A 400 años de “El Ingenioso Caballero Don Quijote de la Mancha”

AÚN LADRAN, SANCHO

Una escultura representa al Quijote en Castilla, La Mancha, en el camino turístico de Don Quijote. Foto: AFP

Usted, Sancho Panza, que era tan amigo de Alonso Quijano, qué diría si viera su figura como promoción de un partido político. Qué pensaría al ver esas películas y series televisivas que instan a todas sus andanzas. Qué sentiría al verse junto a él en remeras, gorros y cubre celulares. Diría lo mismo que le ocurrió hace cuatro siglos cuando se convirtió en libro. Firmemente lo convencería de que la libertad no está en el medio, ni en la imagen. Está en donde falta el tiempo y el espacio, está en un lugar en el que nadie quiere acordarse.

Hace 400 años El Quijote se descubrió a sí mismo y Sancho Panza se molestó cuando alguien reveló sus intimidades. En 1615 Miguel De Cervantes Saavedra, oriundo de Alcalá de Henares, terminó de escribir -con previa aprobación de la monarquía española- la segunda parte de “El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha” (1605). El título es igual al del tomo anterior, solo que en esta segunda parte se gana la designación de Caballero en lugar de Hidalgo. El autor finalizó su obra sin saber, aunque con sospechas, que otorgaba el don de la inmortalidad, ese que no le era propio. El “Manco” de Lepanto, como se lo conocía -perdió su mano izquierda en batalla en 1571-, murió al año siguiente pero dejó su descendencia: la novela moderna.

En esta segunda parte, el protagonista descubre que ya se publicó un libro acerca de él y es un éxito. De alguna manera Alonso Quijano -autodenominando Don Quijote de la Mancha-, caballero andante en época moderna, no solo parece predecir el futuro, también se desdobla y es consciente de que además de ser un caballero andante es un personaje literario. Hace 400 años que Don Quijote y Sancho Panza vuelven a las andanzas. Esta vez, en el camino, se encuentran con personajes que los reconocen por el libro anterior. El tiempo ficticio entre un libro y otro es de tres meses, el tiempo histórico es de diez años.

En 1614 se publicó un libro que emulaba ser la segunda parte de El Quijote (Quijote de Avellaneda), pero era un plagio. Cervantes habló acerca de ello a través de su novela. El protagonista conoce la existencia de un impostor y deja en claro quién es el original. De una manera, muy fina, el autor logró lo que popularmente se denomina “venganza literaria”.

El libro es un texto vigente. Es el más editado y traducido después de La Biblia, con autorreferencias constantes, un juego entre narradores, traductores, personajes, hechos históricos y otros textos. Una obra burlona, critica, divertida, demente. Así es la pieza inagotable del autodenominado “Caballero de la Triste Sombra”.

Hidalgos en Uruguay

Sala de Redacción conversó con Marcelo Estefanell –autor de “Don Quijote de la Cancha” y “El retorno de Don Quijote, Caballero de los Galgos”-, fanático del libro español. Lo leyó siete veces y seguirá este camino, porque cada vez descubre algo nuevo. Cuando la dictadura militar irrumpió en Uruguay, Estefanell estuvo 13 años preso y se dedicó por completo a la lectura, particularmente de El Quijote. Extraña coincidencia, la lectura y la locura que guían a Alonso Quijano son las mismas que, de alguna manera, ayudan a Estefanell.

 

Una escultura representa a Don Quijote en Castilla, La Mancha, en el camino turístico de Don Quijote. AFP PHOTO/ PIERRE-PHILIPPE MARCOU

Prefiere ver El Quijote como un juego de Cervantes, como un “gran chiste” más que como un texto solemne y estructurado. Dentro del libro se nombran otros títulos del autor, incluso algunos que hasta el momento no fueron publicados. Este juego de espejos es una constante en su obra. El “Manco” se muestra cínico en sus escritos. Como ejemplo Estefanell señala que el cura de la historia salva de la quema de libros Tirante al blanco –novela de caballería de 1400- y alude a Placer de mi vida –una doncella- que tiene reiteradas escenas eróticas. Esto deja a entrever algunas intenciones del sacerdote, también hay varias menciones a moros -expulsados de España entre 1605 y 1610-.

Miguel de Cervantes, lejos de ser un intelectual de escritorio, tiene una vida llena de sobresaltos que vuelca en su obra. “Es el macaquito del pacman que se come todo. Se lo come, lo digiere y lo convierte en literatura”. Fue un hombre de su época, soldado, escritor y administrativo. Es protagonista de la derrota a los turcos, participó en batallas que cambiaron la historia, herido en Lepanto sigue peleando. Viaja a Italia y es secuestrado por piratas, es rehén durante cinco años en Argelia hasta que pagan su rescate. Cuando vuelve ya es un hombre olvidado y se convierte en espía de la corona durante un año. Finalmente consigue un cargo de recabador de impuestos, esta profesión lo lleva a estar varias veces en la cárcel y hasta en un aljibe.

Estefanell expresó a SdR que, a su parecer, la escena donde El Quijote baja a una cueva y luego cuenta lo que vive a Sancho Panza es una recreación de sus días en el aljibe. Esto de alguna manera le da más valor a su obra: no necesitó de una Universidad, con la experiencia le bastó, “hablamos de un autodidacta”.

La imagen de El Quijote, más allá de la inevitable masificación que lo convierte en una marca, se tornó un símbolo de “aquel que siempre tiene un proyecto, hacer una quijotada es hacer una locura, pretender lo imposible, yo creo que El Quijote más que loco es anacrónico”.

El historiador Francés Pierre Vilar hace una paralelismo entre El Quijote como el Hidalgo que niega asumirse burgués y Charles Chaplin, que, por el contrario, es un burgués que se niega a ser proletario -aun viviendo en la calle usa smoking y tiene costumbres de alta sociedad-. Estefanell, en cambio, hace una comparación con Carlos Gardel, que quiso ser cantante de ópera y de zarzuela sin éxito y consiguió la fama mediante el tango. Así Miguel Cervantes de Saavedra quiso ser dramaturgo y poeta sin éxito y consiguió lo mismo con la novela. La tenacidad como principio que los atraviesa.

Cervantino en Montevideo

La Universidad de Montevideo (UM) inauguró el Centro de Documentación y Estudios de Iberoamérica (CEDEI). Está compuesto por cinco colecciones literarias principales, entre ellas se encuentra la colección y archivo de Arturo Xalambrí -uno de los más importantes cervantistas iberoamericanos del siglo XX-. Cuenta con 2.861 volúmenes de Miguel De Cervantes, es aquí donde se encuentra la edición más antigua que hay en Uruguay de El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, que data de 1611.

 

Vista de los molinos de viento en el camino turístico de Don Quijote. AFP PHOTO/PIERRE-PHILIPPE MARCOU

La colección ha sido valorada por el Instituto Cervantes de la Universidad Autónoma de Madrid como una de las más importantes de América. Cuenta con ediciones de El Quijote en varios idiomas –inglés, italiano, ruso, alemán, griego, latín, japonés, entre otros- y hay ediciones especiales ilustradas por famosos artistas plásticos como Salvador Dalí.

Sala de Redacción consultó a la profesora de Literatura Española e integrante de la comisión asesora del CEDEI María Elena Ruibal. Contó que actualmente se trabaja para postular a Montevideo como ciudad Cervantina. La docente adelantó que se estudia y se procesa la correspondencia de Xalambri, un futuro archivo con la imagen de Don Quijote impregnada.

Junto a los años de vigencia del libro de Cervantes, también se cumplen 40 años de la muerte de Xalambrí. La UM, apoyada por el Centro Cultural de España (CCE), decide mostrar al público la colección Cervantina más grande de Uruguay. La exposición se desarrollará el 6, 7 y 8 de julio en el propio centro cultural. Habrá también actividades académicas.

Esta colección literaria cuenta con obras de arte plástico relacionadas, que Xalambrí acumuló o envió a hacer en algunos casos, como monedas, sellos, ilustraciones, entre otros objetos. Él mostró su colección por primera vez en 1940. Luego de eso solo volvieron a exponerse dos veces. En este año de homenaje vuelven a hacerse públicas.

Convivir con Cervantes

El barrio Larrañaga rinde homenaje al Miguel de Cervantes Saavedra todos los días. En él se cruzan las calles Quijote, Dulcinea y Sancho Panza, todas confluyen en la plaza Alcalá de Henares. El sentimiento de identidad y patrimonio es especial en estos tiempos para el barrio. La comisión fomento lleva adelante la organización de la celebración “Caminando con Cervantes“. En enero realizaron caminata por el barrio y en febrero las 12º llamadas de Luis Alberto de Herrera.

Rosa, integrante de la comisión, contó con orgullo a SdR que los próximos meses vienen cargados de propuestas para el barrio: ciclo de talleres, charlas y tertulias denominadas “Tres mundos; Cervantes, el Quijote y los Quijotes de hoy”. Realizarán un mural ecológico –con tapitas plásticas que se recolectarán previamente-, miniferias de libros y artesanales. Además con el apoyo del programa “Esquinas de la Cultura” de la Intendencia de Montevideo, habrá distintos eventos artístico-culturales.

Valentina Machado