Mano a mano con Gregorio Pérez. Su vida, el fútbol, lo que vendrá.

“NO ME ARREPIENTO DE NADA”

Foto: AFP PHOTO / Juan Mabromata.

Nació en Maldonado, en la localidad de Gregorio Aznárez -ronda los 1.000 habitantes-, el 16 de enero de 1948. Es casado, tiene dos hijos, y cuatro nietos, con los que trata de pasar el mayor tiempo posible. Le encanta leer, saber e interiorizarse de lo que pasa en el mundo. Su hobby es el fútbol (al que define como su pasión) y su familia.

Formó parte del equipo que rompió la hegemonía de Peñarol y Nacional en el fútbol uruguayo. Fue director técnico en equipos de Uruguay, Argentina, Paraguay e Italia. Supo trabajar como suplente de sereno en estaciones de servicio, cargó camiones en el Mercado Modelo, y trabajó en una automotora. Se define como católico no practicante, y devoto de la Virgen del Verdún. Considera que todos los seres humanos le temen a algo, la mayoría a la muerte, pero él no piensa en eso. “Creo que cada uno tiene su día, fecha y hora marcada”.

El primer club profesional que se interesó por él fue Montevideo Wanderers, a comienzos de 1970, cuando estaba en la B; obtuvo el ascenso a Primera División en la temporada 71-72. Años más tarde, en 1976, fue contratado por Defensor (antes de la fusión con Sporting). Allí se consagró campeón uruguayo por primera vez, y además rompió la hegemonía de ser el primer equipo en lograrlo tras tricolores y aurinegros.

Se mantuvo en Defensor hasta 1979. Luego, uno de sus ídolos, el legendario Alberto Spencer, lo llevó a jugar a la Universidad Católica de Quito. Tras su paso por el fútbol ecuatoriano, regresó a jugar en Uruguay, donde fue jugador de Bella Vista, Central Español, Ituzaingó de Punta del Este, y Progreso.

En el hall de su edificio, con su hablar tranquilo y sereno, Gregorio Elso Pérez Perdigón, dialogó con SdR sobre su vida, sus éxitos, sus fracasos, y sus expectativas.

-¿Dónde comenzaste la carrera como entrenador?

-Hicimos el curso con Ildo Maneiro. Surgió la posibilidad de dirigir, dejé de jugar y comencé como entrenador en 1981 en Progreso. Después en 1982 dirigí Basañez, y en 1983 me llamaron para dirigir la tercera de Defensor. Trabajé con (Baudilio) Jauregui y después con (José Ricardo) De León, y ahí fue mi espaldarazo, porque De León había sido mi técnico, y yo siempre pensé en seguir el camino y la forma que él nos había conducido. A eso se le suma poder trabajar con Julio Pérez, legendario campeón de 1950, así que fue una experiencia increíble. Pero en 1984 él se va (De León), y paso a dirigir el equipo de Primera.

Al poco tiempo hay unas elecciones, y pierden los hermanos Franzini, que en ese momento era el oficialismo, al cual yo apoyaba. Asume otra directiva y ahí me cesan.

-¿Qué hiciste?

-Fueron tiempos difíciles, suplantaba a serenos en estaciones de servicio, cargaba cajones en el Mercado Modelo, de conocidos que venían de Maldonado, ahí siempre algo recogía para mi casa. Yo me había venido con mi familia para Montevideo, alquilaba, fueron tiempos duros. Trabajaba en una automotora también, la iba llevando.

-En esa época surge tu pasaje por Nacional, ¿cómo fue?

-SÍ. En 1984. Nacional contrata a Ildo Maneiro, y él me ofrece ser su ayudante técnico. Pero Ildo está 33, 34 días, y renuncia, me quedé sin trabajo de nuevo. Si bien la directiva me ofreció quedarme a cargo del cuadro titular, los jugadores querían que yo me quedara, e Ildo quería que yo me quedara, no podía. No me parecía correcto. Si bien eran tiempos difíciles, más allá de las necesidades, no podía. Yo había llegado con Ildo, si él se iba, yo debía irme.

-¿Volviste a trabajar?

SÍ. Volví a la automotora, a hacer suplencias. Pero ,bueno, el destino quiso que apareciera Rampla. Hicimos una gran campaña, clasificamos a la Liguilla. En 1986, asumo como técnico de Central Español, fue un campañón. Estuvimos 19 partidos invictos. Y podrás creer que no clasificamos a la Libertadores por un gol. Increíble.

-Y ahí es que volvés al club donde debutaste como jugador profesional.

Correcto, me contrató Wanderers. Logramos el primer título del club en la era profesional, ganamos la Liguilla contra Nacional en el Estadio Centenario, hicimos una gira por España, ganando la Copa Arcángel. Fuimos a España, producto de las negociaciones de Wanderers con Sevilla en el pase de Pablo Bengochea. Y bueno, después no me renovaron.

-¿A la automotora otra vez?

-Y al Mercado, y a las suplencias.

-En 1988 es tu primera experiencia con la selección. ¿Cómo la recordás?

-En esa época había muchos problemas en el fútbol uruguayo, cada tres meses había un ejecutivo provisorio (en la Asociación Uruguaya de Fútbol). Justo hubo un torneo juvenil Sub-19 en Argentina, que clasificaba para el Mundial, y por los problemas que había en la AUF, no se iba a participar. Faltando 15 días, asume Franzini el Ejecutivo, me llama y me dice: ”Tenemos que participar”. Me propone a mí hacerme cargo, y le dije que sí, yo no tenía nada. Fuimos, y no nos fue bien.

-Faltaba poco para el Mundial de Italia con la mayor. ¿Tenías chance?

-Cuando regreso de ese torneo, la AUF había designado a Tabárez como técnico de la selección mayor, y él me invita a participar del cuerpo técnico. Él no podía venir porque estaba en Colombia, dirigiendo al Deportivo Cali, viajé a Colombia, hablamos, regresé, y quedé al frente de la selección hasta que vino él. Fue una experiencia muy rica, viajamos mucho, jugamos muchos amistosos acá, en Europa, la Copa América en Brasil, y las eliminatorias del Mundial. Después del Mundial estaba esperando tener la oportunidad de trabajar, de volver a dirigir rápido. Ya había dirigido en Primera, tenía experiencia mundialista, pero no se dio, y volví a trabajar en la automotora.

A cruzar el charco

“En 1991 me llaman de Gimnasia y Esgrima de La Plata, era la primera oportunidad de dirigir en el exterior. Llegar al fútbol argentino era importante. Estuve dos años, el primero viví en un hotel y mi familia cuando podía iba, y el segundo año mi familia se fue. Al principio fue bastante duro, Gimnasia era un equipo muy pobre en dinero, en infraestructura y con poco plantel. Trabajé muchísimo, y se pudo formar un buen equipo. Saqué muchos juveniles, entre ellos los mellizos Barros Schelotto”.

-En 1993 llegás a Peñarol, donde estás hasta 1995. En 1996 te vas, y regresás en 1997. ¿Cómo y por qué se dio ese alejamiento por un año?

-Damiani (padre) me ofrece Peñarol, acepto, y, bueno, ganamos el segundo quinquenio del club. Mi idea por supuesto era renovar ese año, pero surge una gran expectativa de Independiente por mí, y la verdad es que tuvo una gran repercusión mediática. Recuerdo que fui al estudio del contador Damiani y me dijo: “Si tiene el golpe de la fortuna no lo desaproveche, yo no le puedo pagar lo que le ofrece Independiente”. Pero si bien lo de Independiente era muy superior en lo económico, yo pensaba que podía existir la posibilidad de continuar. Si bien no se había concretado nada, lo de Independiente se comenzó a dar como un hecho, e incluso ya se nombraban candidatos a dirigir a Peñarol, y bueno, arreglé con Independiente.

-¿Cómo fue dirigir al club que tiene más Copas Libertadores de América?

-Llegué en un momento malo, porque era un momento político del club. Independiente es un club muy politizado, pero tenía un muy buen plantel. Llegué y a los seis días comenzaba la Copa de Mar del Plata y un poco después la Copa de Mendoza, que tenían mucho más repercusión que ahora.

Debutaba como técnico a los seis días de haber llegado, en un clásico contra Racing. Ganamos, y definíamos con Boca Juniors. Boca era dirigido por Bilardo, jugaban Maradona, Caniggia, Latorre, un cuadrazo. Además hacía poco había asumido Macri y había gastado veinticinco millones en el club. A los dos minutos se me lesiona un jugador, a los 12 me expulsan a otro. Ganamos ese partido 3-1.

Después fuimos a hacer la pre-temporada a Mendoza y a jugar la copa de allá. Y le volvimos a ganar a Boca. Y bueno, empezó el campeonato, y empatábamos y perdíamos, así íbamos. Se generó un ambiente muy raro ahí, y llegó un momento en que se generaron problemas. No entre el plantel, ni del plantel conmigo, ni de mí con el plantel, sino afuera con la barra, la barra tiene un poderío tremendo, incluso yo llegué a tener problemas.

-En ese mismo año te vas a dirigir a Italia. ¿Cómo llegás a Cagliari? ¿Qué pasó allá?

Me llegó la propuesta de Cagliari, mi nombre había llegado ahí porque Tabárez había dirigido allá, y el Presidente del club quería tenerme sí o sí. Allá se dio un hecho muy particular. Italia es un país con un gran sentido de pertenencia, de lo de ellos, muy nacionalista, del catenaccio, con gran amor propio, de que los mejores son ellos, con mucho orgullo. Y nunca aceptaron que empezara el campeonato y hubiese siete técnicos extranjeros. A los tres técnicos sudamericanos que dirigíamos enseguida nos tiraron pa´ fuera. Tabárez al Milan, Bianchi a la Roma, y yo al Cagliari. Y eso que yo estaba en la isla (Cerdeña) bastante aislado, trabajando tranquilo, lo que tenía que lograr era salvarnos del descenso. Ese fue un gran disgusto para mi.

Otra historia

“En 1998 no se pudo ganar en Peñarol, tras conseguir el quinquenio, y bueno me fui. Fue muy raro cómo se dio ese campeonato, quedamos ahí y no ganamos. En Peñarol, si no sos campeón uruguayo tenés que irte. Me fui de nuevo para Argentina a dirigir a Gimnasia, estuve otros dos años. Volví en 2002 a Peñarol, ganamos la tabla Anual, y ese año la sacaron, increíble. Además íbamos a salir campeones para definir la final contra Nacional, y sancionan a Peñarol con la quita de tres puntos, por un lío de 2001 en Jardines del Hipódromo, y ahí me fui de nuevo de Peñarol”.

-¿Cómo fue esa experiencia en Olimpo de Bahía Blanca en Argentina?

Era un gran desafío, agarré un fierro caliente. Último en la tabla, de 27 puntos había ganado apenas cuatro. Fue una experiencia linda, pero con unos nervios tremendos. Pero nos salvamos del descenso y de la promoción. Y después de esa campaña me ofrecieron dirigir Argentinos Juniors, donde hicimos una gran campaña peleando el campeonato.

-Pasaste por Paraguay, donde te fue bien, y volviste a Peñarol, tu cable a tierra. Pero ocurrió un hecho inesperado. Te fue mal y te echaron por una llamada teléfonica.

-Sí. Me equivoqué, no tenía que haber venido, no era el momento. Yo no me arrepiento de nada, pero pasado el tiempo, analizado más las cosas, creo que no era el momento de regresar; como te digo, me apuré. Además había tenido una oferta de Cerro Porteño, allá en Paraguay, también, que no acepté. Pero, ya te dije, no me arrepiento de nada.

-¿Volviste a hablar con Juan Pedro Damiani después de eso?

-No, no del asunto. Nos hemos cruzado con Juan Pedro y por supuesto que nos hemos saludado. Yo no guardo rencor ni nada parecido por lo que pasó, yo no soy un tipo rencoroso ni envidioso.

-Nuevamente, otro regreso a Paraguay, donde tuviste problemas.

-Después que fui cesado en Peñarol, me volvieron a llamar de Olimpia, y volví para allá. Ahí tuve muchísimos problemas con el Presidente, se dijo mucha cosa que no fue, una impotencia bárbara, la verdad, y esa fue la última vez que dirigí.

-Con la selección de Armenia tuviste todo organizado para dirigirla, pero finalmente no se concretó, ¿qué fue lo que pasó?

De Armenia no me llamaron nunca más, después de tener todo arreglado, la verdad que no se qué pasó, fue rarísimo. Era un contrato hasta 2016. A veces cuando hay muchas personas en el medio, muchos empresarios, uno se entera de la mitad de las cosas que pasan. Ya estaba todo arreglado. Y era un proyecto que comprendía a la Sub-21, a la Sub-23 y a la mayor, que iba a empezar a prepararse para las eliminatorias de la Eurocopa. Ya tenía a todos los jugadores estudiados, a todos. Incluso deseché la chance de ir a Godoy Cruz de Mendoza, porque ya había arreglado con la selección de Armenia.

-¿Y ahora?

-Tengo muchas ganas de dirigir. Yo siempre estoy esperando un nuevo desafío. Yo siempre tengo el sueño, con la ilusión que tenía desde el comienzo de llegar a cosas importantes. No me puedo quejar, he logrado muchas cosas. He tenido suerte, pero a la suerte hay que trabajarla

Federico Correa