Con Marcelo Barzelli, director de la Unidad de Comunicación del Ministerio del Interior, sobre la violencia en el deporte

“EL PERIODISTA ES PARTE DEL PROBLEMA”

El clásico suspendido entre Nacional y Peñarol después de los incidentes en la Amsterdam.

El polémico y siempre controvertido caso de la violencia en los estadios deportivos ha generado posturas encontradas, y a cada nuevo disturbio suscitado en una cancha salen al debate público las autoridades responsables (la Asociación Uruguaya de Fútbol, los clubes y el Ministerio de Interior) intentando defenderse de las acusaciones, y en muchos casos, deslindando responsabilidades. Sala de Redacción entrevistó al director de la Unidad de Comunicación (Unicom) del Ministerio del Interior (MI), Marcelo Barzelli, quien habló sobre la seguridad de los clubes, el derecho de admisión, las cámaras de reconocimiento facial, las barrabravas, la responsabilidad del periodismo y la complicidad del hincha común.

El último hecho de violencia se registró el 14 de junio en el cierre del campeonato uruguayo, cuando Peñarol y Nacional disputaban la final del torneo uruguayo 2014-2015. Semanas atrás, el diario El Observador publicó que dentro de la seguridad de Peñarol había un alto número de barrabravas, y que muchos de estos eran delincuentes. Peñarol respondió el 14 de mayo mediante un comunicado donde se defendía de las acusaciones del MI y argumentaba que fue a sugerencia de este organismo que se contrató barrabravas como seguridad.

Según la institución, el ministerio le recomendó “que se contara con la colaboración de ‘referentes’ de la parcialidad de cada equipo”. Barzelli señala que dichas declaraciones fueron desmentidas por el subsecretario del MI, Jorge Vázquez, aunque admite que él no ve necesariamente negativo ese vínculo y reconoce que éste puede ser un paso importante en pos de hallar soluciones a la violencia.

Para Barzelli el ejemplo más claro de “lo que el Ministerio quiere” lo está dando Nacional: “Creó un equipo de seguridad con el estatus de empresa, y fue registrada en Renaemse (Registro Nacional de Empresas de Seguridad del Uruguay). Es muy distinto a lo que manifestó [el presidente de Peñarol, Juan Pedro] Damiani sobre contratar barras para la seguridad”.

Barzelli comenta que no hay que perder de vista que la AUF “es una institución privada, que organiza espectáculos privados a los que asiste público”, y que como cualquier empresa que practica este tipo de actividades, ya sea un cine, o un baile, “debe cargar con ciertas responsabilidades”. Además agrega que “desde hace años la AUF no quiere enfrentar el problema”. Pero tampoco deja de reconocer las obligaciones con las que carga el Estado, más concretamente su ministerio, en el desarrollo de estos espectáculos, y enseguida aclara que “la responsabilidad principal es nuestra”.

Reticentes

El pasado 4 de mayo, y a pedido del MI, Peñarol entregó una nómina en la que se detallan los integrantes de su equipo de seguridad. Si bien el principal de la cartera, Eduardo Bonomi, dijo en dicha oportunidad que lo único que se buscaba era conocer “la seguridad” de cada institución, y el director de la Unicom aclaró que legalmente el ministerio no puede elaborar “listas negras” en las que se identifiquen a los barrabravas, él cree que un buen primer paso sería que se comenzara a aplicar el tan dilatado derecho de admisión que se viene prometiendo tanto desde las instituciones deportivas como desde el MI.

Sobre las cámaras de reconocimiento facial para evitar el ingreso de determinadas personas a los estadios, Barzelli cree que será “un paso importante” y que “cambiará toda la forma de entrada al espectáculo”, pero también intuye que este método de ingreso va a traer aparejado otros conflictos de intereses. “Este sistema cambiará el público que asiste a la cancha. Hay una cantidad de gente que dejará de ir, por ejemplo muchos de los violentos”, y explica que quizá esto no le guste a mucho de los dirigentes del fútbol de nuestro país. Para justificar estos dichos, pone como ejemplo el caso de Chile, y relata que en dicho país luego de instalarse las cámaras de reconocimiento facial, muchos dirigentes protestaron ya que el espectáculo había cambiado: “Hay dirigentes (de Chile) que no le gusta esto ya que dicen que ‘parece circo’, o que parece ‘una matiné’”. El jerarca entiende que esto “es una pista para entender por qué acá demora tanto en implementarse la utilización de cámaras de reconocimiento facial, y por qué los clubes se manifiestan poco entusiasmados con la medida”.

El riesgo que tiene trabajar con las barras, según opina Barzelli, “es institucionalizarlas”. Afirma que el trabajar en conjunto debe significar establecer acuerdos para mejorar la convivencia pero indica que estos acuerdos deben tener “claramente definido que las instituciones no están dispuestas a apañar ningún acto delictivo, y que tampoco van a permitir actitudes violentas”. Si el acuerdo “permite manejo de dinero, o negocios por fuera de lo legal, no creo que sea bueno”, expresó.

No nos estamos entendiendo

El director de Unicom sostiene que “Uruguay se debe una discusión sobre la violencia en el deporte. Lo que ha habido hasta ahora es un encare desde el periodismo, por demás superficial”. Según Barzelli “el periodista no tiene la capacidad ni las herramientas para profundizar en los fenómenos que ve” y por ello concluye que la prensa “es parte del problema”.

El jerarca del MI considera que es incorrecto tratar a un “barra” como un “inadaptado” o como un “salvaje”, en la forma que lo hace el periodismo. Apuntó que, por el contrario, “estamos frente a gente que tiene organizaciones complejas, que maneja dinero, que maneja poder. Estas cosas no las hacen ‘subnormales’, sino gente racional, gente que piensa”.

Barzelli señala que las políticas que el ministerio implementa muchas veces no funcionan porque son pensadas por personas con valores y creencias distintas a la de los “barras”. Cuenta, como ejemplo, la vez que el ministerio decidió poner una “concertina” (alambres de púas en espiral) buscando separar dos secciones del estadio. En esa ocasión algunos barrabravas se tiraban encima de ella para aplanarla, lastimando todo su cuerpo en el intento, y luego mostrando sus heridas a la “barra”, quienes los aclamaban.

Desde el ministerio se pensó que la concertina funcionaría “como lo haría con cualquiera de nosotros; que no nos lastimaríamos para pasar de una tribuna a la otra”, relató Barzelli. Pero aclara que el barra no hace esto por ser un “anormal”, sino porque existen una cantidad de códigos de lo que implica ser un barrabrava, “que nosotros no terminamos de entender”, admite. Según el jerarca no existe un estudio pormenorizado que analice la “cultura del aguante” y apunta hacia la academia: “Está absolutamente ausente en este tema”.

Según Barzelli, el problema principal radica en que “nadie hace lo que se espera que se haga: La justicia no actúa de oficio; no hay un fiscal que pida las grabaciones para identificar aquellas personas que crean disturbios; la policía reprime y no evita que las cosas sucedan; y el hincha, que va a la cancha pero que no forma parte de la barra, quiere también que la barra de su equipo sea la más potente y festeja sus cánticos por más que estos sean homofóbicos, machistas, violentos, etcétera”. “No hay una condena social, existe complicidad”, concluye.

Facundo Carrasco