El Programa Yo Estudio y Trabajo tiene balance positivo para sus orientadores.

DEDITO PA’ ARRIBA

El ministro de Trabajo Ernesto Murro diserta sobre la cultura del trabajo. Foto: mtss.gub.uy

El programa Yo Estudio y Trabajo coordinado por la Dirección Nacional de Empleo del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, está llevando a cabo su tercera edición. El mismo comenzó en mayo de 2012, brindando a los jóvenes una primera experiencia laboral formal. Los orientadores realizaron un balance positivo del programa a lo largo de las tres ediciones, rescatando como primordial la mejora de la relación interinstitucional y la continuidad de los jóvenes tanto en el sistema educativo como en el ámbito laboral.

El Instituto de Empleo y Formación Profesional (INEFOP) posee un equipo multidisciplinario de orientadores, del cual Andrés Gayol (psicólogo) y Nicolás Lomazzi (educador social) forman parte. El Instituto es el encargado del acompañamiento de los becarios a lo largo del período (de 9 a 12 meses) y la orientación previa sobre cuestiones básicas del mundo laboral, las cuales muchas veces los jóvenes no tienen muy claras. “Son mayoría los psicólogos. Pero también hay una socióloga y un educador social”, comentaron ambos.

El grupo orientador no solo está compuesto por integrantes de INEFOP, también hay orientadores provenientes de INAU. Estos últimos tienen un menor número de orientados, ya que a nivel interno realizan otras orientaciones. En años anteriores fueron acompañadas por INJU y el MIDES, quienes se ausentaron este año.

Ellos plantean que esta edición viene siendo positiva más allá de las experiencias que puedan llegar a tener los becarios y que forman parte del trajín de cualquier ámbito de trabajo. Uno de los cambios que tiene con respecto a la segunda edición, es la ausencia de participación de empresas privadas. “Más allá de que hubo una experiencia piloto el año pasado, no sé si se logrará, pero que las voluntades van por ese rumbo, es seguro”, comentó Lomazzi respecto a la participación de privados. Es así que solamente participan las empresas públicas que están desde la primera edición, sumado a ellas están las empresas paraestatales como Ceibal y LATU.

En el marco de la Ley de empleo juvenil Nº 19.133 aprobada el 11 de setiembre de 2013, que en su segundo artículo promueve el respeto y la no discriminación de ningún tipo. Yo Estudio y Trabajo adicionó cuotas de población dentro de los sorteados para asegurar una mayor inclusión.“Se colocaron cuotas para las poblaciones trans, afro y para los discapacitados, asegurando que estas tengan posibilidades, ya que son poco numerosas y tienen dificultades para acceder al mundo laboral”, explicó Gayol.

Con respecto a lo que se evalúa dentro del programa, aclaran que no es tan importante si los jóvenes dejan o siguen con la beca hasta su finalización. “Lo que nos interesa es que puedan armar su proyecto, y que puedan decir hacia donde quieren ir, para que nosotros podamos orientarlos en ese sentido”, señaló Gayol. Para ellos lo primordial es el proyecto ocupacional de los becarios. Este puede consistir tanto en optar por priorizar sus estudios como por acompasar los mismos a la actividad laboral. Ambos coincidieron en que otro objetivo es “Que ellos entiendan lo importante que el estudio es para el mundo del trabajo y además que este sirva no solo para acceder a mejores oportunidades laborales, sino que vean lo rico que es estudiar y la amplitud que genera ver otras perspectivas, que a veces solo en el trabajo no las encuentra”, comentó el psicólogo.

El modelo de orientación que plantea este programa apunta a generar un ida y vuelta entre ambas partes, para que el joven genere una cierta autonomía con respecto al orientador. “Apuntamos a no ser alguien que esté todo el tiempo  pinchándolo o preguntándole, como algo persecutorio. La idea es que el becario sienta que es libre de actuar y sabe que hay un apoyo, una persona de consulta, una persona que te escucha”, comentó Lomazzi. Este modelo se aplica desde los talleres introductorios a los que asisten los becarios, antes de ingresar a las empresas y en donde se les imparten los conceptos básicos del mundo laboral.

En cuanto a las políticas públicas de reducir la desvinculación del sistema educativo y la tasa de desempleo laboral. Se podría decir que el programa está cumpliendo con creces. Según los orientadores la mayor cantidad de los jóvenes que participan, luego de la beca continúan con sus estudios manteniéndose fuera del mercado laboral. Mientras que un número menor se mantiene realizando ambas actividades, otra cantidad más baja se mantiene en busca de trabajo. Muchos de los ex becarios se mantienen en contacto con sus orientadores y les cuentan sus experiencias, por ende el programa tiene un impacto positivo en los jóvenes.

Además Yo Estudio y Trabajo no solo contiene vínculos entre becarios y orientadores, también existe un relacionamiento ínterinstitucional entre las empresas participantes, el ministerio y las instituciones abocadas a orientar. Según Lomazzi hay tres niveles de relacionamiento, uno técnico que se da entre INEFOP e INAU en las reuniones entre orientadores, donde se discuten los casos particulares y se intenta implementar soluciones. El segundo es un relacionamiento técnico – operativo donde los orientadores coordinan con los representantes de cada empresa y con el Ministerio. Y por último una reunión a nivel político que está dirigida a la toma de decisiones.

Esta relación ínterinstitucional es uno de los problemas a los que se enfrentan año a año. “Hay empresas que son gigantes y el programa es una de las tantas cuestiones que tienen que atender, por eso a veces abarcar espacio-tiempo es muy complejo”, explican. A pesar de esto valoran como positivo que los mismos referentes de cada empresa en su mayoría se mantengan, ya que significa una ganancia en cuanto al mejoramiento del diálogo. Porque es más fácil afinar la comunicación con alguien con quien ya se ha trabajo. Esto también depende de otros factores como las situaciones que puedan llegar a vivir los jóvenes dentro de cada empresa y el nivel de gravedad de las mismas, ya que provoca que aparezcan aspectos que no estaban pensados y que deben pensarse en ese momento, tratando siempre de buscar la solución más rápida y efectiva.

Otra dificultad que aparece es la relación dispar entre el número de becarios y el número de orientadores, que cambia los dispositivos utilizados para la orientación y dificulta la tarea de aplicarlos. No se trabaja igual con una población grande, que con una más reducida de becarios.

Para cerrar adelantaron que se está pensando en realizar una cuarta edición del programa pero aún no hay nada confirmado y concluyeron ambos que el programa en lo personal representa una satisfacción, ya que estar en contacto con los jóvenes y ayudarlos a formar su proyecto de vida es muy interesante. Según ambos: “Generar ese encuentro con ellos es lo que más nos interesa. Después tiene otras partes administrativas que son las que más nos aburren (risas)”. Y agregaron: “A nosotros nos toca vivir ese proceso y saber las cosas tristes y  las alegres, los logros y los fracasos, e ir acompañando a cada joven que conocemos y que quizás termine siendo nuestro jefe (risas) nunca se sabe”.

Germán Ires