básico como la matemática, y a veces no hay nada tan aplicado como la matemática”.

Mordecki comparte esta idea y expresa que las planificaciones de la investigación no deben dejar de contemplar “la otra cara de la ciencia“, la de la ciencia catalogada como “básica”, ya que “a la vuelta de la esquina te encontrás con que esas mismas cosas abstractas son herramientas que resuelven problemas sociales o productivos”.

Posibilidades para investigar

La ANII cuenta con la financiación de posgrados a través del Sistema Nacional de Investigadores (SNI). Este organismo de la ANII es, entre otras cosas, el encargado de contabilizar y llevar un registro de los investigadores “activos” del Uruguay -aquellos que se encuentran realizando investigación-. A su vez cuenta con una comisión encargada de evaluar aquellos estudiantes de posgrados o maestrías que son financiados. Los montos van desde aproximadamente 16.000 pesos para los estudiantes de maestría, y ronda los 20.000 para los estudiantes de doctorado. Dogliotti opina sobre las becas que “ahí hay que crecer“. Cree que se debería aumentar el monto de las becas ya que “la ANII no tenía previsto ningún mecanismo de actualización, y por eso se quedaron congeladas“. Si bien no es lo que ocurre, se pretende que entre lo que financie la CSIC y lo que haga por su parte la ANII “no quede ningún estudiante de posgrado sin becar“, entre aquellos que presenten buenas propuestas, aclara Dogliotti.

Por el lado de la CSIC, y dentro de los programas “clásicos” con los cuenta, se destaca el Programa de Investigación y Desarrollo (I+D) donde se evalúan los proyectos y se financian en relación a los costos estimativos que presenta, y a la duración del mismo. En el libro Veinte años de políticas en investigación en la Universidad de la República de la CSIC, la institución presenta los proyectos de I+D como “el principal instrumento de investigación que ha tenido la institución desde sus inicios“. Este llamado se realiza para todas las áreas del conocimiento y no aplica la distinción entre “básico” y “aplicado”, ya que “dicha información no juega ningún papel en los procesos de evaluación“.

Dentro de esta misma clase de programas, también tiene una larga trayectoria el programa de “Iniciación a la investigación”, donde el llamado se extiende a todos aquellos estudiantes o docentes que no tengan experiencia previa en el campo.

Desde el 2010 la CSIC cuenta con otro programa similar a los I+D pero a diferencia de estos últimos la convocatoria se realiza a “grupos de investigación”. En este caso la duración máxima de los proyectos se puede extender a los cuatro años. En el 2014 se financiaron 49 grupos con un monto total de dos millones de pesos para la duración total de la investigación. En 2014, la CSIC recibió por parte del presupuesto destinado a la universidad unos 200 millones de pesos para todos sus programas.

Dedicación Total

En un apartado dentro de las propuestas en el ámbito local para los investigadores y docentes, está el régimen de Dedicación Total que ofrece UdelaR. Nacido en 1958, este programa ha buscado “la consagración de docentes al quehacer universitario, con especial énfasis en la producción de conocimiento”, según se desprende de su página web. Todos los docentes postulantes a este beneficio, son evaluados por sus antecedentes académicos, y por la presentación de una “propuesta de trabajo” para los siguientes tres años, con una posible renovación de hasta cinco.

También implica para el docente la formación de investigadores, y el heredar sus conocimientos a las nuevas generaciones a través de posgrados académicos, de grupos de investigación. En el caso en el que el docente se incorpore al régimen de Dedicación Total, su salario pasa a ser un 60 por ciento superior al sueldo base percibido hasta el momento.

De 570 docentes con Dedicación Total en el año 2006, se pasó a 1010 en Noviembre de 2014. En este mismo período, de los 117 millones de pesos destinados a este plan, se aumentó a 640 millones hacia finales de 2014.

Vamos a innovar

A la investigación y la innovación se las destaca no solo por ser un pilar fundamental en cuanto a la cultura y desarrollo de una nación, sino porque tienen fines mucho mas prácticos y con resultados más a la vista, como el poder agregarle valor a la cadena productiva de un país. “La innovación es encontrar mejores formas de solucionar problemas antiguos, o encontrar buenas formas de resolver problemas nuevos”, define Dogliotti. En concordancia con esto, Mordecki, cree que “un sujeto formado en investigación, es una persona que no se rinde frente a un problema aunque parezca evidente que éste no tiene respuesta”. A su vez, “el investigador es también una persona que busca soluciones creativas ante una determinada problemática. Esas dos cosas en la cabeza de un joven son un arma poderosísima para aumentar valor en la producción”. Del mismo modo, piensa que se podría salir de muchos de los “círculos viciosos” en los que cae el país, si se aplicara de una forma mas sistemática la investigación, y se comenzara “a pensar diferente, a encontrar caminos distintos”. Es por eso que cree importante para la formación de los jóvenes el tener contacto con investigadores, “para que no repitan los mismos errores, o en todo caso, si se equivocan que cometan errores nuevos”.

Facundo Carrasco