Se presentó la investigación "El cine va al teatro"

VIAJE EN EL TIEMPO

Un paseo por los espacios escénicos del Montevideo de comienzos de siglo XX. Espacios escénicos que cumplían su rol como tal, pero que también se comportaban como otros: como cines, como circos. Esos espacios escénicos donde sucedían, por ejemplo, las varietés.

El cine va al teatro: Leopoldo Fregoli y André Deed en los escenarios montevideanos” es un artículo publicado por Georgina Torello en la revista Mediálogos de la Universidad Católica. La especificidad del artículo publicado en 2012 es parte de un proyecto de investigación mayor sobre el cine silente en el Uruguay de entre 1900 y 1936. Parte a su vez de un proyecto aún mayor del Grupo de Estudios Audiovisuales (GESTA) sobre el cine uruguayo.

El artículo fue fuente de tertulia en el seminario “El cine va al teatro: transformistas y actores cómicos en los escenarios montevideanos de comienzos del siglo XX”, realizado en el Programa de Desarrollo Académico de la Información y la Comunicación (Prodic) el pasado martes 8 de setiembre. La actividad se enmarcó en el Ciclo de seminarios de investigación 2015: “Prensa, literatura y política en las primeras décadas del siglo XX”, organizado por el Grupo Medios, Cultura y Política del centro. La exposición estuvo a cargo de la investigadora y autora del artículo y fue comentada por Alicia Migdal, directora interina de la EMAD.

Torello habló de Frégoli y también de Deed, habló del arte y la tecnología que en su momento utilizaron y habló de sus pasajes por dos de los más importantes e históricos escenarios montevideanos. Pero durante el relato sobre el transformista y el actor cómico, Torello dejó que asomaran los escenarios y la cultura de la ciudad.

Más allá de Bernhardt, de Carusso, o de Pavlova, que sin duda son merecedores de todas las menciones sobre sus visitas a los escenarios capitalinos, la historia de teatros como el Solís o el Urquiza (hoy SODRE) está marcada también por aquellos espacios para los conocidos espectáculos de varieté, donde justamente la variedad gobernaba: Torello, al hablar sobre los programas de aquellas ocasiones en que se proyectaban y se presentaban Fregoli o Deed, contó: “no era una función de teatro o una película, sino un complejo que duraba, por ejemplo, tres horas, e intercalaba varias obras de teatro y funciones de cine… Al lado de la mujer barbuda estaban las películas. Sucedió sobre todo entre el 1886 y el 1906”.

Tanto el pequeño público como Alicia Migdal, todos sintieron al estudio como un viaje en el tiempo. Respecto al artículo, Migdal comentó que “para el que trabaja con materiales teóricos, este estudio ofrece precisión y rigor. Para el que lo lea solo por el placer de la novedad que contiene, a la precisión y el rigor se le suma el ordenado descubrimiento de un mundo cultural del novecientos uruguayo que no está en las historias oficiales y que nos permite hacernos muchas preguntas: ¿iban al cine Delmira, Julio Herrera, María Eugenia, Florencio?”, se preguntó, y continuó: “¿Iban las señoritas y los señoritos montevideanos al cine en la primera década de existencia de este juguete tecnológico?”.

Respecto al comportamiento de la sociedad de aquel momento Torello contó que en aquellas funciones “se intercalaban fotografías que normalmente eran señoras de la alta sociedad que marcaban presencia. Las críticas no citaban a las películas y sí a la lista de las señoras que aparecían”.

A Torello le interesó el trabajo sobre Deed y Fregoli porque muestra que fue a través del teatro que el cine tuvo sus primeros acercamientos al público. La investigadora contó que las primeras carteleras de cine estaban integradas con las de teatro y que aparecieron en Uruguay en 1896.

Fregoli, contó la investigadora, llegó al Urquiza con su show de transformista en vivo: en “Frégoli tras bambalinas” el actor primero proyectaba sus films y luego se transformaba en vivo y así mostraba el trabajo de cambiar de vestuario y de peluquín, con la ayuda de sus asistentes. Mientras, Deed mostró al público cómo se realizaba una película, intentando explicar lo mecánico de todos sus movimientos, con sus presentaciones en el Solís.

Fracaso, desengaño, desilusión (o variantes dentro del mismo campo semántico), son los términos que más recurren en las reseñas de sus espectáculos en Buenos Aires y Montevideo”, escribió Torello en su artículo para describir cómo fue la recepción del público rioplatense a lo realizado por Deed. También contó que Fregoli causó el efecto opuesto a Deed, en un público montevideano que hasta escribió un soneto para despedirlo.

En su trabajo de investigación Torello se enfrentó a todo lo que debe enfrentarse aquel que quiere estudiar sobre los comienzos del cine del país: “la mayor dificultad es el material –dijo la escritora-. Los materiales se perdieron, se calcula que en un ochenta por ciento para el cine silente (es decir, mudo) a nivel global”. Aun así, Torello construyó un relato que llevó a los presentes en el seminario por un viaje en el tiempo.

Rosalía Souza