Funcionamiento de los clubes de cannabis en Montevideo

CUARENTA GRAMOS

Juan Vaz, vocero de la Asociación de Estudios del Cannabis en Uruguay, dentro de un club de cannabis en Montevideo. AFP PHOTO/NICOLAS GARCIA

Los clubes de cannabis son asociaciones civiles sin fines de lucro formados por un grupo de personas que persiguen el mismo objetivo: cultivar cannabis. Para inscribirse en el Instituto de Regulación y Control de Cannabis (IRCA) necesitan un mínimo de quince socios y un máximo de cuarenta y cinco; el organismo controla el funcionamiento de estas ONG, tanto la inspección edilicia como la fitosanitaria de las plantas y exige un informe de los libros que llevan un registro del cannabis que se entrega a los socios. Otro dato relevante que comentó a SdR Juan Vaz, vocero de la Asociación de Estudios del Cannabis en Uruguay (AECU), es que los clubes pueden funcionar sin haber adquirido la personería jurídica y en ese caso se comunican con el IRCA para que inspeccione el lugar.

AECU es una asociación que se ocupa de difundir información de calidad, promueve el autocultivo individual o colectivo y funciona como facilitador de las asociaciones, porque les proporciona un lugar de reunión, asesoría con abogados y escribanos para su creación. Fue el primer club de cannabis que se creó en Uruguay, adquirió su personería jurídica a través del Ministerio de Educación y Cultura (MEC) el 3 de octubre del año 2012 y surgió con la iniciativa de impulsar el cultivo doméstico y privado. Por esta razón se encargan de asesorar a las asociaciones que se encuentran en la etapa de formación.

Desarrollaron un programa de gestión a través de un software disponible en Internet. Para acceder, los usuarios tienen que tener un club y el presidente tiene que retirar su contraseña en AECU. La finalidad de ese dispositivo es obtener informes que den cuenta del funcionamiento de la asociación.

El presupuesto que se necesita para cultivar en una casa, explicó Juan Vaz, es de mil dólares más nutrientes, mano de obra y mil quinientos pesos de luz. El dinero de la cuota que cobran los clubes para subsistir se utiliza para cubrir estos gastos y para sueldos del cultivador, administrador, presidente y secretario. Para la infraestructura se necesita un espacio físico que cuente con tres dormitorios para instalar una sala de floración, secado y acopio, además de proveer una seguridad con sistemas de alarmas con respuesta y cámaras.

El vocero dijo que AECU se encargó de capacitar a sus socios y que el proceso de aplicación de la ley es lenta. Acerca del proceso de regulación de la marihuana, expresó que la prensa fue el mayor enemigo porque “trata de apurar procesos, se perdió la ética periodística porque no se informa sino que se vende una noticia”. También opinó que los titulares son engañosos y desinforman. Expuso el ejemplo de cuando se dio un plazo de 180 días para registrar cultivos existentes y, vencido ese plazo, solo se registrarían cultivos a efectuarse. Sin embargo, la prensa sacó un titular: “Terminó el plazo para anotarse”.

Vaz tiene una visión positiva en cuanto a la aplicación de la ley. Según él, desde que se empezó con el proyecto se avanzó mucho, porque no había cultivadores que estuvieran capacitados para armar un club y en la actualidad hay más de doce registrados.

Cannabis Activa

Uno de los clubes de marihuana que está en el inicio del proceso de formación es Rey Club. Para inscribirse hay que abonar una matrícula de cuatrocientos dólares (diez mil pesos uruguayos). La cuota es de dos mil quinientos pesos y el socio adquiere cuarenta gramos de cannabis por mes, según un integrante de la asociación.

El beneficio que ofrece es brindar hierba de mayor calidad y lograr mejores efectos. “Un porro te dura el triple”, dijo uno de los miembros de Rey Club a SdR. Esos resultados se obtienen con un proceso de plantación, cultivo y secado de la flor. Explicó que el precio es económico, porque el socio se lleva dos veinticinco aproximadamente (cuarenta gramos), por el precio de lo que cuesta uno en el mercado negro. El integrante del directorio del club dijo que su interés es difundir el autocultivo y a la marihuana como planta medicinal, porque su beneficio “está comprobado científicamente”.

En el ámbito legal, Rey Club adquirió la personería jurídica y cuenta con 16 socios. Realizó los trámites pertinentes en la Dirección General de Registros y hoy en día buscan un lugar físico para la instalación en una zona en la que dé bastante el sol.

Los clubes de cultivadores y consumidores de cannabis están permitidos por la regulación de Ley de la Marihuana, aunque todavía no esté su reglamentación. Por este motivo se preserva la identidad de los miembros del club y es difícil acceder a estas organizaciones para formar parte de ellas, ya que se exige recomendación de alguno de los miembros que la integran.

Magalí Arismendi