Con Juan Pablo Moreno, responsable del Centro Cultural Bosch

OTRAS TABLAS

Juan Pablo Moreno, director del Centro Bosch. Foto: SdR / Jorge Rodríguez

El teatro alternativo vive y lucha. Juan Pablo Moreno es un ejemplo de eso. En sus hombros carga la responsabilidad de mantener el Centro Cultural Bosch, vinculado a las artes escénicas donde durante el día se dictan clases y por la noche se transforma en sala teatral. SdR charló con Moreno sobre lo lindo y difícil de materializar un sueño, así como de su fanatismo por la Nueva Dramaturgia, estilo que busca incendiar al espectador desde lo cotidiano.

Una a una las sillas son abiertas y puestas en su posición esperando la hora indicada para poder ser ocupadas por alguna persona. Los palés de madera se encuentran dispuestos de tal manera que logran conformar una grada donde los asientos del fondo pueden tener mejor visibilidad.

Hoy, los 60 lugares dispuestos para la última función de Gente Normal, obra escrita y dirigida por Micaela Larriera, joven dramaturga nacional, están agotados. El lugar donde se llevará a cabo la pieza está ubicado en el barrio de Palermo y fue bautizado en homenaje a un pintor de los Países Bajos del siglo XVI. El Centro Cultural Hieronymus Bosch es parte del circuito alternativo de teatro capitalino desde 2011 y cuenta con la exclusiva participación de Moreno -actor y director teatral-, quien arma la sala, corta boletos y brinda clases teatrales. Todo en un lugar donde la libertad es buscada tanto por lo que sucede en su interior como por la personalidad europea que evoca.

El espejo muestra un rostro bello que no para de mirarse, tan centrada en su reflejo está la mujer que es incapaz de ver al pequeño demonio que sostiene el objeto con superficie pulida. Esa imagen fue pintada por Hieronymus Bosch, el Bosco, pintor imaginativo y vanguardista en la crítica religiosa, para representar el pecado católico de la lujuria.

La tabla de los siete pecados capitales

 

La Mesa de los pecados capitales es una tabla pintada por el controversial artista donde siete imágenes forman un gran ojo, obra que fue puntapié para, 500 años después, dar lugar a una serie de producciones teatrales en Argentina. Moreno, muy vinculado al universo teatral argentino, compró los derechos de una de ellas, las cuales fueron escritas por el dramaturgo y actor Rafael Spregelburd -quien protagonizó El Hombre de al Lado-. El estreno en Montevideo hizo que Moreno quedara marcado por el pintor de los Países Bajos, de tal manera que tomó su nombre y concepto circular sobre los siete vicios como icono del lugar.

Las costumbres sociales suelen influir en las personas determinando el actuar de tal o cual manera, tanto en la época pre renacentista de El Bosco como en la del Centro Cultural en la actualidad. Moreno tiene un especial agrado por la Nueva Dramaturgia -donde Spregelburd destaca-, un género teatral surgido en la región por la década de los 90’ y que tiene en el costumbrismo unos de sus objetivos: “Ellos reescriben la idea de la obra clásica: ¿Qué pasa si “Romeo y Julieta” en vez de transcurrir en Verona la ambientamos en La Boca, Buenos Aires?”. Ese juego de rotación de situaciones fue creando un lenguaje propio que parece interesar a Moreno por el tono corriente que presenta: “El estilo terminó mutando en historias más cotidianas, más sensibles y que le pueden pasar a cualquiera. Al hacer este tipo de teatro logras conectar más con la gente que con un clásico del teatro”.

El sueño de la casa viva

Para cuando la Generación del 45’ nacía también lo hacía la casa que está ubicada a metros de la intersecciòn de Gonzalo Ramírez y Yaro. En 2011, Moreno la alquiló con la expectativa de poder vivir y dar clases de teatro. El anhelo del Centro Cultural se fue materializando poco a poco, como bien saben enseñar estas tierras.

En un principio Moreno rentaba la parte de atrás como vivienda y otro salón para ser docente. “A medida que se fueron acercando actividades empezamos a alquilar las demás habitaciones hasta que llegamos a alquilar el garaje”. En la planta baja de la casa funcionaba la cochera donde hoy se destaca la sala teatral del Bosch, pero hubo que llamar albañiles y demás obreros para dejar el total del Centro en condiciones: “Llevó unos meses de reforma ya que, al ser antigua la casa, había que cambiar la instalación eléctrica, la ventilación y los desagües viejos”.

Ahora el Bosch es un multi espacio donde confluye la formación en coro, los ensayos, la docencia de danza árabe, las obras de teatro y las clases de guitarra, entre otras actividades; todo a partir de la habilitación de la Intendencia de Montevideo para fines de 2011. El lugar plantea una alteración a las convenciones sobre los espacios establecidos, ya que el salón dedicado a la sala de espectáculos tiene la capacidad de metamorfosis. Tanto las butacas como el escenario pueden rotar de posición si así lo requiere el director de la obra: “Cada vez que hay función, hay que armar las tribunas por medio de palets. Cada director puede pedir que el frente sea diferente, como la obra que está por empezar [que] es semicircular, pero puede ser frontal, en círculo, con un solo frente o a la italiana”.

Tal particularidad puede ser atractiva para aquellos ligados al teatro que busquen un toque innovador desde la dirección y Moreno fue por ese lado: “En Tercer Cuerpo, una obra que dirigí el año pasado, la acción transcurría en el hall de la sala y el público ocupaba el espacio destinado al escenario”. La rotación permite dar clases de flamenco durante el día y por la noche otorgar el espacio necesario para que las obras tomen vida. Todo en un contexto de teatro alternativo donde no se rigen por lo comercial.

Apreta Off

El Bosch está enmarcado en la categoría teatral de “circuito off”, denominaciòn usada habitualmente en Argentina -donde, según Moreno, “mucha gente puede vivir del teatro más allá de lo comercial”- que refiere a una escena alternativa a la de calle Corrientes -donde los actores de televisión y vedettes trabajan- y se ubica preferentemente en la zona del Abasto o Palermo Viejo. Ese conglomerado de lugares funciona en sintonía al Bosch, casas viejas acondicionadas para ser Centro Culturales: “Las casas que funcionan en Argentina son propiedad de quien la maneja; acá en nuestro caso no es así, alquilamos”.

En ese marco la sala del Bosch recibe el apoyo de los espectadores. En particular sobre la obra Gente Normal, Moreno señaló que “la obra estuvo el año pasado y se reestrenó este año con 10 funciones más. Al ser una obra que trata sobre la terapia en grupo basada en diferentes técnicas de autores de Psicología, despertó el interés de los estudiantes de esa cátedra”, comentó.

Además de la presencia de textos de jóvenes dramaturgos, en el Bosch también hay lugar para grandes referentes de las tablas nacionales como María Dodera o Alberto Restuccia, quienes en 2013 trabajaron juntos en El Gimnasio, escrita por Gabriel Peveroni.

El Bosch trata de brindar cinco o seis espectáculos por año, y Moreno aspira a la pluralidad. “Intentamos abarcar varios estilos, como comedia, drama, un teatro más psicológico y laboratorio”, explicó. En ese marco, el Centro Cultural inició este año un nuevo desafío: el teatro infantil. “Nunca había pasado en el Bosch y ya tenemos dos obras para este año”, adelantó Moreno. Tanto en la temporada de julio como sobre el fin de año los pequeños tendrán en el Centro Cultural oportunidades de disfrutar del arte de las tablas.

Llegan las 21 horas y Moreno abre la puerta doble de la sala hacia Gonzalo Ramirez. Sobre la vereda y con frío un un grupo de personas espera en torno a la entrada al Centro Cultural Bosch. Ponen la vista sobre el alma mater del lugar cuando esté sale a la calle, quien con una sonrisa y un breve comentario invita a pasar. Luego que los espectadores se ubican,las puertas de madera con metal se cierran nuevamente; afuera queda sólo el gran foco de luz encendido encima de la puerta.

Sebastian Penni