Don Osvaldo se presentó en el Teatro de Verano

TRAS EL INFIERNO

La banda argentina Don Osvaldo en el Teatro de Verano. Foto: Facebook de Don Osvaldo.

El Parque Rodó estaba invadido. Una multitud reunida con ganas de ver a una de las bandas argentinas del momento. La noche pintaba ideal. La rambla brillaba y los flashes de las cámaras de fotos y celulares alumbraban cual relámpagos los alrededores del Teatro de Verano. Jóvenes y adolescentes se sacaban fotos con los trapos y remeras de la banda convocante: Don Osvaldo, hija de la extinguida Callejeros y alumna de la escuela de Los Redondos.

Dentro del teatro la previa se vivía como un rito: sonaban cantos cual rezos al estilo “barra brava”. El público estaba ansioso, hasta que el vocalista y compositor Patricio “Pato” Fontanet salió al escenario y rompió la ceremonia con Parte menor, del disco Rocanroles sin destinos (2004) de Callejeros. Al principio parecía un poco nervioso, pero a medida que pasaron los minutos se fue afianzando.

Luego de tocar varias canciones, entre ellas O no, Morir y Guiños, Sé que no sé y Palo borracho – en su mayoría temas de Callejeros enganchados uno con otro-, Fontanet recién saludó a su público por primera vez: “¡Buenas noches!” para seguir con Presión y Acordate -que es uno de los últimos temas presentados por la banda-.

En un momento de auge, los músicos abandonaron el escenario y en la pantalla gigante que acompañó durante todo el concierto con imágenes y videos, apareció una frase: “Absolución a Callejeros- Poder judicial… Hay un pueblo que los vigila”, que dio comienzo a un vídeo en el que Estela de Carlotto -presidenta de la asociación Abuelas de Plaza de Mayo- daba un mensaje que hacía referencia a la tragedia de República Cromañón. Entre varias afirmaciones, de Carlotto exclamaba: “la música no mata”, “tienen todo el apoyo de las abuelas argentinas” y terminó diciendo “del infierno se sale y cuando se sale les espera el cielo”.

El nudo

En diciembre de 2004 la banda de rock Callejeros se vio involucrada en la mayor tragedia del rock argentino de los últimos años: el incendio del boliche República Cromañón, que dejó un saldo de 194 muertos y al menos 1,432 heridos.

Luego de este episodio y en medio de rechazos por parte de familiares de algunas víctimas, lanzaron dos discos: Señales (2006) y Disco escultura (2008). A pesar de las críticas siguieron tocando hasta que otra tragedia golpeó a la banda en 2010, cuando Eduardo Vázquez, baterista de la banda, fue detenido y luego condenado a prisión perpetua tras ser acusado de atacar y quemar a su esposa ocasionándole graves heridas que le provocaron la muerte. Luego de este episodio, Fontanet formo un nuevo grupo manteniendo las iniciales que abrevian el nombre de Callejeros (CJS): Casi Justicia Social.

En octubre de 2012 la Cámara de Casación Penal condenó a toda la banda, con inmediato cumplimiento de sentencia por la tragedia de Cromañón y luego de dos años, la corte suprema hizo lugar un recurso extraordinario presentado por la banda, dejándolos en libertad.

Suenan los rocanroles

Una vez libres, surgieron nuevos proyectos. Patricio Santos Fontanet y Cristián Torrejón junto a los músicos que estaban tocando en Casi Justicia Social formaron Don Osvaldo. Los otros músicos, crearon una nueva banda, a la que dieron el nombre Nuestra Raza, donde interpretan canciones propias y de Callejeros.

Luego de la intervención de de Carlotto, Fontanet regreso al escenario: “Saludo a la Banda Oriental, algún día íbamos a venir, algún día iba a pasar”, exclamó y agradeció a los viajeros que muchas veces hacen miles de kilómetros para ver a la banda. La música volvió con el tango Fantasía y realidad, que cuenta una historia de amor muy particular entre una chica hija de una chica de alta sociedad y un narcotraficante.

Para finalizar el recital tocaron Creo del disco Señales, uno de los tantos temas dedicado a la novia de Fontanet que murió en Cromañón. Se despidió con Suerte y el público lo acompaño coreando: “Suena Don Osvaldo lo llevo tatuado atrás del corazón”. Luego que los músicos saludaran, nadie se movió de su lugar por un buen rato, se resistían a creer que aquello había terminado.

Diego Rodríguez