Vigésima Marcha del Silencio

“TANTO PARA DECIR QUE SOLO EL SILENCIO ALCANZA”

 

Vigésima Marcha del Silencio. Foto: SdR/Sheila Baptista.

Falta casi una hora y ya la esquina empieza a desbordarse. Los carteles, con las fotos de los detenidos desaparecidos, ocupan el ancho de todo el memorial sobre la calle Rivera. Fotógrafos, periodistas y móviles televisivos colman la vereda. Desde temprano un altoparlante que recorre 18 de Julio convoca a participar en la vigésima marcha del silencio. En el bar, que comparte esquina con el homenaje, no entra ni una persona más. El veinte de mayo reencuentra a amigos y compañeros de siempre.

Una pancarta, firmada por familiares y amigos de Aldo Perroni, interpela irónicamente pidiendo juicio y castigo para los que entrecomillan como pobres viejitos.

Faltan 20 minutos para las 19, hora en la que desde hace 19 años comienza la marcha. Ya están todos prontos. El ancho de Jackson está ocupado totalmente, encabezan los familiares que sostienen los carteles con los rostros que no volvieron a ver. Poco después la pancarta “basta ya de impunidad verdad y justicia”, casi tan ancha como 18, le abriría paso a las 120.000 personas que caminaron en silencio desde Rivera y Jackson hasta la Plaza Libertad.

Hay de todo en esa centena de miles. Son varios los bastones que bajo manos arrugadas ayudan a marchar, y no menos los que aun ni siquiera caminan, pero en brazos de sus padres o en cochecitos acompañan la causa, a veces sin adherir al silencio. Y entre esos dos extremos el “resto mundo” dice presente. Con la consigna “todos somos familiares” estampada en el pecho de muchos, un mar de gente espera la salida.

Está por arrancar, ya el volumen de las conversaciones empieza a descender, y lentamente se va alcanzando el silencio que durará casi dos horas, hasta que empiecen a ser nombrados los cerca de 200 detenidos desaparecidos que aún no han sido encontrados. Una señora le dice al que parece ser su esposo: “¡cuántos gobiernos hubo, una verdadera vergüenza!”, haciendo referencia a lo poco que se ha avanzado en materia de derechos humanos. Se puede intuir que esto incluye a los gobiernos de derecha que mandataron en las dos primeras décadas de democracia, pero también a los de izquierda que, contrarios a las expectativas, no hicieron lo suficiente, al menos así lo sienten los familiares y las centenas de miles que en varios departamentos del país marcharon por verdad y justicia.

Ocho minutos pasadas las 7 de la tarde, con un cordón de seguridad compuesto en su mayoría por jóvenes, empezó la marcha. A la cabeza, con y sin cartel, algunos manifestantes que en sillas de ruedas conmueven con su apoyo. Uno de ellos es Jorge Zabalza, quien actualmente se enfrenta a un cáncer de esófago y ganglios.

Al costado de la vereda una señora deja caer un par de lágrimas. Minutos antes, le relataba a una joven a la que parecía no conocer, que asistía escapada a la marcha, que sus hijos no la dejaban salir porque tenía problemas cardíacos.

A paso lento, entre encuentros de quienes solo se ven los 20 de mayo y también de los que se ven todos los días, la multitud camina hacia Plaza Libertad. Son muchos los carteles que con la consigna “en tu nombre” y la foto de Luisa Cuesta se alzan en alto. Es que es el primer año, desde que se realiza la marcha, que Luisa, madre de Nebio Melo Cuesta, desaparecido en el año 1976, no ha podido asistir. Solo su internación pudo apartarla. Esta vigésima edición es para Familiares un homenaje a esta mujer, quien representa un símbolo de lucha inagotable (véase En tu nombre).

Grandes cantidades de jóvenes caminan por la principal avenida de Montevideo en apoyo a la causa. Muchos con agremiaciones estudiantiles, y otros tantos por cuenta propia. Decenas de banderas que flamean, en esta atípica y cálida tarde de mayo. Una de ellas, color rosa pálido y con la inscripción “sí anular la ley de caducidad” funciona como recordatorio de que, a pesar de la gran concurrencia de hoy, hace solo cinco años el 50 por ciento de los uruguayos no la ensobró.

18 de julio y Magallanes, en la explanada del BROU, una pancarta de Plenaria Memoria y Justicia impone su desacuerdo con la consigna bajo la inscripción: “Nos duele el silencio. Gritemos Justicia”. Una vez más queda claro cuál es su enfoque en temas de derechos humanos, el de que la impunidad se combate de otra manera.

La gente sigue su curso. En el camino se siguen sumando adhesiones. Algunos dan su señal de apoyo desde los balcones de la avenida. Como todos los años, el altoparlante comienza a nombrar a los desaparecidos, mientras frente a la Intendencia de Montevideo se proyectan sus caras en la pantalla del Impo. Los primeros marchantes se van acercando al cruce con Yí. En esa misma esquina decenas de cámaras y fotógrafos esperan el arribo, aunque a unos cien metros, en la Plaza Libertad; justo en la mitad de 18 se divisa un pequeño escenario lleno de periodistas y movileros. Una señora, del brazo de su marido, se queja con razón: “Dónde están estos todo el año”, le dice, generando la sonrisa cómplice de varios.

Y así la vigésima edición va llegando a su fin. Como siempre se cierra con el himno y varios minutos de aplausos. En la vereda sur de la plaza, la misma pancarta de Plenaria Memoria y Justicia, y el cumplimiento de unos pocos del grito prometido en la inscripción. Sentado en el cordón de la vereda,  un veterano con dolor en sus palabras y un par de copas de más, grita: “por los que están y por los que no están”, “por los que no están” repite.

No es una más

Son 19 años los que llevan marchando. No ha sido fácil. “El Poder Judicial no hizo el menor esfuerzo”, afirmó Elena Zaffaroni el pasado 12 de mayo en el debate realizado en la Facultad de Información y Comunicación (FIC). En esta instancia tanto Zaffaroni como Graciela Montes de Oca acordaron en que el Ministerio de Defensa no colaboró y en que Uruguay posee una Suprema Corte de Justicia complaciente con la impunidad. Para Familiares la absolución de Zabala en el caso Julio Castro es una clara prueba de estas afirmaciones (véase nota Rasgos que delatan).

El mismo 20 de mayo el Poder Ejecutivo sancionó el decreto que crea el Grupo de Trabajo Verdad y Justicia, destinado a esclarecer asesinatos, secuestros y desapariciones ocurridos durante la dictadura y en años anteriores donde ya operaba el terrorismo de Estado. Si bien hay esperanza en esta iniciativa, ya han transcurrido 10 años de izquierda y el avance no ha cumplido con las expectativas.

Luego de las desafortunadas declaraciones del ministro de Defensa Eleuterio Fernández Huidobro, parece que en derechos humanos el presidente Tabaré Vázquez da una de cal y una de arena, ya que respalda la continuidad del jerarca, que no solo está al frente de una cartera que no ha colaborado con desclasificar información de vital importancia, sino que se ha encargado recientemente de agraviar en forma pública a las agrupaciones de derechos humanos. Mientras, hace 40 años que madres, familiares y amigos los buscan. Muchos murieron sin saber.

Daiana García