Dirigentes y barras bravas unidos al alto precio de la necesidad

YO TE CUIDO

Barra brava se hace, no se nace. Foto: wikipedia

Barra brava se hace, no se nace. En tiempos donde la popular entona sus estrofas más violentas, es hora de enfocar la mirada en el poder -in crescendo-, que manejan aquellos hombres vestidos con los colores de su equipo y con asistencia perfecta a la espalda de uno de los arcos. Amparados y apoyados por dirigentes, el Río de la Plata es testigo de una relación cada día más fluida entre el grupo más bullanguero de la tribuna y los encargados de dirigir los destinos de un club.

Los hechos de violencia en el fútbol parecen ya moneda corriente en una sociedad lamentablemente acostumbrada a sucesos de esta índole. El foco, a la hora de señalar culpables, se dirige casi sin excepción a aquellos “revoltosos” ubicados en una de las populares. A los del medio. A los barras.

Pero ellos, unidos en su causa, dejaron hace rato de ser los verdaderos culpables de esta ola difícil de frenar. Convertidas en verdaderas asociaciones con fines de lucro, las barras bravas dejaron de ser la cara de la violencia para convertirse en la fachada de una empresa. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Para qué?

Argentina dibujó el modelo de gestión y el resto de Sudamérica -incluido Uruguay- siguió el ejemplo. Malo, berreta y oscuro. Con apoyo dirigencial, los barras comenzaron a ganar más espacio del que ocupan en la tribuna, y de a poco, se metieron de lleno en la vida activa de los clubes.

El final de los ´90 comenzó a mostrar el nacimiento de un fenómeno consolidado 25 años más tarde. Gustavo Grabia, periodista argentino especializado en el tema, marcaba en 2011 -en su nota titulada Entre la miseria y la represión publicada en el número 58 de la revista El Aromo- las claves de este inicio: “Cuando empieza el fenómeno, no nace básicamente para vivir de eso. Nace como ‘necesito un grupo de apoyo’. Dijo un dirigente: ‘formemos un grupo que apoye mi gestión y que, aparte, se lleve algunos beneficios adicionales’. No era nada: las entradas y los viajes. Nada más que eso. No es casualidad que la gran explosión de la violencia en el fútbol se ve desde fines de los ’90. Es el momento en el que explota el fútbol como negocio planetario. El problema es cuando explota el negocio del fútbol y los barras se llevan el mismo porcentaje. Hasta mediados de los ’90, no se ve una violencia interna por reparto de guita. Lo que se ve es ‘vamos a ir a juicio porque asesinaron a dos de River’. No se ve ‘vamos a ir a juicio porque se asesinaron entre los de River’. Eso no se ve antes. Se ve cuando empieza el negocio. Y el barra dice ‘a mí no me conviene pelearme más con el contrario, porque voy a cagar mi negocio. Me voy a pelear con alguien que está en el mismo negocio, pero al frente’”.

Las entradas y los viajes, señalados por Grabia, en un principio, dejaron lugar al efectivo, los aprietes y a la toma de decisiones dentro de un club. Todo reducido a ese grupo de gente.

Uruguay no escapa a este fenómeno y con un marco de acción mucho menor dada la polaridad existente a nivel de hinchadas entre Peñarol y Nacional, también se las ingenia para alimentar el poder de los barras.

En diálogo con SdR, una fuente inmersa dentro de este micro mundo señaló que “Peñarol y Nacional apoyan a los barras mediante la seguridad interna que implementan en las tribunas”. En Peñarol se entregan entre 20 y 25 carnets de seguridad por torneo y seis mil pesos por cada carnet, por mes. Esta plata algunos la agarran y otros no”, mencionó. Vale aclarar que esta “seguridad” funciona por fuera de la empresa contratada para este rubro por el club, la cual funciona afuera de la tribuna.

Siguiendo con su relato, la fuente indicó que si bien los encargados de esta seguridad dentro de la tribuna, a priori, no figuran en la legalidad, “la misma está avalada por la AUF. La AUF es la que emite estos carnet, y sabe perfectamente para quien y con qué motivos se hacen”.

Este carnet es una herramienta que usan los dirigentes para sacarse la presión de estos hinchas. Esta gente, por ejemplo, recibe banderas para colgar por parte de la dirigencia, como sucedió en su momento con la empresa Fox Sports (aliada a CONMEBOL y enfrentada con Peñarol). Les dieron dos mil pesos y la bandera para colgar”, afirmó.

Consultado por el nivel de impacto que puede tener la reprobación de este sector hacia un determinado grupo dirigencial, la fuente indicó que “son personas muy influyentes dentro de los grupos donde son líderes, y eso pesa entre los socios -todos ellos lo son- a la hora de una elección”.

Además del efectivo, dicha fuente afirmó que la dirigencia le entrega a este grupo “150 entradas por partido. Las entradas llegan por parte del encargado de la empresa de seguridad contratada por el club, quien funciona como intermediario entre la parte dirigencial y los barras”. “El contacto directo nunca se da, por eso no se puede comprobar. El nexo entre los dirigentes y la barra siempre es otro, siempre hay un intermediario. El cara a cara, en este tipo de cosas, no existe”, comentó.

Por último, mencionó que “es una tomada de pelo cuando dicen que todos quieren luchar contra la violencia. Todo esto está avalado por la AUF y el Ministerio del Interior. La AUF facilita todo este tipo de cosas, entrega un montón de carnet sin ningún tipo de control o restricción, muchísimas entradas. Saben todo y no hacen nada”, remató.

La situación, lejos de cortarse, parece ya un ida y vuelta sin fin. Los dirigentes de los clubes, temerosos por el impacto negativo que puede tener en ellos la desaprobación del barra, colaboran con éste a cambio de buena propaganda dentro de la tribuna.

Los favores se suceden y la barra controla el juego. Convertidos en verdaderas organizaciones, las barras bravas disponen y la dirigencia del club, cumple. Así funciona en el Río de la Plata. Cosas del fútbol.

Mathías Gonnet