Con Sandino Núñez

PROHIBIDO PROHIBIR

 

Sandino Núñez/Foto: Gentileza de Manuel Gianoni.

Lector: tiene en su casa paredes tapadas de libros que no dejan ver el fondo de concreto. Escritor: publicó siete libros hasta el momento, el último Breve Diccionario Para Tiempos Estúpidos, editado en 2014. Pensador: con todas las letras. Analiza cada una de sus respuestas. Se toma el tiempo necesario, porque de eso se trata pensar, de necesidad y de tiempo. Critico: no por adherir a determinada escuela, sino por su actitud. Uruguayo, portador de la idiosincrasia del país, que él define como “no querer deberle nada a Uruguay”. Licenciado en Filosofía, aunque no le gusta verla como una rama especializada ”porque habría algo dentro del orden filosófico que es por fuerza distinto a lo sociológico, a lo psicológico o a la crítica cultural. Yo entiendo que el ejercicio de la filosofa, tiene que ver más con un ejercicio que con una disponibilidad institucional, una carrera o una especialidad”.

A su entender, la institucionalización del pensamiento filosófico supone una asfixia, “tanto en la solidificación de un axioma, de una doctrina o en la liberalización radical de todo misterio de pensamiento. Cuando todo lo sólido se desvanece en el aire así como cuando todo el aire se solidifica, pensar no es actividad pensable”

Estas son algunas características de Sandino Núñez, quien participó -de manera tímida y poco convencida- en medios de comunicación. Su actividad más reciente fue en el programa de TV Prohibido Pensar, emitido por TNU entre 2009-2010, y el suplemento Tiempos de Crítica, publicado entre 2012 y 2013 por la revista Caras y Caretas. Actualmente integra el colectivo Prohibido Pensar, revista bimensual independiente, por fuera del circuito comercial, que no tiene otro objetivo que el análisis crítico y la reflexión.

-¿Qué concepto tenés del periodismo?

-Actualmente a uno le da la sensación que ha triunfado un modelo sajón de periodismo, el periodista se entiende haciendo algo del orden del bien práctico público, algo que valdría la pena conocer pero que no se conoce muy bien, dar alguna información, como el estado del tránsito y el estado del tiempo. El otro gran andarivel es el ocio, el tiempo libre, el periodismo ya empieza a intervenir claramente en un modelo de circulación liberal de personas, de cosas o de fuerzas.

El periodismo parece contar -en los últimos tiempos- siempre su propia aventura, es como el héroe de sí mismo y expone su propio relato, juega un narcisismo bastante tonto, hay narcisismos que resultan atractivos, yo creo que este no, en un frente de guerra la noticia por lo general es que balearon a un periodista.

-¿Cómo fue tu experiencia en TV?

-Fea, no puedo decir que fue una mala experiencia, pero siempre es algo inquietante, no es lindo, por lo menos para mí. Supongo que hay psicologías para todo, la mía hace que yo no disfrute de estar expuesto, me avergüenzo mucho, nunca miré un programa.

No me parece que la televisión sea una buena conductora de ideas buenas, es un esfuerzo desproporcionado, porque la cosa siempre se va a plantear en términos de divulgación y, verdaderamente, me parece que hay algo inmoral en la divulgación, por eso no dejaba de ser una tensión dentro del propio programa, el hecho de que yo tuviera una idea de hacer critica cultural más que divulgación filosofía. Que la gente sepa quién es Descartes no me parece importante, es más importante cómo eventualmente eso que nosotros llamamos el pensamiento cartesiano, puede funcionar para estructurar cierta experiencia cotidiana o para desestructurarla y arrancar de nuevo.

Personalmente reclamaría la palabra Filosofía para que se posara en cierta praxis crítica y preferiría no hablar de ésta allí donde no hay una cierta voluntad de objeción o de crítica.

-¿La revista Prohibido Pensar, es un medio alternativo?

-La revista entiendo que es algo que vale le pena hacer y ese vale la pena curiosamente no está precedida por criterios de tiraje, ni de legibilidad, ni de agotar ediciones. Es algo que no cierra de un punto de vista práctico. Las claves de ese trabajo están en no recibir donaciones del Estado, no calificar para medio ni premios, tratar de tener con la Universidad (UdelaR) una relación tangencial, oblicua y no tener sponsor, Es la única forma de mantener algo con ciertas posibilidad de expresarse en esa especie de grado cero enunciativo, que es el no tener compromiso fuertes con ningún artefacto de disciplina, de poder o lo que fuera.

Ni partidos, ni Estado, ni mercado, ni empresas, a partir de ahí hacer critica cultural.¿Porqué digo critica cultural? Debe ser una frase ya acuñada que me quedó grabada en la cabeza. Ejercer algo del orden del pensamiento crítico, una especie de resistencia a ciertas hegemonías no claras, como el modo académico de escritura, el modo periodístico de escritura, el modo ficcional o narrativo.

-¿Cómo juega el libre mercado en los medios y en la concentración de los mismos?

-Creo que entre el monopolio y la libre circulación de mensajes no hay contradicción, me parece que es la mejor forma de conducir un capital que es monopólico. El capital parece ser estructuralmente monopólico y la libertad carnavalizada de decirlo todo es perfectamente coherente, compatible, no hay sino artificialmente la sensación de que a nuestro estado democrático carnavalizado se le impone la intervención del capital helado que monopoliza, asfixia y no deja vivir.

Creo que los últimos 50 años de capital han demostrado definitivamente que el capitalismo funciona muy bien en un ambiente que precisamente funciona como una especie de movimiento caótico, donde la partículas chocan unas con otras, es imposible anticipar la configuración de ninguna partícula ni de ningún estado futuro y eso es exaltado con la palabra abstracta “movimiento”.

Nosotros ya no necesitamos prohibir nada, y ese es el punto donde el monopolio efectivamente juega su papel decisivo, en el momento en que nada está prohibido, nada hay del orden de; no es posible pensar eso porque pone en riesgo la hegemonía política de cierta línea de conducción, a partir de ese momento todo se vuelve inocuo, insignificante, mostrable, no pensable, no juzgable, ¿por qué prohibir? Es mucho más sencillo dejar que todo coexista y quitarle a todo eso significación política, fíjate que prohibir es una forma de asignarle una significación política y por lo tanto una especie de semilla de soberanía.

Al no va haber árbitros morales, ni árbitros políticos, de ningún tipo, precisamente ese desfondamiento del arbitraje, es fatal. Yo no estoy diciendo que tiene que haber árbitros, estoy diciendo que todo trabajo de arbitraje tiene como contrapeso ese punto de soberanía donde yo puedo criticar al árbitro en tanto que árbitro, una vez que eso desaparece , es lo dionisíaco, la carnavalización de todo, la heteroglosia social funcionando a pleno, la cultura del respeto y la tolerancia.

-¿Cómo se relacionan la política y la economía del libre mercado?

-La política se tiene que entender como algo heterogéneo con relación al mercado, así como el alma se tiene que entender como algo heterogéneo con relación al cuerpo, porque son lógica distintas. A mí me gusta pensar que la lógica del mercado es la misma que la de la vida misma, respirar es economía, comer es economía.

La economía no va a dejar de existir, eso está claro, así como la vida tampoco. Tanto la economía como la vida –esto decía Levinas- son amorales, cuando un árbol crece, crece, sencillamente, la vida está plenamente justificada en sí misma, no pide permiso, no consulta por la cantidad de agua que va a sacar ni si hay un ranchito cuyos cimentos fueron arrasados por las raíces; poner esa vida a comparecer ante lo social, eso es político.

Cuando Marx dice que hay ricos porque hay pobres, el “porqué” no le pertenece a lo que existe sino que es una pregunta acerca de la existencia, una creación entre lógicas, eso es una intervención estrictamente filosófica sobre lo existente. Yo tengo que pensar que hay un mecanismo, un procedimiento, una lógica, que hace que haya pobres porque eso es el recibo de la facturación de la riqueza y eso es una hipótesis muy compleja, es complejidad, es la aparición de lo político.

-¿La inmediatez ha dejado de lado aquellas causas a largo plazo? ¿Ha callado la lucha por “males mayores”?

-La vida no debería ser sobrevalorada, como decía el doctor Manhattan de los Watchman, la vida está sobrevalorada. Hay algo como un significante de la vida que es lo que falta, no hay un lenguaje, un juicio sobre la vida y juzgar algo parece ser una mala palabra, vive y dejar vivir, las reglas mismas del neoliberalismo. La verdad definitiva de todo está en nuestro cuerpo, en su finitud, en la proximidad de la muerte, es desesperante.

Yo no incorporé un significante de mi finitud, de mi historicidad, de la muerte, sino que yo la desmiento permanentemente en todo acto de vivir, consumo hoy porque mañana voy a morir, viajo hoy, me hago una cirujía o me saco las arrugas, pongo lysoform porque hay bacterias en los almohadones que van atacar a los niños, el mal ya no es mal, ya no hay fundamento teológico del mal, sencillamente el mal es esa cosa biológica que coloniza tu cuerpo lo agarra, lo come, lo masacra, eso va desde la vejez hasta el terrorismo .

Cuando el capital y la vida se dieron su abrazo definitivo, da la sensación de que todo el trabajo anticapitalista fuera profundamente antipático porque va contra la vida. Hay que decirle no a la vida, ¡de una buena vez! (risas).

-En algunos medios se emitieron notas acerca del descuido del edificio de la biblioteca nacional, la basura, los afiches y los grafitis. ¿Esto pone la discusión cultural en una esfera banal? ¿Qué pensás del posicionamiento de algunas instituciones en el ámbito de lo sagrado, lo intocable?

-Fundar algo sagrado es del orden político, profanar es crítico, uno debería vivirlo como lógicas y no como cosas. Que un recinto sea sagrado, no habla únicamente del poder arbitrario de la persona que lo fundó, habla de una tensión lógica que se crea entre el centro sagrado y la periferia profana, la lógica misma de una cultura está en esa tensión infinita entre lo sagrado y lo profano, no en el lugar sino en la lógica.

En tiempos de cultura de masas, de inherente vocación democrática y de mercado, la punción profanatoria no tiene el menor efecto emancipatorio, ni de pensamiento, es completamente funcional a los juegos democráticos. En autores como Bajtín, la risa tiene un efecto emancipatorio inherente, porque es una carcajada a la solemnidad misma en la cara del poder. Eso uno lo dice en tiempos que prende la Tv y está Tinelli haciendo bailar a dos enanos desnudos, de la risa popular que todavía tenía un significante de resistencia a la risa psicótica de la masa, había una línea muy delgada, y ya se cruzó.

-En el imperativo de la comunicación hay pasaje entre el puedo comunicar y el debo comunicar ¿Cómo se da ese pasaje? ¿Qué lo motiva?

-No es nada raro entonces que una cultura de la permisividad se convierta en una cultura de la obligación, porque precisamente la trampa de hacerte funcionar a través de violentos procedimientos adaptativos, consiste en que la adaptación ya es tuya, no es del capital, no es de la tecnología, no es una obligación -nadie te está poniendo una pistola en la cabeza para que vos te adaptes- es como un ejercicio de falsa libertad. El imperativo está escondido, en definitiva detrás de la máscara de la permisividad más absoluto.

Las distopias de la máquina dominando al hombre y los hombres juntándose en células de resistencia, esa distopía sangrienta en todo caso es espectacular, pero no es exagerada, yo creo la rebelión de las máquinas en “Terminator” o la idea de que las máquinas dominan todo como “Matrix”, son apenas un esbozo. Esas distopias anti tecnológicas todavía nos reservan la posibilidad de despertarnos y salir a la realidad. Hoy nos parece que el capitalismo tecnológico no nos da esa posibilidad, habría que inventarla, es como Freddy Krueger, nos va a matar en sueños, durmiendo.

La disponibilidad tecnológica, no es sino una prótesis de la vida misma tal como la veníamos viendo, toda la tecnología está para que yo viva mejor, no para que viva según el bien, sino para que viva mejor . Es decir para que no se interponga en mi vida un recurso de tipo ético, político, moral o filosófico. Sencillamente se convirtió en un mundo que no nos persuade de que está bien vivir en él a través de las ideologías, sino que más bien nos obliga a vivir en él, porque si no morimos, es simple. La tecnología fabrica un mundo tal, que si vos no respiras ese aire morís.

-¿Cómo influyen las nuevas tecnologías en las maneras/modos de comunicación?

-La vida es el camino más corto entre el apetito y la satisfacción del apetito, no hay otro secreto, la tecnología es todo aquello que multiplica esa lógica; en ese sentido el auto es una prolongación del cuerpo, es una prolongación de la vida, así como los zapatos, la ropa, ahí hay algo que ocurre en un plano de absoluta inmanencia sin que exista un corte o una objeción política. Por lo tanto, hay una hipertrofia orgánica, cuando la tecnología aparece no solamente como un criterio que me permite organizar la fuerza productiva, sino como una fuerza productiva, como la gran fuerza productiva.  Hay una hipertrofia, un des-balance radical, algo creció, es como si nos hubiera crecido la nariz, los pies o el hígado y por lo tanto todo tiene que adaptarse al nuevo tamaño.

El incesante llamado compulsivo a comunicarnos, ese estado de comunicación permanente en el que todos vivimos, esa ansiedad comunicativa, llega a una nueva fase, el viejo sujeto comunicante murió, o va a morir y la comunicación se cambia por el “broadcasting”; ya no escribo, ya no me comunico, ahora transmito. Es inquietante, psicótico. Transmito mi vida, me filmo, posteo cada cinco minutos. Estoy permanentemente aludiéndome, aun sabiendo que estoy solo frente a un aparato. Si yo estoy dando una clase veo la cara de los alumnos, si yo veo a alguien aburrido trato de hacer un chiste, es esa enajenación donde el de afuera entra y organiza lo que estoy diciendo. Ahora no, es la marca de la interfaz, es la luz titilante de la cámara web que dice que está funcionando el rec.

El “broadcaster” es una forma superior de la comunicación, el nuevo estadio de la comunicación en la era de la hipertrofia de la tecnología, es un sujeto mórbido que, sin que exista un lugar estructural que lo tolere, lo permita, lo posibilite y le de racionalidad, sin ese lugar el igual aparece como sujeto.

Valentina Machado