El presente del club Huracán Buceo

DE LA GLORIA A LAS CENIZAS

 

La piscina del Huracán Buceo. Foto: SdR/ María José Barragán.

Con la detención en los últimos días de mayo de Eugenio Figueredo, ex vicepresidente de la FIFA, vinculado a temas de corrupción, ha vuelto a hablarse del lugar de donde salió. Y es que Figueredo comenzó su carrera en el mundo del fútbol, primero como jugador amateur y después como dirigente en el club Huracán Buceo.

Aunque algunos medios lo están relacionando al club y hasta se lo llamó el “hijo pródigo de Huracán Buceo”, muchos socios, hinchas y jugadores del club se niegan a que se los relacione con este personaje. Así lo expresan en un grupo cerrado de Facebook llamado “Huracán Buceo Por Siempre”, en el que incluso “hablan” de hacer un comunicado oficial donde se desliguen del ex vicepresidente de la FIFA.

Mucho se ha dicho de las rachas de gloria que vivió Huracán Buceo, el club de fútbol que llenó el Estadio Centenario en 1968, el que ascendió a la B contra Wanderers en 1969 y el que pronto comenzaría a jugar en la A, siendo el tercer grande hasta comienzos del 1990. Tuvo más de 1800 socios en su buena época; hoy es un polideportivo con sede en la calle Velsen 4440, que tiene apenas cerca de 100 inscriptos. Funciona de lunes a viernes de 9 a 22 horas con actividades como boxeo, gimnasia de boxeo, hándbol femenino, sala de musculación, caminadores, karate y gimnasia para gente mayor. Está endeudado y embargado.

Es que el club fue sacudido por una crisis y un montón de deudas, y aunque intentó resurgir en 1995, una nueva crisis aún mayor le arrebató su afiliación a la Asociación Uruguaya de Fútbol. Desde entonces funciona como un club social, donde el fútbol ya no tiene lugar.

El famoso "Topo Gigio" de Huracán Buceo. Foto: SdR/ María José Barragán.

A su entrada se puede ver el todavía memorable Topo Gigio, -que fuera consagrado como mascota oficial en 1968-, “invitando” a entrar. Un poco más adentro, una pequeña oficina a modo de recepción donde el personal va y viene. En un rincón, un adorno llama la atención: es una maqueta del castillo del que todos los hinchas orgullosos hablan, y que fuera sede central del club. En 1971 el entonces presidente, Figueredo, vendió al jugador Luis Villalba a Peñarol y compró un castillo, ubicado en la rambla. En 1989 se  iniciaron los proyectos de demolición, que se concretaron en 1991, con la idea de construir un nuevo edificio. El edificio se construyó, pero el club no vio ningún centavo de todo ese dinero que se movió. En diálogo con SdR, Fernando Balcón, prosecretario, miembro de la Comisión Directiva y socio, explicó que “se dice que la plata se gastó en reforzar el fútbol, lo cual es extraño, porque en esa época –segunda presidencia de Figueredo- el fútbol de Huracán empezó a descender de categoría”. Hoy el castillo es sólo un recordatorio más de lo que fue. De frente, una cancha ya desgastada donde un grupo de niños juega al hándbol. Al fondo, pasando por unas pequeñas salas y una escalera, una puerta da hacia la magistral piscina que cayó en desuso y yace arruinada: descolorida, manchada, gigante. Parece que nadie pasa por allí. Aquel sector ha quedado abandonado.

SdR habló con el funcionario de recepción quien resultó ser un ex jugador del club en sus mejores épocas. Víctor Hugo Rovella, jugó desde 1967 al 1969. Con música de fondo y gritos de niños jugando, contó apasionado sobre los momentos inolvidables que vivió con el “grupo espectacular” que se formó por aquel entonces. Según Rovella, “si se hubiese mantenido en esa línea, el club sería el tercer grande”. Sin embargo con la inauguración de la sede actual, comenzó la crisis. En su opinión, “se mezcló fútbol con una cuestión social a otro nivel”. Al tocarle el tema de Figueredo, Rovella afirmó que “él usó el Club para llegar a donde estaba”. Otro funcionario que estaba de paso, confirmó la declaración: “él decía que el negocio era usar el Club para llegar arriba. Me acuerdo, era niño”.

Con resignación, Rovella contó que en aquella época el club se financiaba sólo, por la cantidad de socios y los buenos tiempos. Luego fue incorporándose personal que para la infraestructura era innecesaria, sumado a “alguna mano descuidada”.

En la actualidad hay muchos socios vitalicios pero solamente alrededor de 100 abonan, con lo que financian la luz y a seis empleados. En la página oficial de Facebook del club, algunas críticas se hacen ver: “No resuelven nada de lo actual”, “burgueses”, “lo hacen para recaudar fondos”;  y otras quejas en referencia a que la institución parece haber dejado de lado lo barrial, organizando entre otras cosas, cenas con entradas inaccesibles para los vecinos.

Al preguntarle al funcionario, indicó que efectivamente esas cenas se realizaron para pagarle al personal lo que se les debía. Fernando Balcón confirmó lo mismo. Contó que además de los socios, el club es alquilado por algunos colegios para hacer gimnasia pero de enero a marzo, no cuentan con esos ingresos. Por eso se organizaron dos cenas con un ticket de $1000. “Yo tuve una gran discrepancia, fui uno de los que estuvo en desacuerdo y la segunda cena que era por el cumpleaños de Huracán, no la organicé”, dijo Balcón.  Aunque según supo SdR, aún  deben al personal, dos meses de sueldo y el aguinaldo de diciembre.

“El Club bien administrado, recaudaría entre 120 y 130 mil dólares al mes”, opinaba Rovella.  La piscina sería el motor, ya que “cualquier club soñaría con tenerla”. Explicó que hubo un tiempo donde un inversor pretendió restaurarla pero los directivos de ese momento quisieron ser quienes administraran el dinero. Por supuesto que el inversor se retiró. Por otro la, no se pudo presentar ningún proyecto de recaudación en el Presupuesto Participativo que otorga la Intendencia de Montevideo, debido a las deudas que mantiene la institución. “Detrás del cuerno, los palos”, dijo el ex jugador.

Según el prosecretario, como el complejo está embargado y se iba a realizar un concurso entre los acreedores, se debió aprobar un proyecto para sacarlo a flote. Consiste en construir un edificio y convertir al club en algo similar a un spa.  “No sería la misma que pasó con el Castillo”, comentó, porque esta vez todo estará tercerizado ya que la empresa encargada de construir, se haría cargo de deudas y tendría el derecho de administrar el club por 15 años. “Nosotros como dirigentes estaremos fiscalizando y ganando un porcentaje del ingreso”, dijo Balcón. A su vez habló del futuro del fútbol: dijo que se están teniendo conversaciones con un ex jugador que acercó a unos gerenciadores brasileros, y la idea es poder volver a jugar en la temporada 2016-2017. Son muchos los proyectos pero el proceso recién empieza.

Yobanna Costa