Se inauguró la muestra fotográfica sobre el Plan Cóndor del fotógrafo João Pina en el CdF

RETRATOS DEL CÓNDOR

 

Inauguración de la muestra Sombra del Cóndor. Foto: Carlos Contrera/ CdF

Sentada en el Malecón de la Habana, María Santucho posa para el lente del fotógrafo João Pina. Argentina, hija del militante Oscar Santucho -desaparecido por la dictadura militar- en 1976 se exilió en Cuba. Su historia compone junto con muchas otras “el gran puzzle de lo que fue el Plan Cóndor”, explica el fotógrafo portugués durante la inauguración de la muestra Sombra del Cóndor en el Centro de Fotografía de Montevideo.

Un grupo de personas contempla la foto en silencio, Pina cuenta:

-El apellido Santucho es muy importante en Argentina. Once integrantes de la familia fueron asesinados y desaparecidos por la dictadura militar.

-En Orletti compartimos prisión con varios de ellos -se escucha la voz de Sara Méndez, una de las pocas sobrevivientes que pasaron por el centro clandestino Automotores Orletti. Fue secuestrada y separada de su hijo Simón que no tenía ni un mes de nacido. El reencuentro con su hijo llegó 26 años después de ese día.

La historia de María, la de Sara y la de muchos de los retratos de la muestra, se entrecruzan: fueron sobrevivientes del Plan Cóndor.

Las piezas del puzzle

La exposición fotográfica Sombra del Cóndor es el producto de nueve años de investigación del fotoperiodista Pina. El Plan Cóndor, nacido a fines de 1975 -en el que participaron Chile, Argentina, Paraguay, Bolivia, Brasil y Uruguay- buscó la coordinación de los ejércitos y servicios de inteligencia de estos países para la detención, tortura, asesinato y desaparición de miles de personas.

La historia de Pina no sólo se vincula con la de sus fotos por ser el autor. La dictadura en Portugal atraviesa su historia personal. Su abuelo pasó diecinueve años preso, su abuela siete. Su madre nació en la clandestinidad, él en democracia. “Tengo claro que mi inquietud por buscar estos temas existe porque no lo viví. Tengo una distancia emocional que me permite ir a remover la tierra y a tocar donde a los demás les duele. Me emociona y me toca, pero lo puedo hacer de forma sistemática y buscar respuesta a mis inquietudes sin desesperarme en el proceso”, sostiene Pina.

Media hora antes de las seis, el fotógrafo recorre con sus invitados la muestra. Dieciséis fotos en tamaño real funcionan como un túnel que dan comienzo a la exposición. En ella se ven hombres y mujeres parados, mirando a la cámara, sosteniendo carteles con números. Son dieciséis brasileños exiliados en Chile, que luego del golpe de 1973, recurren a la embajada argentina en busca de asilo político.

El túnel desemboca en una serie de retratos amontonados. Las miradas de las personas fotografiadas expresan horror. Las fotos fueron tomadas por militares paraguayos a presos políticos y sistematizadas en álbumes titulados “Terroristas”. Parte del trabajo de Pina fue “rescatar archivos” para poder así “contextualizar y entender lo que pasó en esa época”, afirma.

La mayoría de los retratos que sacó Pina se encuentran en el piso de arriba. El autor se detiene en cada uno de ellos y relata su historia: “Verónica de Negri, una referente en Chile. No sólo fue detenida y torturadísima sino que tuvo que irse al exilio con sus dos hijos. Al final de los años 80, comienza a haber muchas manifestaciones contra Pinochet. Su hijo mayor, Rodrigo Rojas de Negri, decide regresar a Chile para fotografiar el proceso. Mientras cubre todos esos eventos, lo agarran los militares, lo riegan de gasolina y lo prenden fuego”.

En una de las paredes de la sala se encuentra la serie “Juicios”. Pina señala la foto en la que aparecen varios hombres de traje, tapándose la cara con la mano. La foto fue tomada en la ciudad de Bahía Blanca, en el juicio de diecisiete militares argentinos acusados por los crímenes cometidos en dictadura. Pina fue el único fotógrafo que pudo ingresar al juicio. “Tengo otras mirándome y puteándome pero el hecho de que se tapen la cara muestra un poco la vergüenza por lo que hicieron”, relata.

La otra foto que destaca es la del coronel del ejército brasileño, Sebastião Rodriguez de Moura, responsable de la tortura, desaparición y asesinato de miles de personas. Dio también formación a militares argentinos, interrogó a presos en Paraguay y llevó armamentos a Chile. Es el único militar que, en los nueve años de investigación de Pina, accedió a ser fotografiado. “¿Por qué decidió hablar conmigo? Porque existe una ley de amnistía en Brasil que hace que pueda decir lo que quiera”, explica el fotógrafo.

“Esta es la doble faz de los lugares: existen algunos donde se está juzgando y nadie habla; y otros donde hay impunidad y la gente se siente con derecho a hablar”, agrega.

No sólo los retratos y los archivos cuentan historias, los lugares también. Una puerta de madera, baldosas negras y blancas componen la foto. Era lo único que podían distinguir los presos que entraban con vendas en los ojos al centro clandestino Londres 38 en Santiago de Chile.

Pina cuenta que uno de los gobiernos que más resistencia presentó para acceder a lugares vinculados con la dictadura fue el uruguayo: “Las personas hablaron abiertamente conmigo y compartieron los dolores que siguen teniendo pero a nivel oficial es un país muy cerrado”, afirma.

Para no olvidar

A las seis de la tarde se sientan en la misma mesa Pina, Anahit Aharonian y Jorge Tiscornia para reflexionar sobre la memoria, el olvido y el presente. “Vengo de Europa, un continente viejo y pesado, en el que la memoria histórica no siempre tiene la importancia que debería tener. Setenta años después de la segunda guerra mundial estamos construyendo muros, manteniendo inmigrantes afuera y persiguiéndolos”, sostiene Pina.

En el mismo sentido, Aharonian, ex presa política en dictadura y descendiente de armenios, problematiza: “Yo soy hija de sobrevivientes de un genocidio que ocurrió hace 100 años y aún está impune. Ha sido invisibilizado sistemáticamente en todos estos años. ¿Es distinto ese genocidio al que hoy está perpetuando el estado turco sobre los hermanos kurdos? ¿Es distinto que la represión política de acá? Todo esto se naturaliza y están los que cuidan el olvido en nuestro país para que no se recuerde”.

La historia uruguaya hace poco tiempo que admite la existencia del Plan Cóndor, explica Tiscornia, ex preso político de la dictadura militar uruguaya: “Cuando me tocó digitalizar los archivos represivos del Ministerio de Defensa nunca se había visto la palabra cóndor, no existía. Por 2009, en un archivo apareció la palabra. Había aparecido la punta de un iceberg de algo que era muy importante”.

Los archivos, los lugares, las historias que Pina consigue plasmar en fotos, ayudan a reconstruir la operación que posiblemente más uruguayos desaparecidos dejó, explica Tiscornia, y concluye: “Me parece que lo importante a destacar acá es: un nieto, un fotógrafo, alguien haciendo memoria desde otro continente. Nosotros mismos como parte de la sociedad pongámonos a pensar cuánto tenemos para hacer, para investigar, para mostrar”.

Mariana Cianelli