Entrevista a Santiago Tavella

POR AMOR AL ARTE

 

Foto: SdR / Lorena Metediero.

Oriundo de Montevideo y de padres médicos con inclinaciones artísticas, Santiago Tavella nació en el frío invierno de julio de 1961; un artista multifacético y curioso del arte.

Entre anécdotas -rodeado de pinturas, bocetos y objetos raros, llenos de significado personales y hasta un gato de la suerte roto-, relata que en plena adolescencia comenzó a profundizar en el campo del arte teniendo bien en claro su profesión a priori: la arquitectura.

Fue con esa certeza que empezó la Facultad. Entre risas, cuenta que haciendo paralelamente  las dos actividades, comenzó a sentir con intensidad  esa dualidad entre la profesionalización formal y la artística: ”Me puse a estudiar y en determinado momento me di cuenta que esa cuestión  del rato libre, de hacer pintura, música y el tiempo que dedicaban mis compañeros en su trabajo era muy importante,y yo no estaba seguro. Igualmente seguía estudiando”.

Sin un camino definido, continuó con ambas actividades a la vez, pero con una tendencia marcada hacia el camino del arte, definiéndolo como una “apuesta a largo plazo”. Agregó que al tiempo que terminó la etapa de la facultad, comenzó a trabajar en el Banco Hipotecario. Otro camino diferente.

En el año 1984 junto a sus amigos, los hermanos Roberto y Ricardo Musso, con quien se juntaban a hacer música desde la adolescencia, decidieron formar una banda de rock con mucha personalidad, El Cuarteto de Nos. Tavela relata en tono jocoso que además de ser músicos, “seguíamos siendo empleados públicos”.

A partir de 1994 la banda comenzó a generar sus propios ingresos, siendo una  época de “mucho éxito”, que los llevó a que en determinado momento, dieran un vuelco en su propuesta musical, abriéndose a diferentes caminos y acercándose más al pop, componiendo canciones que tienen que ver con el individuo y un “otro”  visto como un obstáculo: ”Eso está bien descrito, Roberto tiene una mirada muy aguda para ver eso”, dijo.

Siguiendo el camino del arte, Tavella tuvo la oportunidad de trasladarse como “préstamo” al  Departamento De Cultura de la Intendencia de Montevideo, en el año 1997. Describe esa época como positiva en su carrera;.un momento de libertad en el que tuvo la chance de elegir en qué  área trabajar y dónde especificarse dentro del arte,  optando por el equipo de artes visuales. “Fue una linda manera de reconectarse con el medio, también me di cuenta de que hacía falta organización en base a la curaduría y gestión”, comentó el músico, quien se declara “peleado” con el último término: “La relación entre los artistas y los organismos públicos a finales de los 90 era bastante perra, logré relacionarme con un montón de artistas, aunque  lo veo como un trabajo personal ya que  no hubo un reflejo institucional de eso, la dirección de la Intendencia no ha mejorado eso, en absoluto”.  Aún así reconoce el trabajo hecho por parte del Ministerio de Educación y Cultura: “Hice algunas cosas que el ministerio a nivel nacional lo ha mejorado, no sé si habrá tenido relación con mi trabajo pero cuando me quiero sentir importante pienso que sí”, dijo entre risas.

“Puedo darme el gusto de ser un incomprendido”

A finales del año 2011 dejó su trabajo en la Intendencia y comenzó a trabajar en un proyecto más personal,tanto en el área musical como en el arte visual. Es en ese camino creó el proyecto solista Otro Tavella, tomando nuevos rumbos, experimentando y sin miedo al fracaso: “Me puse en foco, le di bola al artista. Con el Cuarteto está yendo todo muy bien así que puedo darme el lujo de tener proyectos que vengan más de mi creatividad y que no sean masivos ni súper exitosos”. ”Hay cosas en las que con el Cuarteto no podíamos meternos. En lo musical hay ciertas reglas que hay que seguir”, comentó Tavella, quien admitió haber creado su proyecto solista con el cometido de “jugar” solo con su guitarra, haciendo canciones “de la manera más desnuda posible”.

Luego formó un trío acompañado por su hijo en el bajo, otra guitarra y una batería, con el nombre de Otro Tavella & Los embajadores del buen gusto, unión  que define como “un viejo recalcitrante y tres mocosos”.Conforme con el proceso y el trabajo que está haciendo se propouso fusionar lo literario y la música, tomando como modelo la música popular de los años 60. Para ello, sus canciones están pasando por una transición de edición con un viejo amigo del colegio -Aldo Mazzucchelli- quien ejerce la labor de “editor literario”. “En los últimos años ha habido en Uruguay un desarrollo técnico-profesional de la música muy importante, pero creo que falta un poco de estudio en lo literario”, sentenció el músico.

En el marco de estos nuevos proyectos y aventuras, retomó sus clases de canto con su maestra de juventud, Nelly Pacheco: ”Es una docente súper exigente que te hace sacar mucha cosa. Todas esas cuestiones psicoanalíticas que se visualiza en todos los artistas a lo largo de la historia del arte. Se trata de sacar algo que no es traducible y que uno no sabe que tiene”.

El artista se describe como un observador del individuo, enfatizando en las relaciones, buscando interacción, viéndolo desde una mirada externa como un narrador; haciendo búsqueda de lo “novelado”, según describe. Su propuesta musical hace foco en las relaciones y su desarrollo: “Tenía una serie de canciones que apuntaban para otro lado, a poner el ojo en las relaciones de las personas”, alejándose de la propuesta del Cuarteto; “Hay público que me conoce del Cuarteto y otro que no tiene nada que ver con el Rock Pop Mainstream uruguayo y vienen a buscar otras cosas. Aparece gente que apunta para otro lado, lo tomo como un buen síntoma”.

Prevalencia del color

En lo que refiere al arte plástico, Tavella propone el Lenguaje del color como eje esencial para representar sus obras. Su primera exposición fue en el año 2012 en el Museo Nacional de Artes Plásticas, en la que tomó el concepto del lenguaje de la arquitectura en los planos, con la idea de llevarlos a un lenguaje estético -no técnico: “Los tomé porque fueron importantes en mi vida, algunos emblemáticos como algunas casas clásicas de la arquitectura”. Durante ese año, siguió con la misma idea del lenguaje estético de la Arquitectura, trasladándose a una expresión 3D con pinturas que tienen que ver con espacios

Vivió la experiencia de ser curador en la segunda Bienal de Montevideo en el año 2014. Su objetivo fué que primara lo visual .Delimitada la idea y con los artistas invitados,se propuso crear algo interesante y que tuviera impacto en las personas,citando la obra de Lucía Pittaluga de las cajas registradoras de las cuales salía humo. Considera que no sólo se trata de plantear una reflexión sobre lo expuesto o intentar dejar un mensaje en el receptor, sino crear un impacto: “La obra no sólo refiere a la metáfora del humo como dinero, también generaba una eficacia estética”, oponiéndose al concepto que se tiene del arte y los discursos que se generan alrededor de él. Mencionó la discusión que se da en el arte sobre la eficacia estética o ideológica, defendiendo la tesis de Jacques Rancieré -filósofo francés contemporáneo-, que considera que la ideológica tiene más peso, porque la estética sería muy a largo plazo.

Dada su experiencia en curaduría, resultaría imposible no preguntarle al músico y artista plástico su opinión sobre la Bienal de Venecia del corriente año. Sobre la obra de Marco Maggi -Miopía Global- afirmó que era buena e interesante. Introduciendo la mejora -en su opinión- que han tenido estos envíos ya sea por la profesionalización y el  incremento en la inversión,visualizando también un progreso en lo que respecta a  los envíos de diferentes curadores y artistas.

Actualmente está trabajando con retratos, tomando como protagonista al sujeto de primera mitad del siglo XX en Uruguay. Color, lenguaje estético y arquitectura mezclados en “Personajes que plantean un país posible, que no sé qué les pasó en el transcurso”. Artista que no da tregua, sigue estudiando y dando pasos fuertes en el camino. Sobre su estilo, termina con una reflexión, “en estas cuestiones del arte, desde la producción de cosas simbólicas no voy a poder zafar”.

Sheila Baptista