La fiesta del carnaval también se vive tras las rejas

AL COMPÁS DEL TAMBORIL

Foto: Presidencia.

El sistema carcelario ha cambiado. Ya no es más la Dirección Nacional de Cárceles la que se encarga de ello, actualmente es el Instituto Nacional de Rehabilitación (INR) quien tiene injerencia. La política de trabajo es muy diferente, ahora son civiles los que trabajan dentro de los centros de reclusión; el policía sólo interviene si se genera algún conflicto. La mayoría de los centros penitenciarios del país cuentan con personal especialmente capacitado para realizar la tarea que se le asigne, sin discriminar por género.

El INR trabaja en numerosos proyectos que pretenden la rehabilitación. Uno de ellos es el denominado “Rehabilitándonos en el Carnaval”. En dialogo con SdR, el coordinador general John Antonio Teixeira, comentó que “mucha gente piensa que no se hace nada, pero durante todo el año hay proyectos“. Se trata de talleres donde los internos aprenden diferentes oficios como herrería, carpintería y pinturería, donde se brindan herramientas y experiencias que facilitan el ingreso al mercado laboral. Para Teixeira se estimulan hábitos fundamentales: el de “trabajo, porque cumplen un horario, estudio porque aprenden un oficio y recreación porque en una actividad como la murga el canto es recreación”.

Carro alegórico elaborado por reclusos. Foto: MEC.

Este programa se lleva a cabo desde el año 2005 con el apoyo del Ministerio de Educación y Cultura, las intendencias departamentales, el Ministerio de Desarrollo Social, instituciones privadas como EMAUS Nuevo Paris, instituciones civiles como Canelones de Muestra, entre otras. Comenzó en el pabellón femenino de Canelones -que hoy en día no existe- con la creación de una murga y una comparsa. Luego se sumaron las cárceles de hombres de Canelones, Cabildo y las departamentales de San José, Florida y Lavalleja, entre otras.

El carnaval se comienza a vivir desde noviembre, un mes especial ya que todos los cursos cierran debido a que los docentes comienzan sus licencias. En meses claramente conflictivos como diciembre, enero y febrero -época de fiestas-  se busca mantener a quienes están privados de libertad con una distracción. Dentro de las actividades se encuentra la creación de carros alegóricos, talleres de producción de tamboriles y confección de vestuario. “Lo que se busca no es el hecho de terminar el producto, sino de cómo se llega al producto“, explicó Teixeira, y agregó que “usamos el carnaval como una herramienta. Llegamos al producto terminado enseñando un oficio, estimulando el autoestima de los reclusos e involucrándolos en cosas positivas y alejándolos del ocio o la violencia“.

Para la realización de los productos, según su coordinador general, “se utilizan herramientas de trabajo normales como en cualquier sitio: tijeras, trinchetas, materiales inflamables capaces de causar daño y nunca ocurre nada. Nunca falta nada“. En cuanto a cómo se integran los equipos de trabajo, explicó que “llegan por el propio ‘boca a boca’”. Sobre al relacionamiento con los docentes comentó que “los propios reclusos nos cuidan, somos bien recibidos”, aunque admitió que  ”por supuesto que pasan cosas, pero nunca van a suceder contigo, nos respetan mucho. Nunca van a fumar o drogarse delante nuestro, eso es un mito”.

Además de los docentes también participan los llamados “referentes carcelarios”, que son líderes dentro del grupo de  internos, encargados de dirigir las tareas fuera de horario de clase: “Los profesores cumplen con su horario y se retiran. Estas personas conviven las 24 horas“. Muchos de los que ingresan a las instituciones son personas jóvenes que tienen penas cortas, pero se adhieren muy rápidamente a los proyectos; quienes participan reducen un día de condena, por cada dos días de trabajo.

Santiago Benítez