Panel sobre derechos humanos en la Facultad de Información y Comunicación

JÓVENES, PERO CON MEMORIA

Jóvenes con memoria. Foto: SDR/ María José Barragán.

En el marco de las actividades por la 20º “Marcha del Silencio”, se realizó en el Instituto de Comunicación de la Facultad de Información y Comunicación una charla-panel organizada por la Asociación de Estudiantes de Ciencias de la Comunicación, donde disertaron diferentes actores implicados, cada uno desde su materia, en la lucha por verdad y justicia sobre los crímenes de lesa humanidad ocurridos durante la dictadura uruguaya. Los invitados fueron Graciela Montes de Oca y Elena Zaffaroni por Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos (MFUDD), la jueza Mariana Motta, el embajador de Chile en Uruguay, Eduardo Contreras, y por la casa de estudios el profesor y periodista Samuel Blixen.

Bajo un clima de respeto hacia los invitados, comenzó la charla. Se expuso a modo de introducción al tema un documental realizado por la Comisión de Derechos Humanos de la FEUU, donde diversas personalidades, desde cantantes a comunicadores, convocan a la población a concurrir a la próxima “Marcha del Silencio”, el miércoles 20 de mayo a las 19 horas desde las calles Jackson y Rivera. Al finalizar la proyección del corto parecía que no quedaba mucho por agregar. Pero Elena Zaffaroni comenzó su intervención con comentarios sobre las diversas etapas de la dictadura militar en Uruguay, además de lo que se vive hoy en torno al reclamo por parte de MFUDD para que haya justicia sobre los crímenes cometidos y que los que participaron de torturas y secuestros sean condenados. Zaffaroni afirmó que, luego de recuperada la democracia, no se pensaba que uno de los primeros gestos del gobierno fuera la creación y puesta en vigencia de la Ley de Caducidad. Agregó que “desde el primer gobierno de (Julio María) Sanguinetti al primer gobierno del Frente Amplio, lo que vivimos fue un silencio, no solamente dejar pasar este tema, sino todos los obstáculos posibles para acceder a la justicia y a la verdad”.

Con la llegada de la izquierda al poder “pensamos que iba a haber una resolución mucho más profunda, mucho más abarcativa del Estado en relación a las investigaciones, a la importancia de la verdad, la necesidad de la memoria, que íbamos a poder comenzar un camino diferente y no fue así”. Como ejemplo de que no se están dando cambios sustanciales en un tema que concierne no solo a los familiares y amigos de los detenidos desaparecidos sino a toda la sociedad, Zaffaroni cuestionó la decisión de absolución al policía retirado Ricardo Zabala, procesado en marzo de 2012, por ser cómplice del homicidio del maestro Julio Castro. Cree que es una “sentencia vergonzosa”, viéndola como “cacheteadas que no nos dan a la familia, son cacheteadas que le están dando a la sociedad”.

Por su parte, la jueza Mariana Motta, que ha llevado unas 50 causas sobre crímenes de lesa humanidad en la dictadura, compartió la charla dando aspectos técnicos sobre los juicios y el sistema judicial en Uruguay, que presenta poca formación en cuanto a llevar causas sobre crímenes de esta entidad. La formación, saber el contexto histórico en donde ocurrieron los hechos y tener presentes las normas internacionales, son los puntos que debería considerar un juez a la hora de dar un dictamen sobre un caso, explicó Motta. Sobre la formación de los jueces, piensa que “precisamos técnicos que estén capacitados. No hay formación específica en el tema”. También reflexionó sobre la sentencia a Zabala: “Es impensable que Zabala no supiera que iba a secuestrar a una persona, era impensable porque en el ’77 era sabido y públicamente conocido que se detenían personas y que existía todo un sistema de represión. Eso es aislar un hecho de un contexto histórico. Esa sentencia hace a lo que les decía antes, debe de analizarse desde el contexto histórico”.

El embajador de Chile en Uruguay, doctor en leyes Eduardo Contreras, se ha dedicado a defender víctimas de violaciones de derechos humanos en Chile. Destacó la participación de los jóvenes en la charla, ya que en en el país trasandino es muy difícil verlos en actividades sobre crímenes cometidos en dictadura o sobre derechos humanos. “Es impensable una noche como ésta. Estos temas son del presente y sobre todo del futuro”.

Graciela Montes de Oca, representante de MFUDD, concuerda con Contreras en que es muy importante el interés de los jóvenes por el tema. “En sí madres y familiares siempre está rodeado de jóvenes, en las movilizaciones que tenemos, desde que nos hacen la seguridad en la marcha, de que comparten las tareas con nosotros, y lo importante de todo que lo transmiten y se interiorizan. Para nosotros es como una savia nueva”.

Para cerrar la charla, Samuel Blixen habló acerca de su experiencia como docente y comentó algunas vivencias sobre la relación de los estudiantes de periodismo con acontecimientos de derechos humanos. El alumno, al tener que investigar sobre situaciones tan ocultas y de un tema tan delicado como son los crímenes cometidos durante la dictadura, toma conciencia de éstos y se compromete. “La principal tarea del periodista es buscar aquello que está escondido, y qué más escondido e importante para la sociedad que el terrorismo de Estado”, afirmó Blixen. El informe sobre “las chicas de abril”, realizado por una estudiante, además de una investigación hecha por tres alumnas sobre las violaciones a detenidas políticas, son ejemplos claros de cómo los testimonios impactan en los estudiantes, según el profesor.

Este 20 de mayo, como desde 1995, MFUDD convoca a toda la población a sumarse a la Marcha del Silencio. Montes de Oca concluyó: “Es un llamado a la conciencia, al poder político y sobre todo al Poder Judicial. Es para generar conciencia en las generaciones futuras, para que no vuelvan a repetirse los atropellos a la vida humana, a la libertad. Por eso pretendemos que la marcha sea en silencio, por todos, pero también exigiendo que se haga verdad y justicia para que lo que hemos pasado no lo pase más nadie”.

Camila Rodríguez

Producción Periodística: Julieta Añón, Camila Rodríguez y Jessica Vega