Con Valentín Guerreros, guitarrista de Hablan por la Espalda

“LA CARGA LIBERANDO”

Valentín Guerreros, guitarrista de Hablan Por La Espalda / Foto: Ignacio Bide

La banda uruguaya Hablan por la Espalda (HPLE) encendió los motores nuevamente y salió al 2015 con disco nuevo, presentaciones montevideanas y gira regional. Valentín Guerreros, guitarrista de HPLE y psicólogo, conversó con Sala de Redacción sobre el inminente viaje, la influencia del filósofo francés Gilles Deleuze, su condición de vegano en Uruguay y las causas que llevaron a concretar el quinto trabajo de la banda. Ocho canciones que logran crear un universo propio donde el fuego, el ritmo, el rayo y el grito se pierden en una noche de redención.

Luego de un ascensor veloz está la puerta. Detrás de la misma aparece Valentin quien invita a pasar a su consultorio en el segundo piso de un edificio en Pocitos. El mediodía de miércoles se presenta gris con algunos momentos de sol, algo inusitado en el marco de un otoño soleado por demás. La luz ingresa por un ventanal iluminando el diván al que le siguen dos sillones individuales, los cuales están distanciados por una mesa de baja estatura donde el entrevistado posa un reloj de muñeca al lado de una caja de pañuelos.

Quizá por su rol de psicólogo, Guerreros esté más acostumbrado a ser quien escucha que el que habla, pero con el paso de los minutos el fanático del guitarrista español Paco de Lucía nos introduce en la familia que significa Hablan por la Espalda, un colectivo que en dos décadas navegó por diversos ámbitos de la música pero que siempre tuvo al instrumento de seis cuerdas como centro. “Voy a cumplir 35 años y la banda lleva 20, han pasado muchas cosas pero somos una banda guitarrera. Escuchamos música hechas con el piano de los pobres, la guitarra”.

Durante el periplo de la banda surgió la necesidad de dejar las cuerdas eléctricas en un segundo plano y darle más importancia a la percusión. Desde 2005 a 2009, HPLE construyó un disco que ha quedado en el oído de muchas personas: “Macumba es un disco que tiró todo para atrás y deja en primer plano la parte más rítmica. Habíamos laburado en cambios de ritmo pero nunca habíamos estado en relación al tambor”. La mezcla de candombe, poesía, velocidad y psicodelia dió lugar a las 13 canciones de Macumba que lograron trascendencia tanto a nivel local como internacional, impulso quizá generado por seis muchachos y su lectura contemporánea de ciertos sonidos montevideanos previos a la dictadura.

“Si nos calmamos, desconéctenos”

El disco Sangre es más equilibrio, no tanto tambores; compusimos en base a otras cosas”, reflexiona el guitarrista. Antes de explicar como es el jugo interno que encierra el último disco, Valentín -conocido en momentos del Macumba como el hombre de la máscara de gallina- enciende un cigarrillo y naturalmente le sale hablar de lo que significa HPLE para sus integrantes: “Es algo muy íntimo. El lugar de la expresión de lo más personal, desde la pelea con la novia hasta que se enferme algún familiar”.

Tanto la sucursal argentina de la revista Rolling Stone como la sección cultural de la diaria, entre otros medios de información, destacaron -sobre el quinto trabajo del grupo lanzado en mayo del corriente año- la intención de una recopilación del tiempo de la banda donde se acoplan las perspectivas de los protagonistas. Valentín aporta sobre la temática desde las entrañas mismo del asunto: “HPLE es una conjunción de muchos estilos, siempre está la composición desde lo colectivo. La dinámica dentro de la banda tiene un poco del ‘orden del sufrimiento’. Es decir muestro esto que para mi es increible y el otro te mira y te dice que no vale nada”.

Algunas de las ocho canciones registradas en Sangre tienen una fuerza apoyada en las vivencias de los mùsicos como seres sociales. “El espíritu de la banda lleva a tomar las cosas que nos pasan y hacerlas canciones. Nos llama la atención la expresión intensa del fútbol, donde la cancha, la barra y la relación con la policía son una pasión humana”, explica Valentín, quien se autodefine como el menos futbolero del grupo.

En el lugar opuesto está Fermin Solana, cantante y fundador de la banda, quien contó a Brecha (24/5/15) que va a la cancha desde pequeño y encuentra atracción por ese ambiente: “Es increíble que en un lugar hayan 400 tipos o más cantando que quieren matar a un policía. Me parece punk rock que las barras tengan eso de ir contra todo, contra el rival, contra el periodismo, contra el dirigente”. El fútbol también marca a fuego a esta banda de adultos hasta en la casualidad, es que la gira regional está enmarcada en la Copa América que se realiza en Chile este mes y HPLE ni lerdo ni perezoso se puso temático. Un brasileño ligado a la banda confeccionó un escudo futbolero para la banda en el contexto de la gira presentación de Sangre por la región: La bandera de Uruguay tiñe el escudo y una chala de marihuana dorada sustituye al sol patrio. El rock and roll es parte de esta historia.

Otra innovación en HPLE fue las condiciones en las que registraron Sangre. Al igual que otros artistas como Franny Glass o Fernando Santullo, la banda decidió financiar el proceso del disco a través del  crowdfunding, un método de financiación colectiva de emprendimientos a través de internet. Las necesidades de cambio y experimento se pueden oler en este colectivo que se inició en el hardcore, experimento con el punk, coqueteo con el candombe beat y que ahora retoman todo lo recorrido para hablar de las sensaciones del presente.

“El Trópico de Cáncer se terminó”

Siempre irregulares -dando la sensación de posible desplome- las columnas construidas por libros pocas veces presentan exactitud lineal . Pilares dispuestos aquí y allá, unos de altura media y otros cortos pero todos construidos por diferentes autores. Ejemplares encolumnados en el piso justo debajo del escritorio parecen tender hacia el ángulo formado por una librera atorada de textos  y un biombo oscuro que recibe luz artificial de una lámpara ubicada en la mesa de trabajo de Guerreros.

Estos libros están muy en relación a Deleuze, fueron citados por él o son autores que lo estudiaron. No es la gran izquierda en términos de popularidad pero está en boga hoy por hoy”. La referencia del guitarrista, mitad uruguayo mitad brasileño, apuntan al filósofo contemporáneo -ya fallecido- considerado en palabras del influyente Michel Foucault como “el único espíritu filosófico de Francia“. Valentín concuerda con la afirmación del filósofo compatriota de Deleuze y agrega: “Es famoso por ser el filósofo de los fragmentos o del que todo es caótico. Para mi no es tan así, es bastante estructurado, tiene sus sistemas”.

La impronta política que ha desarrollado Valentín pudo estar influenciada en su juventud hardcore, movimiento alternativo de diversas aristas, la cual lo puso de cara con autores anarquistas, le dió un compromiso con el veganismo y un amor de joven con el skate. El presente lo tiene con un tatuaje a la altura de su abdomen que puede explicar sus pensamientos: “Dios ha muerto” reza la inscripción -frase que aparece en Así habló Zaratustra del filosófo alemán Friedrich Nietszche-; mientras que el espacio destinado a la madera con cuatro ruedas perdió lugar frente a la madera con seis cuerdas.

 

Valentín Guerreros / Foto: Ignacio Bide

Fue en territorio brasileño que Valentín desarrolló su gusto musical, lo que explica el amplio abanico de estilos y sonidos. Fue así que el pasaje por Brasil, tanto en aquel momento como luego a través del recuerdo, lo llevó a optar por la ductilidad del fallecido guitarrista Baden Powell como por los estruendosos y famosos Sepultura. También guarda lugar para el sonido claro de guitarra, ese que puede encontrarse en el toque flamenco del almeriense Tomatito o en el del maestro fallecido Paco de Lucía. Es ahí donde la charla deja el lugar a la performance ya que Valentín recupera la vertical, toma la guitarra dispuesta al lado de la librera y muestra un fragmento de la obra del gran guitarrista y compositor español nacido en Cádiz.

“Tengo que seguir el ritmo sino quiero quedarme fijo”

Cuando Valentín estaba efectivamente para el ruido de guitarras electricas fue que conoció a los hermanos Solana, quienes un mes antes del primer encuentro habían dado inicio a HPLE. Con 15 años los hermanos le intentaron vender un casete de la banda. La historia marca que el psicólogo vegano quiso formar parte desde dentro del mojo y no desde la escucha. Para los inicios de HPLE -etapa hardcore- el veganismo fue de corte colectivo, hoy Valentín es el último estandarte de lo no cárnico dentro del sexteto. Tal condición no es fácil en un territorio donde la carne es marca país, y el pasado sin tantas mentes abiertas era aún más complejo: “Pediamos seitán a una tipa que vivía afuera y venía una vez por semana. El tofu lo comprabamos por teléfono a una china del Cerro”. El veganismo fue uno de los tantos eslabones que supo unir a estos muchachos en tiempos donde el skate le ganaba al balón de fútbol y la velocidad se imponía a la cadencia del tambor.

La coyuntura actual tiene a la banda como una familia donde las vivencias transcurridas son el contenido de cada canción. Luego de 20 años de camino HPLE perdió gente, cambió integrantes, escucho nuevas cosas, viajó por el mundo y aún continúan en la búsqueda de lo nuevo, de lo misterioso. Así lo anuncian al final de Sangre donde los tambores suenan y marcan la base para que la banda haga su ritual del porvenir donde en clave de candombe aseguran que Hablan por la Espalda “recién está empezando, la carga liberando”.

Sebastian Penni