Chile fue anfitrión de la Copa América en siete ocasiones, nunca fue campeón. Uruguay lo hizo dos veces.

TERRITORIO CONOCIDO

 

Héctor Scarone, uno de los que plantaron bandera uruguaya en Chile. Foto: listas,net

Cuando corrían los primeros años del siglo XX, el seleccionado uruguayo de fútbol era uno de los más fuertes y respetados de América. De los que mejor juego pregonaba en aquellos tiempos. Fueron los primeros años del balompié criollo, que tuvo su apogeo a principios de siglo en el Río de La Plata. Jugadores juveniles como José Nazazzi, René “Tito” Borjas, Pedro Cea, los hermanos Carlos y Héctor Scarone, y Ángel Romano, que a la postre trascenderían por ser baluartes de una de las épocas más fructíferas del fútbol uruguayo, ya asomaban como futuras figuras a nivel mundial en las primeras competiciones continentales.

Vitrinas llenas

En 1920, cuando los “charrúas” ya habían sido los mejores del torneo en dos de las tres ediciones anteriores, la localidad chilena de Viña del Mar sería escenario del tercer “Campeonato Sudamericano1” que obtuvo un plantel compatriota. De la mano del histórico entrenador Ernesto Fígoli, Uruguay fue el mejor entre cuatro participantes, en formato todos contra todos2, compuesto solo por seis cotejos. El equipo empató el primer partido 1 a 1 con Argentina, goleó por 6 a 0 a Brasil en el segundo, y venció al dueño de casa 2 a 1 en el cierre. Los tres juegos fueron disputados en el Estadio Sporting de la región costera del país trasandino.

José Pérez de Peñarol, y el ya mencionado Romano, centrodelantero multicampeón del fútbol rioplatense no solo con la camiseta celeste, sino que también con las de Nacional, Peñarol, y Boca Juniors de Argentina, compartieron la cima de la tabla de arietes del certamen, con tres goles cada uno.

Seis años después, y con Uruguay con dos trofeos más en su palmarés como mejor del continente, la selección volvería a gritar campeón en terreno chileno; esta vez, en su capital Santiago. El poco rodaje futbolístico del equipo por su no participación en el campeonato del año anterior, en que Argentina fue sede, no fue inconveniente para que los orientados por Andrés Mazali ganaran con autoridad el Sudamericano. El formato fue el mismo que en 1920. Respecto a los rivales, Bolivia y Paraguay, que daban sus primeros pasos como federaciones de fútbol organizadas, participaron del torneo. Brasil, en tanto, no se presentó.

Una buena victoria por 3 a 1 ante el anfitrión en el debut, con René Borjas y Héctor Scarone como mejores jugadores del partido, fue el empujón que necesitaban los conducidos por Mazali para enfrentar a la poderosa Argentina, que defendía el título conseguido en sus tierras. Y así fue. Esta vez, con Héctor Castro como el más destacado del equipo.

El 2 a 0 a favor contra los albicelestes fue clave para lograr la corona, ya que los dos rivales primerizos no fueron oponentes. Fue 6 a 0 ante los del altiplano, y 6 a 1 contra los guaraníes, en dos exhibiciones de fútbol y goles, por parte de “Tito” Borjas, el “Loco” Romano, el “Manco” Castro y Scarone, cuatro artilleros de raza. Los dos últimos, se consagraron como los máximos anotadores de la copa, con seis tantos cada uno.

¿Quiénes son?

Castro, uno de los exponentes del deporte uruguayo, se tomó revancha con la vida, después de perder su antebrazo derecho cuando era un adolescente, en un accidente doméstico con una sierra eléctrica. Sus veloces piernas, que podían desbordar en ambas bandas de ataque, se lucieron con la camiseta celeste en los Juegos Olímpicos del 1928 y en el Mundial del 1930. En Nacional, el “divino manco” fue multicampeón como futbolista y como entrenador. También fue parte del recordado Club Atlético Lito.

Scarone, por su parte, llevó a pasear sus goles desde La Blanqueada, a Barcelona, Palermo e Inter de Milán. Con la selección, ganó los Juegos de 1924 y de 1928, y el Mundial del 1930. El césped del Parque Central fue testigo, aquí en Uruguay, de uno de los mejores viejos wings3, que al igual que Castro, dejaba un surco en el flanco que le tocara jugar. El “Mago”, como lo apodaban los españoles, ganó 21 títulos con la camiseta de los albos.

Suerte dispar

En la década del cuarenta, los conflictos entre el gremio de futbolistas y los dirigentes de los clubes, principalmente por las pésimas condiciones de trabajo con las que contaban la mayoría de las instalaciones del país, llevó a que la selección de Uruguay estuviese conformada mayoritariamente por jugadores jóvenes, que como los de los años 30´ recién daban sus primeros pasos como deportistas profesionales. Con Obdulio Jacinto Varela como capitán, referente dentro de la cancha, y líder de los movimientos sindicales, Schubertt Gambetta, Aníbal Siocca, Nicolás Falero, Severino Varela, Luís Ernesto Castro, Pedro Lago y Roberto Porta, alguno de los apellidos que se calzaron los botines para defender la camiseta uruguaya.

En 1941 fue el siguiente año que tuvo a Chile como marco de un nuevo Campeonato Sudamericano de fútbol. También en Santiago, pero con el moderno Estadio Nacional como única sede, Argentina obtuvo el título al imponerse sobre Uruguay en el juego decisivo por 1 a 0. Al año siguiente, y en terreno uruguayo, Pedro Cea comandaría a un grupo de muchachos que con justicia fue el mejor de América.

En la siguiente edición, de 1945, Chile otra vez sería el país organizador. A este certamen se le dio carácter de extraordinario, porque no hubo trofeo en juego. Algunas selecciones, como Paraguay y Perú no se presentaron, por desavenencias con la federación trasandina. Uruguay fue cuarto, y Argentina el campeón. Las derrotas 3 a 0 con Brasil, y 1 a 0 con Argentina, bastaron para decir adiós a la retención de la presea.

Transición

Luego de diez años de sequía en cuanto a Campeonatos Sudamericanos, subsanados con la epopeya de Maracaná en 1950, y un estupendo Mundial de Suiza en 1954, el seleccionado nacional volvería a participar de un torneo continental en tierras trasandinas, y al igual que en 1945, Argentina sería el de mejor rendimiento. Los goles del “Cotorra” Óscar Míguez y Américo Galván solo sirvieron para llegar al cuarto puesto.

En las siguientes nueve ediciones, Uruguay obtendría cuatro Sudamericanos más: como local en 1956 y 1957, y en el extraordinario de Ecuador 1959. En los años siguientes, el campeonato pasó a llamarse Copa América, y el sistema de disputa también modificó, pasando a jugarse fases de grupos y play-offs hasta llegar a una final. La “celeste”, en 1987, ganaría la primera edición con ese modo de juego, como se conoce actualmente. Antonio Alzamendi, Hugo De León Enzo Francescoli, Pablo Javier Bengoechea fueron verdugos de la recordada Selección Argentina de Carlos Bilardo, que un año antes, con Diego Armando Maradona en el apogeo de su carrera, fue campeón en el Mundial de México de 1986.

Con esta nueva estructura, Chile albergaría el certamen en 1991, en una de las etapas en las que Uruguay alcanzó menos logros. Luís Cubilla fue el DT de aquel equipo que no logró pasar la ronda inicial, pese a igualar en puntos con Colombia y Brasil, que lo superaron en saldo de goles. El melense Peter Méndez fue máximo anotador “charrúa” con 3 tantos.

Facundo Gómez Menéndez

1 Denominación de lo que hoy se conoce como Copa América de selecciones. Del 1916 hasta 1987, año en que Uruguay festejó el título, el torneo se disputó con el formato todos contra todos, distinto al actual régimen, que consta de una primera fase de grupos, y play-offs en instancias finales, hasta llegar a la final.

2 También conocido como liguilla. Todos los equipos se enfrentan entre sí, y el que mayor puntaje acumulado obtiene es el campeón.

3 Extremo de la delantera en un equipo de fútbol, caracterizado por su velocidad y buen manejo de balón en incidencias ofensivas. Hoy en día es un término antiguo, y se ven cada vez menos jugadores con ese tipo de características.