En nuestro país los clubes “no tienen obligación de tener desfibrilador en sus canchas"

PUDO PASAR ACÁ

 

Luis Suárez durante la clasificatoria para el mundial de Brasil 2014, en Quito, en octubre de 2013. Los accidentes en el fútbol son cada vez más frecuentes. AFP PHOTO / RODRIGO BUENDIA

Los fallecimientos ocurridos por distintos motivos en las canchas argentinas obligan a preguntarse sobre las condiciones en las que el fútbol profesional se lleva a cabo en nuestro país. La primera de las dos muertes fue la de Emanuel Ortega, se dio por un golpe en el cráneo contra un muro de contención a escasos metros de la cancha, mientras que la de Cristián Gómez fue por una descompensación en la cual no se recurrió al uso del desfibrilador.

SdR habló con Fabián Pumar, secretario general de Mutual Uruguaya de Futbolistas Profesionales, quien dijo que en nuestro país los clubes “no tienen obligación de tener desfibrilador en sus canchas. Nos han recomendado tenerlo porque es bueno para los futbolistas y también para todos los espectadores de los partidos, pero por un tema económico muchas instituciones dijeron que no en su momento y otras sí lo pusieron”.

Consultado sobre si existe algún protocolo para llevar a cabo en un caso de convulsiones como el del argentino Gómez, Pumar expresó que “nosotros tenemos un convenio con una urgencia privada. La Mutual y todos los futbolistas que participan de los torneos oficiales están cubiertos las 24 horas en el lugar en que se encuentren por ese servicio de asistencia. Ellos son los que lo derivan según la sociedad médica que tenga elegida el futbolista dentro del Fondo Nacional de Salud”.

En Uruguay, el 16 de mayo por el campeonato de la Segunda División, Leonardo Novo, jugador de Miramar Misiones, impactó su cabeza contra un muro lateral del Parque Palermo en una incidencia muy parecida a la que acabó con la vida de Ortega. En el momento, los presentes, informados del suceso ocurrido en Corrientes, se asustaron pero Novo volvió al campo de juego minutos después. Tuvo suerte.

Quitar los muros, correrlos o poner alguna protección son las posibles soluciones pero Pumar reconoció que “la viabilidad de una medida de esas está supeditada a la realidad económica de los clubes. Lo podríamos conversar pero para muchas instituciones sería casi que inviable por un tema económico o de infraestructura en el caso de alejar los muros. FIFA recomienda que estén a 6 o 7 metros del perímetro de juego. Sería cuestión de hablarlo con la Comisión del Field de la cual participamos activamente con la Asociación Uruguaya de Fútbol y se podría recomendar y exhortar a las instituciones a, al menos, acolchonar los muros que también llevaría un costo interesante”.

El ex jugador de Bella Vista, Danubio y Cerro entre otros, argumentó que “es un tema muy complejo y especial. En cuatro días se golpearon dos futbolistas pero también hacía mucho tiempo que no ocurría”.

Los antecedentes que asustan

El jueves 14 de mayo el fútbol perdió de verdad. Luego de once días en coma, Emanuel Ortega, futbolista de San Martín de Burzaco de sólo 21 años, falleció tras no lograr superar la intervención quirúrgica a la que fue sometido por una fractura en el cráneo.

Una jugada de esas que hay mil, una típica disputa por la posesión del balón con un rival, le costó la vida ya que el joven jujeño terminó estrellando su cabeza contra un muro lateral de esos que abundan pegados a las canchas sudamericanas.

Diez días después, en un encuentro disputado por el Nacional B entre Boca Unidos de Corrientes y Atlético Paraná, el ambiente se sacudió nuevamente ya que Cristian Gómez, defensor del equipo visitante de 27 años, se desplomó en el campo de juego con un desenlace similar al de su colega Ortega. El parte médico indicó “muerte súbita”.

En las últimas horas surgió por parte del presidente del equipo locatario la versión de que existía un desfibrilador en su banco de suplentes. Al momento del incidente se optó por la vía manual y Gómez fue trasladado al Hospital Escuela José de San Martin de Corrientes. Allí lo intentaron reanimar, sin éxito.

Comprobando que las irregularidades en los campos de juego aparecen de ambos lados del Río Uruguay, se puede concluir que el hecho de que hayamos tenido que lamentar experiencias parecidas en el fútbol charrúa obedece a razones de azar y de probabilidad ya que aquí se juega un número de partidos mucho menor.

Los recursos son limitados y no alcanzan. Como siempre, el tema pasará por establecer prioridades. Sería bueno que de una vez por todas, la vida del futbolista, el ídolo de los niños, el trabajador, sea algo prioritario.

Luca Pratto